Elsa Ruiz trata de controlar los rebrotes que se producen en la provincia, a través de la detección y el seguimiento de los positivos. / KAMARERO
Elsa Ruiz trata de controlar los rebrotes que se producen en la provincia, a través de la detección y el seguimiento de los positivos. / KAMARERO

En su habla se detecta que ha llegado al punto máximo de saturación. Tiene la sensación de vivir en un día de la marmota que parece no tener fin. Al igual que la pandemia que aún hoy (por desgracia) sigue protagonizando los temas de conversación. “Pensamos que lo teníamos todo controlado y otra vez se descontrola”, lamenta la responsable del equipo de Vigilancia Epidemiológica de Covid-19 en Segovia, Elsa Ruiz.

Esto no se va a acabar nunca”, dice con impotencia. El no verle un final a la actual crisis sanitaria le hace estar cansada. Y no es para menos. Trata de controlar los rebrotes que se producen en la provincia. Desde hace más de un año, se ocupa de la detección y el seguimiento de los positivos.

Ella era de las que pensaba que la situación se estaba encauzando. La semana pasada todo cambió. “El incremento de la incidencia fue brutal de un día para otro”, relata. En los últimos días, tiene trabajo para rato: el número de contagiados no hace más que crecer. La media de edad está entre los 18 y los 25 años. La mayor dificultad a la que ahora ha de hacer frente es a que los positivos no informan de quienes han sido todos sus contactos. ¿El “gran” motivo?El miedo, porque puede que estén de vacaciones y no quieren cuarentenarse”, afirma Ruiz.

Lo tiene claro: “Es una profesión muy bonita para poder ayudar y cuidar a las personas que lo necesitan”. Requiere mucha implicación personal. Hace “horas y turnos de más”. Le dedica 24 horas los siete días a la semana. Hace tiempo que el reloj de su vida se paró.

Reconoce que no siempre logra dejar el trabajo en la puerta de casa: vive situaciones complicadas. Acompaña a personas desde el nacimiento, hasta la muerte. Sobre todo en atención primaria, en la que ella trabaja. Tampoco tiene dudas de cuál es la parte más bonita de su trabajo: poder enseñar a la población cómo tiene que cuidarse.

Ve la pandemia como “una oportunidad” de descubrir otra parte de la salud pública. Esto es bueno. Pero no lo único. Lo mejor es el impulso que ha dado al compañerismo entre sanitarios. Se han unido para librar una batalla que se ha cobrado demasiadas vidas. Ruiz es de esas pocas enfermeras que han logrado escapar del Covid. No será por falta de exposición. Jamás va a olvidar lo que le ha tocado vivir. Las secuelas psicológicas que esto le ha dejado, se lo recordará siempre. Pero nunca se le ha pasado por la cabeza tirar la toalla. Y los segovianos se lo agradecen.