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La entrada al Monasterio del Parral ofrece sin duda una de las imágenes más hermosas de Segovia. El pequeño patio porticado que ejerce de portería muestra el Alcázar en todo su esplendor, enmarcado por la belleza de sus arcadas y con el rumor del agua que corre por el pequeño estanque que añade vida a este espacio. Es en este magnífico entorno donde el prior de la orden jerónima en Segovia, fray Andrés García Torralbo se sienta para repasar la actualidad de la única comunidad que queda en España, en la que tan sólo media docena de monjes sostienen el legado de San Jerónimo con la oración y el amor a la palabra como ejes fundamentales de su tarea diaria. La pandemia ha trastocado los planes de conmemoración del 16 centenario del Tránsito de San Jerónimo, pero la orden confía en poder recuperar algunas de las actividades a principios del próximo año, a la espera de la llegada de la “nueva normalidad”.

A apenas unos días de concluir la celebración del centenario del tránsito de San Jerónimo ¿Cómo ha vivido la comunidad jerónima esta celebración, siendo la única que queda en España?

— La celebración del 16 centenario está discutida por los historiadores, no se sabe si la muerte de San Jerónimo fue en el 419 o el 420 y los grandes autores se inclinan por el 419 Comenzamos el pasado año con una serie de actividades que íbamos a prolongar este año, pero todo se ha visto truncado por la pandemia. En septiembre teníamos programado una misa solemne y una charla pero hemos tenido que posponerlo para el tercer domingo después de Navidad; que el papa propuso que se declarara como ‘domingo de la palabra’ donde se diera énfasis a la proclamación de la palabra para que el pueblo cristiano fuera calando en la importancia de la palabra y de la Biblia y esperamos que podamos celebrarlo para ese tiempo.

El año se ha cuarteado mucho con el tema de la pandemia, incluso iban a venir grupos de jóvenes para mostrarles el monasterio, pero no está la cosa para ello y lo vamos a dejar así; y en el seno de la comunidad lo hemos vivido con más oración y pidiéndole al Santo quwe interceda por este problema tan preocupante.

— ¿Qué queda del mensaje de San Jerónimo en la Iglesia?

— San Jerónimo ha dejado magnificas obras que la orden ha editado y reeditado, y es un referente en cuanto al amor a la palabra. El tenía como frase más contundente la de “desconocer las escrituras es desconocer a Cristo”, y hay que tener en cuenta que la orden jerónima no la fundó San Jerónimo, por que el murió en el siglo IV y la orden se creó en el siglo XII, por lo que la orden no heredó el espíritu jerónimo . El santo era eremita y aislado pero muy estudioso y la orden no ha destacado por ese aspecto, sino por el aislamiento, la oración y la alabanza que es lo que caracteriza a la orden, que eran dones que por supuesto también tenía San Jerónimo pero a los que nosotros le damos más énfasis.

— Son ustedes la única comunidad jerónima que queda en España. ¿Cómo se vive esa situación?

— (sonríe)Muy bien. El 21 de septiembre cumplí 21 años aquí, porque antes era sacerdote diocesano en Córdoba y con 56 años vine aquí, y en las visitas que fui haciendo para conocer la orden y que me admitieran, una de las cosas que más me impactó de los monjes que entonces había y que todavía hay es la despreocupación por el número de monjes, o que si somos muy pocos… Estamos en manos de Dios y dios va a decidir, será lo que el quiera, no hay mayor problema.

Cuando tuvimos el planteamiento de tener que cerrar el monasterio de Yuste, no estuvimos preocupados, se hizo suave y lentamente. Y ahora estamos bien, estamos tranquilos y no vivimos esta situación con ninguna angustia, sabedores de que Dios nos precede.

En la comunidad somos seis monjes, hoy se marcha uno y tenemos un sacerdote que viene a hacer la prueba del mes y otros dos chicos de Granada y Córdoba… no faltan nunca vocaciones, lo que hace falta es que perseveren por parte de ellos o por parte de nosotros.

— Sigue habiendo vocaciones, entonces…

— Y es algo de lo que la gente se extraña muchas veces. Somos de las órdenes con más vocaciones en orden de llamada. Si le cuento las llamadas que recibimos desde Latinoamérica son tremendas cada día, y más ahora en esta situación, pero creo que en muchos de estos casos, quienes nos llaman tienen más vocación de europeos que de monjes. Esto nos obliga a discernir mucho para ver las vocaciones, y vamos a ver ahora los que están en este periodo de prueba, son gente joven y esperemos que vayan cuajando.

— En esta época de crisis, la gente busca salidas a través de las órdenes religiosas.

— Hay que ser muy concienzudo. El proceso de discernimiento comienza con un tiempo de autoconocimiento donde el aspirante nos explica su vida y sus motivaciones, y después es imprescindible tener un contacto personal de una semana o diez días aquí en el monasterio para que ellos nos vean y nosotros los veamos a ellos. Tras este tiempo, viene un mes de experiencia que viven nuestra vida tal y como nosotros la vivimos, y es en esta fase cuando él nos dice que si o nosotros le decimos que si o que no, y si estamos de acuerdo ambas partes, ponen fecha de ingreso y comienza el periodo de seis meses de postulantado, al que siguen dos años de noviciado, para la profesión simple de tres años y después los votos solemnes.

Es un proceso largo, y a partir del primer año de noviciado les recomendamos que inicien estudios de teología por si quieren ordenarse sacerdotes o no, porque siempre es bueno que tengan los estudios teológicos que apoyen su formación. Para ello lo hacemos en combinación con alguna facultad de teología que no nos exija tener clases presenciales para no tener que abandonar el monasterio.

— ¿Qué es y que significa ser monje jerónimo?

— Es una vocación muy especial en la cual el Señor te toca para la oración y la alabanza. No tenemos actividad pastoral ninguna como otras órdenes monásticas, sólo alguna confesión si nos la piden como sacerdotes. En mí, mi vocación es una gracia de Dios, y la gente me decía cuando ingresé que no iba a aguantar, porque soy una persona extrovertida y muy activa como sacerdote en mi tarea pastoral, pero siento esta necesidad de estar aquí, y no me arrepiento ni he tenido nunca la menor duda.

— Al no tener actividad pastoral, ¿cómo es su relación con la diócesis?

— Nuestra relación con la diócesis es desde la oración. Nuestra primera intención es orar por la problemática de la diócesis, con la que tenemos muy buena relación. Tengo muy buena relación con el Obispo, viene con frecuencia por aquí, pero nosotros no dependemos del obispo, aunque tenemos un diálogo muy fluido con Don César y también con el clero, vienen bastantes sacerdotes a hacer retiros..

— Viven ustedes en un edificio histórico cuyo mantenimiento ocasionará no pocos quebraderos de cabeza en el día a día de la orden. ¿Cómo está actualmente el monasterio?

— El estado del monasterio es satisfactorio tras el arreglo de las cubiertas, que era algo que nos traía a mal traer porque se nos hundían y menos mal que han sido años secos. En 2016, cuando fui elegido prior, comencé los contactos con Cultura, y aunque han pasado tres años, se ha realizado muy buena obra y ha quedado perfecto, aunque quedan algunos detalles de pintura en el claustro principal.

La pandemia nos ha pillado pendientes de la restauración del retablo, que es una obra importantísima pero no sabemos cómomo se retomará.

Hemos conseguido con apoyo privado la electrificación de la nave de la iglesia, que nunca ha estado iluminada, porque aunque tenemos pocas celebraciones nocturnas, incluso de día la nave parece que pide más luz.

El monasterio siempre tiene cosas que hacer, tenemos muchas humedades en zonas del edificio porque estamos al lado de una canalización de agua, y arreglos siempre hay, pero creo que lo tenemos excesivamente bien cuidado, aunque somos pocos.

Del mantenimiento del día a día nos encargamos nosotros. Tenemos dos empleados en limpieza y mantenimiento, así como en la huerta, y una cocinera.

— ¿Cree usted que la orden es bien conocida en Segovia?. Quizá por su particular idiosincrasia no ofrece posibilidades de abrirse al público.

— Es cierto que no tenemos una actividad diocesana ni las parroquias, estamos abiertos a que se nos visite y no tenemos mala disponibilidad, pero ellos están allí y nosotros aquí. Tenemos relación pero no hay materia donde actuar.

— ¿Cómo se ha experimentado la pandemia en el monasterio?

— Lo hemos vivido extraordinariamente bien, porque el confinamiento es nuestro modo de vida. La pandemia nos ha hecho estar en nuestro centro. Tenemos un hermano italiano que tiene un hermano médico en un prestigioso hospital de Milán, y en marzo, antes de que la cosa empezara a moverse nos avisó y nos dijo: preparaos que va para allá.

Entonces decidimos cerrar al turismo, cerré la hospedería y confiné el monasterio, y en las primeras semanas más apuradas, los empleados no vinieron, por lo que no entró nadie y los hermanos nos hicimos cargo de todo.

En junio abrimos la hospedería, pero la he vuelto a cerrar porque está la cosa muy dudosa y los médicos nos dicen que pidamos pruebas PCR, pero no podemos estar pendientes de ello, y hemos cerrado al público para evitar contagios, al igual que el templo, por el problema de los aforos.

Tampoco nos ha supuesto un gran quebranto económico, en la hospedería no cobramos, aunque recibimos alguna ayuda, y el turismo depende de lo que nos quieran dejar, y en las misas no pasamos la colecta. Vivimos de nuestras pensiones de jubilados, cerramos hace dos años el taller porque no podíamos atenderlo, y estamos viviendo muy al día.

— De cara al futuro ¿Qué va a ser de la orden?. No le veo especialmente preocupado.

— Respuesta. Tengo la experiencia de que tú dices: por aquí viene la salvación y mañana donde estaba el puntal, se hunde. Es mejor ponerte en manos de Dios y que sea lo que él quiera.