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Este verano, han venido a Segovia 42 estudiantes de la Universidad de Oregón, de entre 18 y 23 años. / NEREA LLORENTE

Tal día como ayer, hace 246 años y en mitad de una guerra con los británicos, 56 congresistas estadounidenses aprobaron la Declaración de Independencia de los Estados Unidos. Cada 4 de julio, las banderas lucen en todas las casas, balcones y jardines del país. Es un día clave. De ahí que la distancia no sea un impedimento para que los norteamericanos que están lejos de su tierra celebren a lo grande esta festividad.

Así lo hizo ayer un grupo de 42 estudiantes de la Universidad de Oregón para los que Segovia será su hogar durante un mes y medio, hasta el próximo 30 de julio, como parte del programa AHA International, gestionado por la escuela segoviana ‘Global Education Oregon (GEO) Study Abroad’. Tras darse cita a las 19:00 horas en un conocido restaurante de la Plaza Mayor, los jóvenes conmemoraron su fiesta nacional de una forma “muy segoviana”: con tinto de verano y pinchos.

“Hacía años que no teníamos tantos estudiantes en verano”, asegura la directora del programa desde hacer cerca de dos décadas, Marian Rubio. Este proyecto se puso en marcha en los años 60 –por iniciativa del historiador y escritor segoviano Felipe Peñalosa- y solo se desarrolla en cuatro ciudades europeas: Oviedo, Siena (Italia), Londres (Inglaterra) y Segovia. Este verano, han sido 42 estudiantes, de entre 18 y 23 años, los que han venido a la ciudad para continuar con su formación universitaria, tras haber cursado un mínimo de uno o dos años de castellano.

El centro segoviano no solo recibe a alumnos estadounidenses durante la época estival, sino también a lo largo de todo el año. El primer grupo recala en Segovia entre principios de septiembre y la primera semana de diciembre; el segundo, “el de invierno”, entre enero y mediados de abril; en esa fecha comienza el siguiente curso, que regresa a su país el 12 de junio, cuando llega a España el grupo “de verano”.

Una experiencia inolvidable

En 2020, la pandemia sorprendió a los jóvenes que participaban en el programa. El 15 de marzo, tuvieron que hacer las maletas y volver a su hogar, para terminar el curso de manera online. “No se querían ir, se negaban, fue una tragedia”, recuerda Rubio. Es este el sentimiento que produce una experiencia que se convierte, “si todo sale bien, en la mejor de sus vidas”.

Aterrizaron en Segovia hace dos semanas. Tras su llegada el domingo 19 de junio, por la tarde les esperaba una jornada de orientación y un paseo por la ciudad, para que descubrieran algunas de sus innumerables maravillas. El 30 de julio se les acabará el billete. Entre medias, tendrán que acudir a clase y realizar los temidos exámenes finales que acreditarán su aprendizaje durante este tiempo.

Para que mejoren su nivel de conocimiento y de castellano, ‘GEO’ cuenta con un equipo compuesto por siete docentes, uno de ellos estadounidense. De los 42 alumnos, 26 estudian Cultura, Lengua y Civilización en la Universidad de Oregón, y el resto Publicidad, Marketing y Relaciones Internacionales. Tres días a la semana, estos deben asistir a la escuela que está ubicada en el Paseo del Salón de Isabel II.

Pero no solo se dedican a estudiar. De hecho, “viajan muchísimo”, de acuerdo con Rubio. No solo emplean su estancia en Segovia para descubrir la provincia: recorren buena parte de España y de otros países europeos.

Uno más en la familia

Hay familias “históricas”. Antes de que la crisis sanitaria irrumpiera con fuerza en el mundo, AHA International disponía de la participación de cerca de 300 segovianos, pero “algunos han fallecido, otros tienen miedo al contagio…”, explica la directora del programa, lo que ha supuesto la pérdida del 80 por ciento de las familias adscritas, aunque esto se ha compensado con la incorporación de otras nuevas.

A través del programa y de la Universidad de Oregón, las familias reciben una pequeña cantidad económica para cubrir los gastos generados por los norteamericanos. “Deben tener muchas ganas de acoger un estudiante, tratarlo como si fuera su hijo y disfrutar de la experiencia”, declara Rubio. Juntos realizan muchas actividades; desde hacer la compra o ir al cine, hasta tomar el vermut.

Durante un mes y medio, los universitarios se convierten en un integrante más de las familias que los acogen, que han de cumplir una serie de condiciones; un requisito imprescindible que se exige a ambas partes es que estén vacunados contra el covid. A su vez, deben rellenar un cuestionario en el que indiquen sus gustos, preferencias o alergias. “En función de lo que piden, si se lo puedo conceder, los pongo en contacto con las familias que cumplen esas características”, sostiene Rubio. De esta forma, se espera que los estudiantes y quienes serán sus “padres” de forma temporal tengan una buena vivencia.