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“Francisco de Vitoria se adelanta en siglos al pensamiento francés del siglo XVIII en torno al derecho”

Viviana González Delfino, historiadora y guionista

Profesora de Historia por la Universidad Nacional de Tucumán. Comunicación por la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino. Postítulo en Educación y Nuevas TecnologíasDesarrollo de investigación histórica para producciones audiovisuales documentales. Su trabajo más reciente es la investigación y guión para el documental “La Controversia de Valladolid”. El amanecer de los Derechos Humanos que cuenta con la participación de Televisión Española. ¿Cuál es su formación y su origen?
—Tengo una formación heterogénea pero siempre dentro de las ciencias humanísticas, con un hilo conductor que es la comunicación, ya que mi primera carrera fue esa y es la que me permitió estar siempre vinculada a lo audiovisual, trabajar en radio y televisión en el norte de Argentina. Luego vino la carrera de Historia que es mi sustento metodológico y reflexivo para investigar hechos como La Controversia de Valladolid que necesitan ser contextualizados y comprendidos en su tiempo específico, y la vez requieren trabajarlos para que sean comprensibles hoy.
Todo este recorrido formativo lo hice en las Universidades del Norte Santo Tomas de Aquino, la Universidad Nacional de Tucumán en Argentina y en la Universidad de Barcelona donde hice un master en Innovación enfocado, en mi caso, a la gestión de instituciones culturales y educativas, siempre promoviendo la construcción de conocimiento y comunicación.

— ¿Ha participado en otros documentales?
—En España, es la primera vez que tengo el gusto de poder formar parte de un proyecto tan complejo desde el punto de vista reflexivo como lo es La Controversia de Valladolid.
En Argentina, mi participación ha sido también bastante diversa, desde trabajar en el asesoramiento histórico y educativo del Festival Juvenil de Cine de Tucumán donde el Ministerio de Educación promueve el desarrollo cinematográfico en las escuelas, hasta la participación en Historia de los Mundiales, un ciclo televisivo que destacaba aspectos históricos del siglo XX en los años en que se jugaba la copa del mundo. He colaborado también en la investigación de la trayectoria de Mujeres Destacadas en el ámbito científico, educativo y cultural del norte argentino para un trabajo documental de la cátedra de Antropología de la Facultad de Filosofía y Letras.

—¿Qué le llamó la atención de la Controversia de Valladolid?
—Conocía este hecho histórico desde la facultad, ya que la carrera de historia en argentina tiene dos grandes ramas; por un lado, una mundial segmentada por cuestiones metodológicas, en los períodos históricos que todos conocemos y centrada en el mundo occidental y oriente próximo y, por otro lado, una rama centrada en hispanoamérica que vincula la historia de España con la del continente americano, para luego derivar en la historia de los países que conforman hoy Latinoamérica. Recuerdo que en aquellas épocas de estudiante, en que aún no tenía siquiera 20 años, no dimensionaba la trascendencia que tenía la historia del pensamiento como hito en todo el proceso de descubrimiento y conquista de américa. Cuando digo esto, me refiero a que es la primera vez que un imperio en expansión hizo un ejercicio de autorreflexión sobre su política internacional. Se cuestionaba la legitimidad de la guerra y la conquista. Esta instancia de debate cobra mayor trascendencia si se contextualiza en un período histórico no democrático, donde uno podría pensar que es más plausible que esto suceda –aunque hoy no estoy muy segura de ello con las dos guerras que tristemente están padeciendo muchas personas- . Por el contrario, se produce en pleno siglo XVI y es convocado por la máxima autoridad política del momento, es decir, por el emperador Carlos V. Se pueden discutir los motivos y el alcance de sus consecuencias, pero el solo hecho de haberse producido, tiene una magnitud que no puede pasar desapercibida.

— ¿Qué se puso en cuestión en ese momento?
—Como comentaba, se pone a consideración de una junta de teólogos y juristas, la legitimidad de la guerra de la conquista, pero el trasfondo de la discusión es debatir sobre la condición del ser humano, de un otro “descubierto”, sobre el que se discute su naturaleza y sus derechos. Esto fue posible gracias a una serie de precedentes que marcaron el rumbo de la figura jurídica que tenían para la corona de Castilla los indígenas americanos, comenzando por el testamento de Isabel la Católica que los consideraba vasallos suyos por tanto sujetos de derecho. Esto es importante porque es el puntapié inicial para que los reyes subsiguientes realicen una serie de leyes en pos de la protección y gobierno de los pobladores de las indias. Desde el punto de vista canónigo es igual de importante la bula Sublimis Deus, promulgada por el papa Pablo III el 2 de junio de 1537, que reconocía la humanidad de los aborígenes americanos. Con esto, grosso modo, podemos decir que todo el cuerpo jurídico producido desde 1504 hasta 1550, es el proceso que hará posible que suceda un hecho como La Junta de Valladolid.

— ¿Cómo fue capaz de convertir en relato un debate intelectual?
— La complejidad filosófica del tema es tan grande como los antagonismos que genera hasta el día de hoy, después de más de 500 años, entonces el reto fue pensar por un lado, un formato que fuera lo más acorde para dar voz a posturas tan opuestas y, por el otro, no quitarle rigor histórico. El debate per-sé existió y estaba servido, entre Juan Ginés de Sepúlveda y Bartolomé de Las Casas, pero faltaban las voces corales representadas por personajes que se acercaran a la historia como investigadores y pensadores que la escrutan y la cuestionan desde un punto de vista teológico y jurídico, en este caso, y desde un punto de vista histórico, muchas veces con preguntas donde se mezclan percepciones del presente para abordar un pasado que no se comprende. Todas esas miradas tenían que estar y por ello optamos por poner en valor el espíritu de la discusión, del debate con sustento y con fuentes documentales, donde se pusieran a prueba tesis y antítesis de un tema, con el objetivo de mostrar cómo se construye el conocimiento y que éste no es definitivo, ni verdad absoluta nunca, y menos aún en cuestiones humanísticas. Esto no equivale a pensar en un relativismo histórico, sino en pasarle la posta de la reflexión al espectador, es decir, brindarle todas las posturas y miradas posibles sobre un hecho y que el debate se produzca en su cabeza y sea él quien trate de construir conclusiones. El documental no subestima al espectador dándole un producto procesado con un mensaje único, por el contrario, lo lleva a realizar un ejercicio incomodo de reflexión.

—¿Quiénes fueron los personajes?
—Es una época sumamente interesante, comenzando por la figura de un emperador que dentro de su omnipotencia, se toma la licencia, algunos dicen que por un examen de conciencia, otro que por una lucha de poder con conquistadores de la talla de Hernán Cortes, Pizarro o Almagro, de suspender la conquista hasta que los intelectuales de la época lleguen a algunas conclusiones sobre lo que se está haciendo en territorios de ultramar y cómo se está llevando a cabo. Son los dominicos quienes tienen mayor predominio y protagonismo intelectual en la época, a través de la Escuela de Salamanca y del Colegio San Gregorio. De los que conforman la junta, Domingo de Soto y Melchor Cano, son algunos de los más reconocidos. Absolutamente todos tendrán una fuente de conocimiento en Francisco de Vitoria.

— Conocemos más a Bartolomé de las Casas, ¿Qué nos puede decir de Ginés de Sepúlveda?

—Centrándonos en el debate Sepúlveda-Las Casas, desde distintos enfoques, podemos decir que ambos fueron humanistas pero cada uno a su manera. Un Ginés de Sepúlveda estudioso profundo de la filosofía aristotélica que es la que le permite encontrar los principales fundamentos para defender la legitimidad de una conquista cuyos objetivos son evangelizar y “civilizar” a unas culturas que se encuentran en un estadio inferior de desarrollo. Para Sepúlveda es casi un deber de quienes son superiores gobernar sobre otros inferiores. Su lógica es aristotélica pura. Bartolomé de Las Casas, también en un ejercicio de razonamiento teórico y empírico adquirido por su experiencia en América, como encomendero y luego como sacerdote, defiende el desarrollo cultural alcanzado por los aztecas, los incas, por los indígenas americanos y denuncia que la brutalidad no viene de éstos sino por parte de los encomenderos y conquistadores que no cumplen las leyes que se han ido promulgando por parte de la corona para la protección de los nativos.

— ¿Y de Vitoria? ¿Estuvo también presente en la Controversia?
—Yo diría que Vitoria es el alma del debate porque si bien muere cuatro años antes de que se produzca la junta, el basamento teórico para cuestionar la legitimidad de una guerra de conquista y poner en valor los derechos de gentes, es producto de sus Relecciones desarrolladas en la Universidad de Salamanca. De hecho, es uno de los padres fundadores de la Escuela de Salamanca que, dicho sea de paso, es la matriz intelectual fundadora de las primeras universidades en Hispanoamérica.
El pensamiento de Vitoria se adelanta en siglos al Ius naturalismo inglés de Hobbes y Locke y por qué no decirlo al pensamiento filosófico francés del siglo XVIII en torno al derecho natural e internacional y la condición humana. Hacer un documental sobre Francisco de Vitoria es una deuda pendiente desde lo audiovisual. Es una figura apasionante.

— ¿Cómo obtuvo la información y se documentó?
—El trabajo de investigación comenzó durante la pandemia que, dentro de lo lamentable y surrealista que fue, al obligarnos a estar de puertas adentros, habilitó el espacio y tiempo para la investigación de bibliografía específica sobre Historia de España y de América del siglo XV y XVI. Las fuentes documentales fueron consultadas, en los archivos históricos de Simancas, en Castilla y León, y de Indias, en Sevilla, que es el mayor repositorio documental sobre historia de hispanoamérica en el mundo. Contamos con la colaboración del archivista José María Pascual, para localizar los documentos. Tengo que decir que las autoridades y el equipo de cada uno de los repositorios fueron sumamente generosos y profesionales para facilitarnos el material y traducir algunos documentos para los que se precisa un conocimiento específico de filología para interpretarlos debidamente y no desvirtuar su contenido. También consultamos investigaciones realizadas por la Universidad de Valladolid al respecto.

— ¿Ha trabajado en alguna película argentina?
—He colaborado en algunas producciones, pero desde otros roles especialmente desde la gestión educativa y cultural. Cuando trabajaba en el Ministerio de Educación en Argentina, me tocó participar en la producción de recursos didácticos audiovisuales a partir de documentales que realizaba el Ministerio para las escuelas, como por ejemplo Lola Mora, un documental sobre una de las mejores escultoras argentinas de principios del siglo XX dueña de una personalidad transgresora y genial para su época. He colaborado también en una serie documental a cargo de Pablo Schembri, Norte Secreto, en un capítulo sobre mujeres acusadas de brujería en el siglo XVII en el virreinato del río de la plata. En Argentina más que nada he trabajado en la gestión educativa para propiciar el desarrollo de la innovación y el cine en las escuelas secundarias.

— ¿Qué otros proyectos le gustaría llevar a cabo? ¿Están relacionados con el cine histórico?
—Ahora mismo estoy trabajando en dos proyectos muy dispares entre sí. Por un lado, en encontrar un hilo conductor para poder explicar audiovisualmente qué ocurre en hispanoamérica al finalizar el gobierno de Felipe II, hasta el proceso de revolución y guerra que desembocará en los procesos de independencia y conformación de los estados americanos hacia el siglo XIX y, por el otro, en una investigación comparativa entre el mundo analógico del siglo XIX y XX y el mundo digital con el advenimiento de la IA y la transformación profunda que provocará lo que los especialistas llaman “La Singularidad”, es decir, un cambio civilizatorio sin precedentes en la historia de la humanidad.

— ¿Por qué faltan buenos guiones? ¿qué debería hacerse para volver a poner al guionista en el centro de la industria cinematográfica?
—Es una pregunta difícil de responder. A veces uno, para poder expresar una opinión de forma resumida, cae en las generalizaciones que pecan de falsedad porque nada es concluyente en su conjunto. Haciendo esta salvedad, no sé si faltan buenos guiones, lo cierto es que los más populares o comerciales llegan a través de las grandes plataformas que, en un afán de generar mucho contenido y cada vez más rápido, no permiten -creo- la maduración y el desarrollo de historias interesantes. Hay otros recorridos con menores presupuestos y fuera de los grandes circuitos comerciales que son exquisiteces narrativas, complejas, no lineales, que requiere de un público amante de diferentes capas de lectura e interpretación. Para escribir buenas historias hace falta leer, leer, leer, y leer variado, diverso, complejo, superficial, profundo, arriesgado y sin prejuicios y, para eso, se requiere tiempo, porque las ideas necesitan un proceso de decantación y maduración para ser escritas y reescritas las veces que haga falta. Otro problema es que las redes nos están imponiendo cada vez más una simplificación de los mensajes a unos niveles de linealidad y obviedad obscenas, donde no hay prácticamente nada que pensar.

— ¿Qué cree que falta y qué sobra en la industria audiovisual?
—Una cuestión que personalmente me preocupa es cómo el cine está sufriendo un proceso similar al que sufrió el mundo del fútbol, donde todo se concentra en tres o cuatro equipos que se reparten el negocio mundial y los que no llegan a ese nivel no tienen los recursos para desarrollarse y demostrar la riqueza y el potencial que tienen. En el caso del cine, hay mentes creativas de una variedad y lucidez brillante a las que les cuesta llegar a productoras que quieran materializar historias fantásticas. Hay proyectos que no han visto la luz después de golpear años y años un sinfín de puertas. La capacidad técnica y profesional no es un obstáculo, por el contrario, hay mucho talento trabajando para consolidar en sus regiones polos económicos y culturales que apuesten por el cine y que no sea una odisea conseguir el presupuesto para hacer películas.

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