Escucha, arte y pasión

Tras terminar 7º de guitarra flamenca con MH, Daniel Hernández ya recorre escenarios nacionales e internacionales con la musa de su felicidad

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El segoviano Daniel Hernández tiene previstos conciertos en Turquía y Zagreb. / E.A.

No hay músicos en su familia. Pero en casa de su abuelo siempre había un radiocasete encendido. El flamenco le corría por las venas. Cada vez que iba, lo escuchaba. Los cantes se le “quedaban en la cabeza”. De ahí su afición. Al segoviano Daniel Hernández le “dio” por Paco de Lucía. Por él toca. Le sorprendió. Y le embaucó. Cuando cumplió 10 años, su padre le regaló una guitarra flamenca. Y ya ha pisado distintos escenarios de la geografía nacional e internacional. “En el flamenco hay mucha improvisación, siempre se está un poco en el aire”, asegura. No es de libro. Es de escucha. De arte. Y de pasión.

Durante varios años, se tiraba horas delante del ordenador con la guitarra en la mano. Fue así como aprendía a tocarla. Lo hacía solo. Hasta que un día, conoció al que se convirtió en su referente. Pasaba los días con su “maestro”: en ocasiones, incluso dormía en su casa, e iba a verlo tocar a los tablaos. Él le dijo que “le serviría mucho aprender música”. La práctica la conocía. Ya daba sus primeros conciertos.

Con 16 años, llegó al Conservatorio Profesional de Música Arturo Soria. Lo compaginaba con Bachillerato. Pero Hernández ya sabía que su camino era la música. En Segovia tenía su propio grupo y alumnos: “También me encanta la docencia”, sostiene. Una vez acabó su etapa en el instituto, se centró en su verdadera pasión: “Se necesitan muchas horas para estudiar la guitarra y hay que estar preparado para lo que pueda venir”, relata.

Acaba de terminar 7º de guitarra flamenca con Matrícula de Honor. Logró el premio de excelencia. Esto le enorgullece. No fue fácil. Por el camino hay muchos años de estudio. De hecho, la entrevista le interrumpe: “Me pillas tocando en casa”, afirma.

No tiene ningún vínculo con Andalucía, más allá de sus amistades. Cada año, “baja”. Es ahí donde “de verdad” se ha formado. No cree que haga falta ser de Jerez o de Triana. “Es un orgullo salir y decir que soy de Segovia, llevo su nombre por bandera”, dice.

A sus 24 años, ya ha tocado dos veces en el Teatro Juan Bravo y tres en el Auditorio de San Cristóbal. Hace unas semanas pasó por el Festival Internacional de Guitarra de Sarajevo. Tiene pendientes conciertos en Turquía y Zagreb.

Sueña con crear una escuela de guitarra en Segovia y con grabar un disco. “Se trata de esforzarse”, declara. Pero su verdadero sueño, lo tiene claro: ser feliz con la guitarra entre sus manos. Pasión por ella, desde luego, no le falta.