Flor a través

Hasta finales de enero podemos aún ver y sorprendernos con la exposición de fotografías “Flor a través” de Manolo Valmorisco en Palacio Quintanar (Fundación Siglo) de Segovia.

41

Una colección de fotografías, algunas nunca antes expuestas, realizadas en diferentes lugares del planeta y que tiene a las flores, como elemento protagonista. Lugares tan distantes como Huasco, Tunquén, Tongoy en Chile o la Sierra de Guadarrama han servido de inspiración a Valmorisco que practica la fotografía de autor, por eso asume exponer y regalarnos sus imágenes, dedicada exclusivamente a la naturaleza más mínima y caduca, las flores, descubriendo con perseverancia y riguroso método imágenes de una inquietante y majestuosa belleza, logrando componer y performar poéticamente instantes efímeros como si se tratara de magnificentes y grandiosas especies florales de un mundo paradisíaco, desconocido y exuberante. Como dijera W. Blake, un mundo en cada grano de arena, ahora Valmorisco nos propone otros mundos en cada minúscula flor, alguna no más “grande que una uña”, perdidos en el recóndito desierto de Atacama o en rincones silvestres de prados domésticos. Valmorisco ha viajado por medio mundo, especialmente América latina, buscando sus “florecillas” (Guanacos, Alstroemeria, Gladiolo, Amapola…), como le gusta hablar de su trabajo, por eso suele relacionar su trabajo con su vida y aquellas anécdotas imprevistas que sin embargo le abrieron oportunidades fascinantes. “Tuve un accidente de coche gravísimo en Chile – nos cuenta el autor – y el principio de mi recuperación coincidió con el reventar de los primeros botones de las flores. Uní mi suerte a la explosión de la primavera. Si todo renacía, yo también. Me funcionó. Así que estas obras tienen ese fondo gozoso y pagano”.

Vivió durante algunos años en Chile y recorrió todo el largo país desarrollando distintas series de fotografías como por ejemplo “Flor a través” sobre flores del desierto florido, que ahora vemos en la exposición de Palacio Quintanar y que tuvo continuidad en los paisajes españoles, “Bahía Salada” sobre bodegones “encontrados”, al estilo Dadá y Land Art, en la costa norte de Chile donde en unos pocos metros se pasa del océano al desierto calcinado y “Tejuelas de Chiloe” sobre las láminas de madera que cubren paredes y techos de las casa tradicionales del Sur de Chile.

Valmorisco es un creador y analista riguroso de los cambiantes paisajes de la comunicación y la creatividad publicitaria, pero como “apasionado de la fotografía” busca referencias creativas para dar significado a un trabajo tan diferente, tan silencioso, tan cíclico como es el mundo de las flores. Al contrario de en la pintura el género floral no ha tenido un desarrollo excesivo en la fotografía, y analiza a Carl Strüwe, Ansel Adams, Georgia O’Keeffe, Robert Mapplethorpe, pero no le interesan esas representaciones del tema. Toma como referencia especial el libro “Flowers” de Irving Penn (las usaba como Christmas en su época de Condé Nast), obra insuperable, que elige el color para representar las flores, cuando su obra es conocida por los bodegones en blanco y negro. Y como Penn, con la misma ductilidad y coherencia, se compromete a dar un paso adelante, solo así considera interesante mostrar sus creaciones.

En una inmensa y consistente memoria visual Valmorisco ancla su trabajo. Todos hemos aprendido de sus cursos y talleres sobre creatividad. La exposición de fotografías que podemos ver es un excelente ejemplo de su rigor y coherencia creativa. Las fotos de la colección “Flor a través”, con cámara analógica y sin ningún tipo de retoque fotográfico ni digital, son retroiluminaciones con la propia luz del sol traspasando los pétalos, estambres y pistilos de las pequeñas flores fotografiadas. Texturas, formas y colores subliman la emoción.

Con pastas y soluciones varias crea texturas tan eficaces como imaginarias, perfectas en geometría y sutiles en bioformas.

Y practicando lo que él llama el “método Wolf “ (“Visual Thinking”), para crear historias visuales memorables, propicia la sensación de convertirnos en seres diminutos que pudiéramos colocarnos debajo de una flor y mirar a la luz del sol a través de sus pétalos. Su curiosidad le llevó a acercarse mucho, tanto que acabó valiéndose de un objetivo especial (macro) al final de un fuelle de aproximación. En la exposición las copias son de 100×70 cms. en las que el juego de escalas adquiere toda su atracción. Le subyuga la atracción de los opuestos

En la exposición de Valmorisco viene al recuerdo la película Loreak (Jon Garaño y Jose Mari Goenaga), historias cruzadas de tres mujeres cuyas vidas se ven tormentosamente alteradas por unos ramos de flores. En un entorno de incomunicación y soledad los personajes solo se comunican con las flores y ellas transmiten desde la ilusión al desconcierto, sentimientos universales que liberan nuestra sensibilidad ambigua, como las flores. Interés profundo por lo femenino y su simbolismo genuino y fecundo.