La segoviana Ghizlane Laaouej estudia segundo curso de Derecho en el campus de IE University. / Roberto Arribas
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Hace doce años, la familia de Ghizlane Laaouej emigró de su patria para buscar un mejor porvenir en España. La niña contaba con tan solo ocho años de edad. No hablaba ni una sola palabra en español, y apenas conocía nada del que iba a ser su nuevo país. La provincia de Segovia tuvo que ser para ella un choque en todos los sentidos: comenzar una nueva vida en un hogar tan alejado de su Marruecos natal, con un nuevo colegio, donde los niños hablaban otro idioma y practicaban unas costumbres tan diferentes a las que hasta entonces conocía… Pero Ghizlane, pese a su corta edad, no se acobardó y pudo superar todos los obstáculos que surgieron a su paso con gran determinación e inteligencia.

Recuerda ahora a Begoña, su profesora en el colegio Marqués de Lozoya, de Torrecaballeros (Segovia), que se quedaba con ella cuando finalizaban las clases para que aprendiera con rapidez el español y para que se adaptara lo más cómodamente posible a su nueva vida. Pasados los años, la joven marroquí se siente ahora, con 20 años, una segoviana más, y se prepara para ser abogada en IE University, gracias a una beca de la Diputación de Segovia, concedida por sus excelentes calificaciones año tras año.

Ghizlane está agradecida con lo que ha dictado su destino. Además de ser una universitaria sobresaliente, es solidaria, altruista, posee grandes sueños, pero también es práctica, realista, una persona que tiene los pies en la tierra. Y ante todo sabe lo importante que es recibir una buena educación desde que eres pequeño. Por esta razón, la joven marroquí no dudó en involucrarse en las denominadas “Comunidades de Aprendizaje”, proyectos que se desarrollan en centros educativos en los que los docentes trabajan conjuntamente con el alumnado y sus familias para conseguir mejores resultados académicos y una mejor convivencia entre ellos. Así, Ghizlane acude una vez por semana al colegio Martín Chico de Segovia para apoyar la enseñanza del inglés o de las matemáticas, para jugar sencillamente con los más pequeños, para que sepan identificar los animales de la selva o los instrumentos musicales.

¿Tu vocación es ser maestra?, le pregunto. Ghizlane lo niega con sonrisa tímida. Tras charlar con ella, descubro que trabajar con niños es algo que le encanta y le motiva mucho. Me cuenta que en un momento dado se matriculó en Magisterio, aunque posteriormente lo descartó. “Mi tutora y profesora de Historia de España en el instituto Ezequiel González me dijo que tenía que aprovechar al máximo mis capacidades y que, dado mi potencial, valorara la posibilidad de entrar en Derecho en IE University, y así lo hice”, se sincera.

Ghizlane reconoce que le daba algo de miedo empezar una carrera en una universidad donde el inglés es la lengua en la que se imparten las clases, y donde conviven estudiantes de más de un centenar de países. “Aquella inseguridad se fue rápidamente – afirma–, estudiar en IE University es genial; el grado en Derecho es perfecto para mí, ya que aborda la disciplina desde una perspectiva internacional”.

Compartir clase con compañeros de tantos países ha supuesto para Ghizlane ver el mundo de una manera global, lejos de prejuicios y de fanatismos. “Me gustan mucho los debates que hacemos en clase; no siempre estamos todos de acuerdo debido a que procedemos de culturas distintas, pero siempre lo hacemos desde el respeto mutuo y desde una sana tolerancia a todas las ideas”, indica.

Ghizlane está muy centrada en sus estudios y pone el acento en “la gran experiencia que tienen todos nuestros profesores”. “Aprendo de ellos, y también de mis compañeros, y eso me está enriqueciendo mucho”, afirma. Todavía es pronto para saber por dónde enfocará Ghizlane su futuro profesional, si bien asegura que le encantaría combinar su pasión por el mundo de las leyes con los temas educativos. “Ser profesora de Derecho sería una buena opción”, dice. De momento, participa en el denominado Legal Clinic Lab, que acerca a los alumnos de IE University al ejercicio profesional de la abogacía.

Ella es una segoviana de pro, y orgullosamente ejerce de ello. Se ha unido a un grupo de estudiantes de IE University que trabaja en un proyecto que ofrecerá charlas sobre diversidad-integración en centros de secundaria y de bachillerato de Segovia. “Queremos que haya una mayor interacción entre los segovianos y los estudiantes de IE”, explica para subrayar que “es importante que niños y jóvenes aprendan valores tan importantes como es el respeto al diferente; los alumnos de IE somos un buen ejemplo de diversidad y de convivencia”. Por otra parte, también echa en falta que algunos alumnos extranjeros se integren un poco más en el día a día de la ciudad, que conozcan sin prejuicios lo que es la realidad Segovia y, sobre todo, que sepan lo que podemos aportarles los segovianos.

Trabajar como voluntaria es otra de sus grandes pasiones. Entre sus proyectos más inmediatos, la estudiante marroquí va a empezar a colaborar en un proyecto con el Colectivo Azálvaro, que agrupa a aficionados segovianos a la avifauna ibérica. Y cuando llegue septiembre, un año más, será voluntaria en el Hay Festival, el encuentro internacional de las ideas del que IE es socio académico desde hace más de diez años.

Todavía le queda mucho camino profesional por recorrer, ella lo sabe. Aún quedan unos años duros de estudio en la universidad, pero lo hace con paso firme. Desde pequeña sabe que es difícil adaptarse a un entorno distinto, que todo es un poquito más complicado si eres mujer y procedes de una cultura distinta. Pero Ghizlane siempre ha sido una luchadora y sabe que con humildad, esfuerzo e inteligencia no hay reto que no pueda superar.