«En Cataluña hay una masa de españoles que de momento no puede expresarse, pero que tendrá que reaccionar al final»

Entrevista a Elvira Roca, autora de IMPEROFOBIA Y LEYENDA NEGRA.

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— ¿Cómo surge la idea de escribir IMPERIOFOBIA Y LEYENDA NEGRA?

— No podría precisar un momento concreto, es el resultado de un proceso muy largo de decantación. Yo diría que fue haciendo la carrera. Hice clásicas y… al estudiar la historia de Roma, me di cuenta de que los romanos habían sido blanco de ataques propagandísticos similares a los que hoy en día puede sufrir Estados Unidos, por ejemplo, por aquello de ser el imperio más poderoso en la actualidad. Aquellos ataques contra el Imperio Romano están muy estudiados porque Mitrídades y los griegos alejandrinos los documentaron muy bien en sus escritos. También tuvo mucho que ver en la gestación del libro mi marcha a los Estados Unidos, donde estuve viviendo y trabajando durante diez años. Quizá fue allí donde concebí el germen del cual surge IMPERIOFOBIA Y LEYENDA NEGRA. Viviendo en EEUU me di cuenta de que los norteamericanos actuales son “víctimas” de un proceso de evidente deterioro de su reputación; son blanco de una serie de prejuicios que, inconscientemente, han ido incorporando a su idiosincrasia. Ese fue el punto de inflexión que me decidió a empezar a estudiar seriamente este fenómeno de la imperiofobia, porque me di cuenta de que sería imposible para mí entender la historia de España sin bucear a fondo en la tradición de aquellos pueblos que habían vivido una experiencia similar a la del auge y decadencia de imperio español. Hasta que en 2013 y como resultado de la germinación de estos pensamientos y teorías y de mis conversaciones con Ignacio Gómez de Liaño, que es el padre putativo del libro, fue cuando, entre cafés y cervezas y a fuerza de hablar sobre estos temas día tras día, él me llamó y me propuso seriamente que escribiera esta obra, convenciéndome de que ya tenía el libro absolutamente estructurado en mi cabeza y que debía ponerme, negro sobre blanco, a contarlo.

— ¿A qué piensa usted que se debe el éxito de su libro en un país donde se lee tan poco y tan mal?

— Se lee poco y mal en todas partes, no solo en España ; sepa usted que el proceso de analfabetizacion es similar en todo el occidente, diré más; en el lado anglosajón, este mal está más avanzado que en los pueblos románicos o latinos, a pesar de las apariencias. Pero en todo caso le confieso que no acabo de entender el éxito de mi obra. Supongo que es el conjunto de una serie de factores, como que el país esté pasando por una profunda crisis y como consecuencia de esto existe una sensación de angustia y peligro que la gente desea exorcizar de algún modo. Quizá en este sentido este libro se ha convertido en una especie de manual de autoayuda, como apunta Arcadi Espada en el prólogo. Todo el espacio púbico está dominado y zarandeado por tendencias disgregadoras, esto es algo evidente para toda aquella persona que no tenga la cabeza perdida. Y esto es así en todos los niveles culturales y para todo aquel que no esté atrapado en la vorágine del odio populista, del odio entre clases o del odio nacionalista. Pero estas cosas se entienden mejor tiempo mediante. Seguramente dentro de unos años, con una perspectiva más clara, entendamos mejor el porqué del éxito de IMPERIOFOBIA Y LEYENDA NEGRA.

— ¿Por qué cree que en nuestro tiempo hay una tendencia tan acusada a juzgar bajo el prisma de la moral y la sensibilidad actuales, acontecimientos históricos, actitudes o acciones concretas de personajes de otras épocas?

— La leyenda negra también es un genial sistema de autoayuda para nuestros rivales históricos. Es como un palimpsesto que fuera acumulando capas. En un determinado momento se dio en Europa el arranque de un imperio que anheló una unidad, una recreación en el tiempo de lo que fue en su momento el Imperio Romano. En el lado contrario de la balanza del poder, se levantaron una serie de oligarquías que se opusieron a ese poder unificador europeo, y atacaron la base en la que ese poder unificador se sustentaba, que no era otra cosa que la religión. La unidad religiosa no es cosa baladí; la unidad religiosa impone un modelo de existencia común y una serie de principios que nos guían en la misma dirección. Ahora que en Europa tenemos un grave problema con el tema del yihadismo, nos vamos a dar cuenta de hasta qué punto es importante la unidad religiosa a la hora del mantenimiento social y político de toda sociedad. En un primer momento esas oligarquías que luchaban contra el naciente imperio, rompieron la unidad religiosa de este, y naturalmente la fobia por España, cabeza visible de ese imperio, se transformó en la idea nuclear de esa lucha contra el naciente poder unificador del imperio español: La justificación del protestantismo es la hispanofobia, porque España ha sido inequívocamente el buque insignia del catolicismo durante siglos. ¿Cómo justifica el frente luterano, el frente calvinista, su existencia? Pues muy sencillo: demonizando al otro. Yo soy el bueno y el otro, mi enemigo, es el malo, el oscuro, el intransigente. Y por otro lado estaba Francia. Una Francia que no acaba de encontrar su paso a la primera división de la historia y que disfrazaba su impotencia con encajes, con pelucas empolvadas y con pompa versallesca, para aparentar lo que no tiene y nunca ha tenido. Francia siempre dispuso de un arma altamente eficaz a la hora de denostar a España: una cohorte de intelectuales al servicio de su país, que asumieron la hispanofobia como su “biblia” laica, y difundieron otra nueva versión de la leyenda negra, creada ex profeso para servir a sus propósitos, presentando a España como un país atrasado, sin cultura, sin investigación, aquel famoso “África empieza en los pirineos”, como decía aquel, etc. Los ilustrados inventan esta nueva versión de la hispanofobia basada en la oscuridad y la ignorancia porque ellos no creen en la religión y como la cultura es el nuevo dios pagano, presentan a su enemigo secular como el colmo de la oscuridad y la ignorancia. En una sociedad férreamente religiosa, es creíble y recomendable presentar al enemigo como “el hijo de Satán” y cosas de ese jaez, pero al llegar la ilustración la clave cambia, y con la llegada luego del materialismo vuelve a cambiar y es entonces cuando se acusa a España del fracaso económico. Digamos que la hispanofobia se ha ido adaptando en beneficio de sus inventores según los cánones que han determinado cada época sucesiva. Pequeñas modificaciones para el mismo cuento. Un ejemplo claro de esto que digo podría ser Mitch O’farrel, el político indigenista que arremete contra Colón porque sabe que le sale gratis, siendo perfectamente consciente, sin embargo, de que en Estados Unidos no sobreviviría ni un segundo en el panorama político y social si arremetiera contra un símbolo protestante. Es la comodidad de tener el malo ya fabricado y cambiarlo dándole pequeñas pinceladas marcadas por la tendencia del momento.