Hornuez, fe y fiesta en el enebral

Miles de personas acudieron a la tradicional romería.

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Fiel a la tradición de cada último domingo del mes de mayo, la romería de Nuestra Señora de Hornuez congregó ayer a miles de personas en el enebral del mismo nombre, muy cercano a la zona arrasada en el verano de 2008 por un incendio, que quemó más de mil hectáreas, la mayoría de pinar.

Desde primera hora del día, devotos de la comarca se encaminaron a Hornuez, donde acabaron coincidiendo con fieles de otras provincias colindantes, principalmente Burgos y Soria. El enebral que recibió a la multitud presentaba un aspecto diferente al de otros años. Pocos puestos de feria y, en una pradera un poco alejada, una veintena de artesanos, participantes en la ‘I Feria Artesana de Hornuez’, con la que la Mancomunidad de Nuestra Señora de Hornuez pretende revitalizar la fiesta.

La antaño masiva presencia de casetas de feria, sobre todo durante la década de los 90, se cortó de raíz en 2002, por el peligro que corría la romería de perder su espíritu primigenio. Sin embargo, ese hecho derivó en un descenso paulatino de la afluencia de público, en especial del que no acudía por motivos religiosos sino a pasar un día de campo. En los últimos años, la romería está remontando el vuelo. “Queremos que venga más gente, está claro, pero también queremos que todo esté más organizada que antes”, decía ayer el alcalde de Moral de Hornuez, Clemente del Cura (PP).

El acto central, la eucaristía, estuvo presidida por Jesús López de Lama, obispo de Corocoro (Bolivia) natural de Cedillo de la Torre. Luego, la procesión. Una multitud bailó jotas, al estilo de la comarca, siempre mirando de cara a Nuestra Señora de Hornuez al tiempo que avanzaba, de espaldas. Muchos padres colocaron durante unos instantes a sus hijos en las andas de la Virgen. Como es costumbre, tres pendones se inclinaron para que la imagen pasara bajo ellos. Y, al final, se procedió a la subasta de los palos de las andas y de dulces ofrecidos por devotos. Y, ya de nuevo en el templo, Nuestra Señora de Hornuez fue subida a su altar, situado bajo un baldaquino en el que también está el enebro donde, según la leyenda, se apareció la Virgen.

No pocos de los romeros se quedaron a comer a la sombra de algún enebro, como hacían sus padres y sus abuelos, a la espera de pasar una divertida tarde, en la que la Mancomunidad de Nuestra Señora de Hornuez organizó varios actos, como un circuito de juegos tradicionales y la actuación musical de Salva y Parra, en un intento de prolongar la fiesta toda la jornada.