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La oferta cultural de Segovia, laminada en los últimos meses por la pandemia, completa poco a poco y con todas las medidas de prevención marcadas por las autoridades sanitarias su presencia en la capital. Desde ayer miércoles, el Museo Rodera Robles se incorpora con la reapertura de sus exposiciones permanente y temporal en su sede de la Casa del Hidalgo.

Así, y hasta el próximo 31 de agosto con acceso libre, el espacio expositivo vuelve a abrir al público para ofrecer la muestra ‘El mundo apacible de Eduardo Rodera al pie del Guadarrama’, en la que a través de medio centenar de fotografías del artífice del museo que lleva su nombre, exhibe instantáneas poco conocidas de La Granja, Valsaín y la sierra de Guadarrama realizadas entre 1940 y 1976.

Quienes conocieron a Eduardo Rodera, saben perfectamente que sus veraneos en La Granja y la adquisición de una vivienda para este fin, nada tenían que ver con el sentido general de los veraneantes del Real Sitio, derivado de seculares tradiciones familiares iniciadas cuando sus antepasados formaban parte del entorno aristocrático de la Corte de Madrid.

En cuanto su economía se lo permitió, habilitó su refugio veraniego en La Granja, en el centro del Sitio, frente a La Calandria. Y desde allí, en sus paseos, unas veces en solitario y otras con amigos y familiares, recorrió los lugares más singulares de este fragmento de la cara Norte de Guadarrama que incluye, además del Real Sitio, el no menos Real lugar de Valsaín y su ‘Casa del Bosque’, palacio real hoy reducido a un montón de sillares y a los recuerdos históricos de las cacerías de Enrique IV o del nacimiento entre sus muros

La muestra fotográfica recorre, en primer lugar, algunas de las calles de La Granja: la ‘Cuesta de la Maja’, la ‘Valenciana’, ‘Felipe V’, los jardines de palacio, ‘La Calandria’. Y los alrededores de la población: la ‘Puerta del Campo’, el cementerio, la fábrica nueva de cristal o la incipiente urbanización ‘Caserío de Urgel’; atrapando para siempre en su cámara la perdida actividad de las lavanderas del arroyo de la ‘Peña del Berrueco’; las yuntas de bueyes o los gabarreros con sus cargas de leña de regreso a casa.

Repasa acontecimientos anuales como las procesiones del Corpus y de la Virgen de los Dolores, las danzas, los toros, las competiciones en el ‘Campo de Polo’, el tiovivo de la feria, los gigantes y cabezudos, la Jura de Bandera en el campamento de Robledo o la incipiente y ahora afamada y populosa ‘Judiada’ anual.

En ocasiones, la ruta se alarga hasta el puerto de Los Cotos, con la subida a la Laguna Grande de Peñalara, donde somos espectadores de la tradicional ‘Travesía a nado’ en sus frías aguas o el refugio ‘Zabala’ encaramado en lo alto del roquedo. Y si se alarga un poco más aún la excursión, tendremos el placer de visitar el monasterio de ‘El Paular’ y finalizar en la fuente de ‘Cossío’ en el puerto de la Morcuera.

La exposición, realizada por Juan José Bueno Maroto (Coordinación), Juan Pedro Velasco Sayago (Documentación) y Juan Ignacio Davía San José (Montaje) podrá visitarse en las salas de temporales del Museo Rodera Robles hasta el mes de diciembre.