CAYO
Fernando Cayo durante un momento del taller que impartió en la Iglesia de San Nicolás de Segovia. / NEREA LLORENTE

Formar parte de una serie cuya última temporada se ha convertido en la más vista del mundo genera, cuanto menos, cierta “responsabilidad”. El actor vallisoletano Fernando Cayo se meterá de nuevo en la piel del coronel Tamayo en la segunda parte de la quinta temporada de ‘La casa de papel’, un personaje que “va a tener una importancia clave en su resolución”. El también director asegura estar “muy contento” con cómo ha ido creciendo y “pillando nervio”, al tiempo que avanzó que el público “se va a sorprender y va a disfrutar con todos los giros de guión, la emoción y el sentimiento que este equipo pone”.

La casa de papel’ es un buen reflejo del nivel y calidad artística y técnica de la producción española. Es por ello por lo que Cayo se “entrega en cuerpo y alma en un producto que van a ver cientos de personas en todo el mundo”. Participar en esta serie le hace ser consciente del “hermanamiento internacional que existe entre todos los fans” con una obra que tiene un componente de crítica social que convierte en protagonista a los “apartados”: un grupo de atracadores.

De igual forma, conocedor del papel que representa en esta historia, siente que su personaje “es muy querido”, a pesar de que lucha contra esa banda de ladrones que son “héroes”. Así, considera que uno de los aciertos en el diseño de su personaje es la combinación entre “el poder, la ira y la diversión”.

Una vida de cine

Cuando apenas era un niño, ya se vinculó con el mundo de la interpretación; empezó a hacer teatro con ocho años. Fue así como comenzó a sumergirse en la piel de otras personas y a ponerse en contacto con el trabajo en grupo, lo que al vallisoletano le servía para entender el mundo que tenía a su alrededor. Desde entonces, ha ido recorriendo y profundizando en ese camino.

Cayo incluso hacía sus propios espectáculos en el colegio: buscaba distintos fragmentos de monólogos y los hilvanaba. A partir de ahí, estudió en la Escuela de Arte Dramático de Valladolid, pasó por Italia y no ha dejado de formarse. Ha trabajado con cineastas de la altura de Mariano Barroso, Moncho Armendáriz, Paco Pino o Vicente Fuentes, entre otros. No cree en esta profesión si no se estudia, no se trabaja y no se profundiza. “Es un arte, pero requiere una maestría y unos aprendizajes como en cualquier otro oficio”, sostiene.

El trabajo ante la cámara

El actor participó ayer en Sé_Cine, el festival heredero de la Muestra de Cine Europeo Ciudad de Segovia, impartiendo una masterclass sobre lo que supone trabajar ante la cámara. A los 15 participantes, les explicó la importancia de prestar atención a diversas cuestiones: desde cómo influye la consciencia sobre el cuerpo, la relajación dinámica o el cómo se mira, hasta la conexión con las propias emociones.

Al tiempo que prepara un nuevo taller, el vallisoletano no solo actúa en teatro, cine y televisión, sino que se dedica a la presentación de eventos, imparte conferencias y “mueve” proyectos. “Hay una labor multidisciplinar en lo que hago, que me lleva a estar siempre ocupado en cosas que me gustan”, afirma. De esta manera, logra “salvarse” de esa incertidumbre que genera la irregularidad de su profesión, pero que considera “una característica intrínseca” que le parece “emocionante”, al creer que “hay una enorme cantidad de trabajo”.

Ahora está inmerso en su espectáculo ‘Por todos los dioses’, “muy contemporáneo, cañero y de vanguardia”, con el que visitará el Teatro Juan Bravo de Segovia el próximo 7 de diciembre. Le “interesa” investigar distintos aspectos y, sobre todo, seguir en la búsqueda de nuevos retos que le ayuden a “renovarse” continuamente