La hostelería segoviana sigue golpeada duramente por los efectos de la pandemia. / ROCÍO PARDOS

Segovia ha recibido como un bofetón la noticia de su retroceso al nivel 4 de alerta en este comienzo de año, sobre todo entre los hosteleros, colectivo que a estas alturas de la pandemia se encuentran inmerso en una extendida sensación de apatía después de un año muy difícil.

Lino García es el propietario del restaurante La Codorniz, en la calle Hermanos Barral, junto a la avenida del Acueducto, y a sus 68 años se enorgullece de decir que lleva 54 en el mundo de la hostelería. “Yo no he visto esto en mi vida, ni a mis padres les he oído hablar de algo así. Mis abuelos, a lo mejor, con la guerra sí, porque pasaron mucha hambre, pero yo nunca”, comenta en una entrevista con Efe.

Entre sus palabras se puede escuchar la angustia de quien habla de algo más que un negocio: “Estoy jodido psicológicamente porque veo que no salimos adelante”, confiesa. Sobre si teme que el aumento de casos pueda llevar a un nuevo cierre de los bares y restaurantes como sospechan sus compañeros de sector, García asegura que ya no siente ni el miedo: “Me da lo mismo. Es que me da lo mismo ya estar abierto que cerrado”, responde.

Confiesa estar perdiendo dinero “en grandes cantidades”, principalmente por el cierre perimetral que impide que llegue la gente de Madrid: “No hay compasión, cuando la verdad es que nadie se está infectando en los restaurantes, nadie”, expresa el empresario. La decisión de volver a colocar a Segovia bajo el nivel 4 de alerta fue anunciada este fin de semana por la Junta de Castilla y León después de observar que había aumentado hasta el nivel “muy alto” sus dos tasas de incidencia en mayores de 65 años -a 14 y a 7 días- y el nivel de ocupación de camas UCI por Covid, al 28,5 por ciento.

Después de una primera ola traumática, en la que Segovia llegó a ser la provincia con los peores datos de incidencia de astilla y León en relación a sus habitantes, la segunda fase de la pandemia dio algo de tregua a la región, que llegó a gozar de las mejores cifras. Ahora, el retroceso al nivel 4 ha encendido las alarmas en la provincia, sobre todo entre los hosteleros de la capital, que son los que más van a sufrir las nuevas restricciones, por la bajada de aforo del 50 al 33 por ciento en sus establecimientos.

El presidente de la agrupación Hostelería y Turismo de Segovia (Hotuse), Jesús Castellanos, ha señalado en una entrevista con Efe que cada restricción “se nota” en los negocios y ha apuntado que los que peor lo están pasando son los que no tienen terraza, porque desde marzo “no han tenido ni un mes bueno”.

Cada nueva medida que lanza el Gobierno para intentar contener la propagación del virus cae como una losa encima de los implicados en el sector: “Nos afecta en el ánimo, que ya de por sí lo teníamos bastante bajo”, asegura el también dueño del restaurante Haggen Acueducto 25.

Para él, lo peor es tener que decirle a sus clientes de toda la vida, ahora que el público es eminentemente segoviano, que no pueden entrar cuando se llena el aforo tan limitado.
Las navidades para la hostelería segoviana han sido “extremadamente malas”, con un nivel de facturación en torno al 25 por ciento de lo conseguido otros años porque el tiempo tampoco ha acompañado: “Ha sido la tormenta perfecta para que sea todo un auténtico desastre”, resume Castellanos.