Hallan tras casi ocho meses el cadáver del montañero madrileño

El cuerpo sin vida de Carlos Martos, fue localizado en las proximidades del Puerto de la Quesera

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Casi ocho meses han pasado desde que desapareciera el montañero  madrileño Carlos Martos Sánchez, de 66 años de edad, en Riofrío de Riaza. Fue un 3 de noviembre cuando la familia de este aficionado al senderismo diera la voz de alarma.

Tras todo este tiempo, la Guardia Civil no ha cesado en su empeño de encontrar al desaparecido. Aunque en principio fueron numerosos los medios desplegados, incluidos voluntarios de Segovia y de Madrid, y miembros de la familia, con el paso del tiempo se fue reduciendo el dispositivo. Pero no se ha dado por cerrado el caso en ningún momento, incluso cuando las condiciones atmosféricas han sido más crudas.

La Subdelegación del Gobierno en Segovia confirmó el hallazgo y añadió que el lugar donde se encontraron los restos fue en una zona de difícil acceso en el entorno del Puerto de la Quesera.

La localización la realizaron miembros del Equipo de Rescate e Intervención en Montaña (Ereim), con sede en Riaza, precisamente.

Fuentes próximas a la investigación señalaron que los restos encontrados se encontraban en un avanzado estado de descomposición, aunque todo apunta a que pertenecen a Carlos Martos.

Los restos fueron hallados por los miembros del equipo de especialistas de la Guardia Civil sobre las 9:30 horas aproximadamente.

Debido a la dificultad para acceder a la zona fue preciso movilizar un helicóptero de la Guardia Civil con el que se trasladaron  los restos hasta la localidad de Riaza. Allí, el médico forense analizó el cadáver y el Juzgado de Sepúlveda se hizo cargo del caso, de modo que los restos se trasladaron hasta el Instituto Anatómico Forense San Juan de la Cruz, en Segovia, para realizar la correspondiente autopsia.

De este modo, todo está por confirmarse, pero los indicios apuntan a que se trata de Carlos Martos, cuyo vehículo fue encontrado en Riofrío de Riaza el día de la desaparición.
Las mismas fuentes apuntan a que podría haber sufrido algún tipo de accidente o desvanecimiento, que le impidió regresar a su punto de partida.

En el momento de su desaparición, el senderista vestía un abrigo granate, cortavientos de ‘running’ amarillo, camiseta térmica azul, gorro de lana azul y zapatillas de ‘running’ marca Kalenji.

Estas fueron algunas de las características que la familia aportó con la intención de localizar lo antes posible al desaparecido.

Además de difundirse en los medios de comunicación, también se conoció la noticia a través de las alertas activadas en el Centro Nacional de Desaparecidos (CNDES) del Ministerio del Interior y en webs especializadas como Sosdesaparecidos, que estaban abiertas con el fin de recabar la colaboración ciudadana con pistas que ayudaran a dar con el paradero del excursionista madrileño.

Se cierra así un capítulo abierto hace casi ocho meses.