Francisco Moreno: “El mestizaje era mal visto por los americanos de origen europeo”

Francisco Moreno, físico, militar e hispanista

Francisco Moreno, físico, militar he hispanista
Francisco Moreno, físico, militar he hispanista

—Es Vd. físico, militar e hispanista y ha publicado trabajos sobre la presencia española en EEUU, antes y después de su independencia, y en otros países hispanoamericanos. ¿Cómo surgió su vocación por la física?

—Desde niño, lo que más me gustaba eran la milicia y la ingeniería. Me habría gustado llegar a ser ingeniero politécnico del Ejército.
Pero en los años 70 no existían las operaciones de miopía y no pude ser militar. Además, la Escuela de Ingenieros a la que habría podido ir era muy conflictiva. Al final opté por quedarme en mi Santander natal y estudiar Ciencias Físicas.

—¿Qué especialidad estudió usted y qué trayectoria profesional ha tenido?

—Estudié la especialidad de electrónica. Años después, dejó de ser una rama de la licenciatura en Físicas y pasó a ser una ingeniería. Terminé siendo de facto ingeniero. En cuanto a la trayectoria profesional, empecé como profesor ayudante en mi facultad, luego estuve bastante años desarrollando hardware y software. Por último, pasé al sector de las telecomunicaciones, dónde me dediqué a la gestión de proyectos.

—¿En qué consiste su puesto militar?

—A pesar de mi miopía conseguí hacer el servicio militar y acabarlo como alférez de Artillería, lo que me facilitó acceder a la Reserva Voluntaria cuando se creó. En ella estuve hasta que, ya con el empleo de teniente, pasé a ser Reservista Honorífico. En todas mis activaciones fueron en una oficina técnica trabajando con diferentes sistemas de armas y rodeado de ingenieros politécnicos. Vueltas que da la vida.

—¿Cómo pasó de la física a interesarse por la historia?

—La historia también me interesó desde niño. Me fascinaba leer sobre las grandes aventuras que para mí eran las exploraciones y descubrimientos, las batallas, las nuevas ideas, los avances tecnológicos… Era como si volara en el espacio y el tiempo.

—¿Por qué es tan desconocida en EEUU la presencia española?

—Supongo que es el resultado de una suma de causas. En una nación fundada principalmente por protestantes nunca hubo simpatía por los católicos (los odiados papistas). El mestizaje, algo habitual entre los hispanos, era mal visto por los americanos de origen europeo. Estas y otras diferencias culturales provocaban un frecuente rechazo de lo español.

La propaganda y prejuicios antiespañoles de la Leyenda Negra han contribuido a ignorar las aportaciones españolas, cuando no a rechazarlas de plano. Eso les ocurre a muchos hispanos en los Estados Unidos, lo que hace que tengan una baja autoestima y a menudo sean ciudadanos de segunda.

Hay otros puntos no menos importantes. La doctrina del Destino Manifiesto decía que los Estados Unidos de América eran la nación elegida y destinada a expandirse desde las costas del Atlántico hasta el Pacífico. Pero esto ocurrió en buena medida a costa primero de España y después de México, a quien arrebataron la mitad de su territorio en 1848.

La Tesis de Frontera del historiador Frederick Jackson Turner (1861-1932) afirmaba que la identidad estadounidense se forjó durante la expansión del país hacia el oeste y que fueron ellos los que llevaron la civilización a unas tierras que eran espacios despoblados y salvajes. Pero se olvidaba de que, además de indígenas a menudo civilizados, allí había hispanos desde hacía siglos.

En resumen, hay muchos aspectos de la historia de los Estados Unidos relacionados con España que contradicen a los más populares mitos fundacionales del país. Pero para borrar esas contradicciones ya está Hollywood ¿Le extraña que la presencia española sea tan poco conocida?

—¿Cuál fue la contribución española a la independencia de las Trece Colonias?

—Fue logística, financiera y militar. Fue logística porque se les suministró de todo: armas, municiones, uniformes, material de campaña. Fue financiera por las grandes cantidades de dinero que se entregaron a los revolucionarios y también a los aliados franceses. Y fue militar porque, además de las brillantes victorias que Bernardo de Gálvez obtuvo en la orilla oriental del Misisipi, en Mobila y en Panzacola (en inglés, Pensacola), España obligó a Inglaterra a combatir en otros muchos frentes. Esto la dificultó dedicar recursos a la guerra contra las Trece Colonias porque también tenían que luchar en las costas de Centroamérica, en el océano Atlántico y el Caribe, Gibraltar, Menorca y el canal de la Mancha.

Fuerte español en el que se estableció finalmente el Presidio de Nuestra Señora de Loreto de la Bahía, en Texas.
Fuerte español en el que se estableció finalmente el Presidio de Nuestra Señora de Loreto de la Bahía, en Texas.

—¿En qué consiste el legado español en ciudades, caminos reales?

—La Monarquía Hispana estuvo presente en parte de los actuales Estados Unidos desde el siglo XVI. Los españoles fueron a América para quedarse y fundaron ciudades. Entre las más importantes que han llegado hasta nuestros días están San Agustín (1565) en Florida, Santa Fe (1610) y Albuquerque (1706) en Nuevo México, Tucson (1775) en Arizona, o San Antonio (1718) y El Paso (1659) en Texas. A partir de 1769 fueron germinando, a menudo a partir de un presidio o una misión, numerosas ciudades californianas que mantienen su nombre español como San Diego (1769), Monterey (1770), San Francisco (1776), Los Ángeles (1781) o Santa Bárbara (1782).

Las poblaciones no se desarrollan aisladas, sino a través del comercio y para ello se necesitan rutas por las que ese comercio circule. Esto dio lugar a los llamados caminos reales, algunos tan importantes como el Camino Real de Tierra Adentro, que iba desde Ciudad de México hasta Santa Fe y Taos, en Nuevo México, o el Camino Real de los Tejas, que unía el este de Texas, en realidad el oeste del actual estado de Luisiana, con el centro del virreinato de Nueva España.

—¿Y en cultura, idioma y religión?

—Los españoles que fueron a América trasplantaron allí su religión, casi el único elemento unificador de un imperio que se extendía por todo el mundo. También llevaron el idioma español, que se fue imponiendo poco a poco, pero no por la fuerza, sino porque era una lengua franca que servía para comunicarse desde los Estados Unidos hasta la Patagonia.
Junto a una religión y un idioma hay siempre una cultura que incluye aspectos como la agricultura y la ganadería, la tecnología de que dispone o la forma de vivir y relacionarse. Y también la legislación. Buena parte del derecho castellano se trasplantó a América y se le fueron añadiendo sucesivas leyes proyectoras de los indígenas dando lugar a las llamadas Leyes de los Reynos de las Indias, o simplemente Leyes de Indias. Una idea de la importancia de la legislación hispana en América la da el hecho de que, en la Cámara de Representantes, en el Capitolio de Washington, hay un retrato en mármol de Alfonso X el Sabio por sus aportaciones al establecimiento de los principios que subyacen en la ley americana.

—¿Qué restos hay hoy en día?

—Hay bastantes más de los que se podría pensar. En los últimos años, hemos visto vandalizar y derribar estatuas de misioneros y conquistadores españoles, pero no todo el mundo está de acuerdo con indigenismos y dogmas negrolegendarios. Tal vez como reacción a los ataques al legado español, cada vez salen más estudios sobre la presencia hispana. En Estados Unidos, además de todo lo contado antes, se pueden encontrar lugares declarados sitios históricos, estatuas, placas conmemorativas, banderas, escudos y sellos oficiales donde se puede apreciar muy bien la huella española. Las antiguas misiones y presidios se suelen preservar y, como curiosidad, cada vez se hacen más recreaciones históricas.

—¿Cómo fueron las exploraciones y descubrimientos españoles en las costas de USA?

—Para conocer América del Norte había que ver hasta dónde se extendía, si había un paso por el norte equivalente al estrecho de Magallanes al sur, si existían lugares donde refugiarse los barcos y fundar asentamientos. Para mediados del s. XVI, los españoles ya habían explorado la costa atlántica de los Estados Unidos, el golfo de México y buena parte de la costa del Pacífico. Todo ello lo llevaron a cabo en barcos pequeños, a expensas de los huracanes y la broma (molusco que perfora la parte sumergida de la madera de un barco) y frente a indígenas generalmente hostiles. No resulta extraño que los primeros éxitos de colonización tardaran mucho en llegar .
En 1769, comenzó la ocupación de Alta California y en los siguientes años se organizaron numerosas pequeñas expediciones navales que exploraron la costa del Pacífico Norte hasta Alaska.

 

—¿Cómo fueron las primeras exploraciones y descubrimientos españoles en el interior de USA?

—En nuestros días, hay grandes empresas mineras que buscan en cualquier parte del mundo yacimientos de petróleo, uranio, tierras raras, diamantes, oro. En el siglo XVI, los españoles buscaban metales preciosos. Para explorar aquellos territorios, diversas expediciones, en las que solían tomar parte muchos indios amigos, recorrieron el sur de los Estados Unidos, desde Florida al golfo de California, desde el Río Grande hasta Nebraska. Algunas, como las de Francisco Vázquez de Coronado y Hernando de Soto, duraron años, cubrieron distancias inmensas y se maravillaron de cosas que fueron los primeros europeos en ver, como el Gran Cañón o el río Misisipi.

—¿Hubo fronteras compartidas por la Monarquía Hispánica y USA?

—A partir de la guerra de los Siete Años (1756-1763) hubo importantes modificaciones de las fronteras. Luisiana y Florida cambiaron de manos varia veces. Tras su independencia de Inglaterra, los recién nacidos Estados Unidos comenzaron a tener fronteras físicas con la Monarquía Hispánica en el Misisisipi y en el norte de Florida Oriental y Occidental.
La pujanza y expansionismo del nuevo estado presionó a los hispanos, con los que firmaron en 1795 un tratado en el que se definió la frontera al norte de Florida. La cesión de la Luisiana española a la Francia de Napoleón y su posterior venta a los Estados Unidos en 1803 supusieron nuevos cambios de las fronteras. Los conflictos continuaron y en 1819, en vísperas de la independencia de México, se firmó un nuevo tratado de límites, el Adams-Onís. Una tercera parte de la superficie continental, excepto Alaska, de los Estados Unidos continuaba siendo hispana y luego mexicana.

—¿Qué fueron los presidios?

—Los presidios fueron puestos militares, no siempre fortificados, que defendían en lo posible la vasta y remota frontera norte del virreinato de Nueva España. Además de los de Alta California, hubo presidios en Texas, Nuevo México y Arizona.
Otra acepción del término presidio se refiere a la tropa que guarnecía esos puestos. Así, fundar un presidio en un sitio era enviar a un grupo de soldados a ese sitio.

—¿Y qué fueron los dragones de cuera?

—Los soldados de cuera era la caballería que guarnecía los presidios. Se les llamaba soldados presidiales o simplemente cueras por el chaleco largo de varias capas de piel curtida que llevaban para protegerse de las flechas y armas blancas de los indios.
El término dragón se suele usar en la actualidad porque eran soldados equipados para combatir a caballo, normalmente en acciones ofensivas, y a pie, normalmente en acciones defensivas. Es decir, eran dragones. Pero, a diferencia de otras unidades, en los documentos del s. XVIII, a los soldados de cuera nunca se les denomina dragones de cuera.

—¿En qué medios publica sus trabajos?

—Tengo artículos publicados en la Revista Ejército, la Revista de Historia Militar y las revistas culturales hasta el TUÉTANO y Péndulo.
Cada vez con más frecuencia, publico en sitios web como La Crítica o El Español Digital. Tardan mucho menos tiempo en aceptar (o rechazar) y publicar tus trabajos que las revistas en papel. Además, si detectas que has cometido algún error, siempre puedes corregirlo, aunque el artículo lleve tiempo publicado.
Las redes sociales apenas las uso más allá de grupos de WhatsApp y YouTube.

—¿Qué recomendaría a un físico que tenga interés por la historia?

—Si es físico, pero no historiador, le diría que se dedique a la divulgación, pero a la divulgación rigurosa. Aplicar los principios que aprendimos en la facultad de buscar el por qué y el cómo de las cosas, basarse en datos lo más contrastados posibles, no en opiniones, es algo que un físico puede hacer muy bien.

La Historia merece ser conocida. Saber de nuestro pasado es útil al menos para entender nuestro presente. Pero no podemos pretender que un ciudadano de a pie lea tesis doctorales, artículos académicos o libros de cientos de páginas. Por eso es tan importante la figura del divulgador histórico. La Historia no es una ciencia exacta y si la información recopilada no se contrasta lo suficiente, o se recurre a un recorta y pega de la Wikipedia, entonces esa divulgación será perniciosa.