¿Ferrocarril? Sí, gracias

    El viernes se abrió la puerta a la recuperación de la línea férrea Madrid-Aranda de Duero. De desarrollarse la idea inicial supondrá una mejora sustancial de una comarca, como es la del Nordeste segoviano, especialmente deprimida en su desarrollo económico. Los trenes permitieron en el siglo XIX la conexión entre los territorios productores de materia prima y aquellos lugares en donde se les otorgaba un valor añadido por existir centros fabriles manufactureros. Hoy día son un factor clave en la transición a la llamada ‘economía verde’ y un medio sustitutivo del transporte de personas y mercancías por camiones y automóviles, con mayor incidencia en el medio ambiente.

    Los trenes permitieron en el siglo XIX la conexión entre los territorios productores de materia prima y aquellos lugares en donde se les otorgaba un valor añadido por existir centros fabriles manufactureros

    La noticia que el viernes adelantó la ministra de Transporte, Movilidad y Agenda Urbana del Gobierno central puede resultar escasa en su cantidad, diez millones de euros, pero es la primera que se produce con signo positivo después de diez años de espera y reivindicación. Por lo tanto, hay que saludarla y entenderla en lo que supone: un primer paso que tendrá que ir acompañado de otras dotaciones presupuestarias en épocas posteriores o cuando realmente puedan ejecutarse. En ocasiones, los Ejecutivos, como autores de los proyectos de presupuestos, son muy dados a consignar pequeñas cantidades que las más de las veces lo que persiguen es contentar las reivindicaciones de distintos sectores, pero que terminan engrosando con posterioridad la cifra del remanente presupuestario. Conocida es la afición de la Junta de Castilla y León a dotar partidas de 100.000 euros que luego quedan en nada. Esperemos que no sea este el caso.

    Y esperamos racionalmente que no lo sea porque coincide con el criterio de la Unión Europea en su apuesta por el ferrocarril. Es la misma apuesta que este medio de comunicación viene realizando desde hace 120 años. En el mes de junio pasado, los ministros de Transporte de los 27 adoptaron un acuerdo que es significativo en su formulación: “La necesidad tanto de luchar por una movilidad climáticamente neutra y respetuosa con el medio ambiente como de garantizar un sistema de transporte resiliente e interconectado, especialmente en tiempo de crisis (…), coloca a los ferrocarriles en una posición clave dentro de la futura oferta de transporte”.

    Hace más de un siglo, como se decía, se reivindicaba el ferrocarril como factor de desarrollo de Segovia. Hoy se une este mismo objetivo

    Hace más de un siglo, como se decía, se reivindicaba el ferrocarril como factor de desarrollo de Segovia. Hoy se une este mismo objetivo centrado en una zona particular de nuestra provincia con el respeto al medio ambiente, tan en boga en los últimos días por la celebración de la cumbre climática de Glasgow. El tren es responsable solo del 0,4% de las emisiones de CO2 generadas por el transporte, pese a representar el 8% de la circulación de pasajeros y el 19% de las mercancías en Europa. Un traspaso desde los vehículos que generan mayores emisiones de dióxido de carbono al tren “es probablemente el modo más eficaz de descarbonizar el transporte en grandes partes del territorio de la Unión Europea”. Por lo tanto, ya no se puede mirar solo el coste de una inversión en un trazado o línea de ferrocarril por su rentabilidad económica, sino también, y sobre todo, por su eficiencia medioambiental, que se une a la cohesión social y territorial que en este caso produce, y a la industrialización y desarrollo económico que arrastra.

    El concepto ‘economía verde’, en algunos casos tan difuso, tiene aquí una de sus máximas expresiones y un motivo más para apoyar el desarrollo de la inversión en este medio de transporte de personas y de mercancías. Los criterios que empujaban a adoptar una determinada política de gasto público poseen ahora un componente nuevo y básico —su incidencia medioambiental— que junto al resto de indicadores antes señalados hacen de la apuesta por el ferrocarril un valor seguro y perdurable.