Rocío Pardos.

La industria resinera española inició una lenta modernización desde mediados del siglo XIX, concretamente a iniciativa de Calixto Rodríguez se logró llegar a un acuerdo entre los principales industriales para la venta de esencia de trementina (aguarrás) en 1888, medida que se amplió a la venta de colofonia, con el objetivo de recuperar el mercado interior y acceder a los principales mercados europeos.  Sin embargo, era necesaria una mayor coordinación, por lo que a iniciativa de experimentados empresarios resineros, Victoriano Llorente Martín y Raimundo Ruiz de la Torres (representantes de la sociedad colectiva Falcón, Ruiz y Llorente), junto con Francisco Javier Gutiérrez Cosío y Calixto Rodríguez García, se constituyó en Bilbao la sociedad Unión Resinera Española S.A. el día 20 de enero de 1898.

La nueva entidad integró a la sociedad La Resinera Segoviana con fábrica en Coca y adquirió las fábricas de Sánchez y Cía y Ramos y Mesón en Cuéllar en 1899, al mismo tiempo que construyó otra fábrica en Aguilafuente. Una Unión Resinera Española que promovió la puesta en explotación, vía arrendamiento, de importantes extensiones de montes públicos, y la formación de un importante patrimonio forestal propio. En el año 1901 la empresa contaba con 12 fábricas, 3 sierras mecánicas para aprovechamientos madereros y un patrimonio forestal en torno a 5 millones de pinos en resinación. Un desarrollo gracias a su expansión en el mercado internacional (en Alemania, Bélgica, Gran Bretaña y Francia), gracias a una producción de 18 millones de kilogramos de colofonia y cerca de 6 millones de kilogramos de esencia de trementina. Las exportaciones de aguarrás se realizaban por tren y la colofonia por barco, en orden a cumplir una estrategia de ampliación y diversificación con el objetivo de alcanzar una posición hegemónica en la explotación integral de los bosques, que integraba la producción de resinas, maderas, frutos y cortezas, gracias a las 53.234 hectáreas en 1910 (2.177 Ha en Segovia). En los años 1902 y 1903 adquirió la sociedad Resinera Arandina y absorbió Ibérica de Resinas, con lo que el número de fábricas ascendió a 20 en 1905. En 1904 se crea la filial La Unión Resinera Española y Compañía, aunque el intento de monopolizar el mercado español fue un fracaso.

La Unión Resinera Española S.A. se centró en la producción y la transformación de la resina, se impuso el destajo en los trabajos de resinación, el piñón se gestionaba mediante contratos con terceros, mientras que la producción de madera era accesoria. La Primera Guerra Mundial (1914-1918) generó enormes beneficios por la subida de los productos vendidos para esa empresa y que se invirtieron en la adquisición de nuevas fincas y en la modernización de las instalaciones, creando La Comercial Resinera para las ventas en el exterior, dado que contaba 25 fábricas en los años veinte del pasado siglo, controlando el 60% de la producción total española y 67.000 hectáreas. Las fábricas de Coca y Aguilafuente contaban con 3 alambiques de vapor cada una y la fábrica de Cuellar con dos alambiques, y explotaban 2.525 hectáreas en nuestra provincia.

La vuelta a la normalidad después de la gran guerra determinó una crisis industrial por la pérdida de los mercados exteriores, que se intentó compensar con la fabricación de productos derivados de la colofonia y de la esencia, por lo que se constituyó la entidad La Industrial Resinera Ruth, SA en 1921 con la intención de construir una fábrica de barnices, pinturas y copales. Fábrica que se construyó en Santander y que inició su producción en 1925, junto con la reducción del número de fábricas a 15, cerrándose la fábrica de Aguilafuente. Sin embargo, hacia 1927 se produjo un brusco descenso de los precios, que se agravó con la depresión económica de los años 30 del pasado siglo, al mismo que surgieron fuentes alternativas más baratas para la obtención de colofonia y esencia de trementina que presionaban igualmente a la baja dichos precios.

La deuda de Unión Resinera Española ascendía a 7,1 millones de pesetas, figurando como acreedores los Bancos de Bilbao, Santander y Español de Crédito, pero fue necesario concertar nuevos créditos con el Banco Bilbao, que pasó a tener dos miembros en el consejo de administración, al mismo tiempo que se cerró la fábrica en Santander a cargo La Industrial Resinera Ruth, SA por el aumento de las pérdidas. Con anterioridad, el 7 de julio de 1927 se celebró una reunión en la Cámara de Comercio de Segovia en la que los fabricantes concluyeron en la necesidad de crear una Asociación de productores, aunque la iniciativa de crear una Unión de Fabricantes de Resinas y una Central Resinera de Ventas terminó en un fracaso. Como fracasó la creación del Consorcio Resinero por el Real Decreto Ley de 13 de septiembre de 1928, de la Cooperativa Resinera Española que se disolvió en marzo de 1932, y de la Agrupación de Fabricantes de Resinas en 1933.

Tras la Segunda Guerra Mundial se desarrollaron técnicamente los derivados del petróleo (white spirit) y los tratamientos directos de la madera (wood naval stores) en países con grandes superficies forestales, con el resultado de la caída de precios generalizada de los productos derivados de la resina ante la introducción de productos sucedáneos más baratos.

Las presiones   del Banco Bilbao determinaron que La Unión Resinera Española, SA cediera su negocio de la resina a la entidad Resinas España, SA, creada el 22 de septiembre de 1934, una cesión que terminó el año 1939. Sin embargo, el negocio de la resina fue decreciendo en los años 60 del pasado siglo, ante la competencia de nuevos productos y las producciones de China y Brasil. Una Unión Resinera Española, SA que fue languideciendo, al mismo tiempo que se dedicaba a otros negocios, disolviéndose voluntariamente el año 2014, tras su liquidación.

Una desaparición que ha dado lugar a la nueva Unión Resinera Española, formada por 50 socios y dedicada la explotación de la resina de los pinos y a la producción de colofonias, así como a la constitución de la sociedad LURESA RESINAS, SL también en Coca, dedicada a la producción de resinas naturales y que han de competir con las resinas procedentes de los hidrocarburos y las resinas tall-oil, obtenidas por la industria papelera. Una empresa con dos unidades productivas: la elaboración de resinas naturales (la miera o resina del pino se transforma en colofonia y aguarrás) y la unidad de Derivados de la colofonia. Una producción de 18.000 toneladas de colofonia, aguarrás y derivados, gracias a unas 24.000 toneladas de resina. Una producción que permite disminuir la dependencia de derivados del petróleo, una resinación que posibilita la producción de madera, la limpieza de los montes y la conservación del medio ambiente, gracias a la labor de empresas como Sociedad Resinas Naturales, SL; Resinas García Segovia, SA; ACM Resinas Alfonso Criado, SL; Resinas Tierras de Pinares, SL, Resinas Navas de Oro, SL y Técnicas Avanzadas de Destimación de Resinas Naturales, SL.

Segovia cuenta con 5 fábricas destiladoras en Coca, Cuellar, Navas de Oro, Lastras del Cuellar y Zarzuela del Pinar (de las 7 a nivel nacional). Un sector resinero que constituye un sector estratégico para Segovia, que genera entre empleos directos e indirectos más de 700 puestos de trabajo, y que merece la protección de las Administraciones Públicas.