En recuerdo del sacerdote Juan Bayona Campos, hijo adoptivo de Pedraza

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(CORPORACIÓN MUNICIPAL DE PEDRAZA)

El pasado sábado día 28 de marzo, despedimos a nuestro querido sacerdote, amigo y hermano, don Juan Bayona Campos. A partir de ahora, nos gustaría que fuese San Juan Bayona. Una despedida que, por culpa del COVID-19, no hemos podido rendir como él se merecía, pero lo haremos más adelante.

Llegó a la parroquia de Pedraza, Orejana y Arahuetes allá por el año 1981. En aquel momento en el que todavía no se hablaba de la España Vaciada. Don Juan llegó lle
no de vitalidad y con el único objetivo por el que se había ordenado sacerdote: AYUDAR AL PRÓJIMO. No le importaba si eran mayores o pequeños, porque con su cochecillo, un Dyane 6 azul, llevaba a los mayores a las consultas hospitalarias para evitar el desplazamiento de los hijos.  Junto a su inseparable guitarra, motivó a los jóvenes de la zona y les sacó de la vida cotidiana que en numerosas ocasiones era el campo  y la ganadería, para cantar en ceremonias o simplemente en reuniones. Organizó excursiones consiguiendo que muchas personas vieran por primera vez el mar.  También fue barrero, como le gustaba decir, ayudando a levantar la ermita de La Revilla en Orejana y con su tesón conservar nuestro patrimonio.

Siempre quiso ir a las misiones y fue después del fallecimiento de sus padres, cuan
do convirtió su sueño en realidad partiendo a Cuba. Allí no ayudaba, allí lo daba todo, hasta que enfermó y volvió a su querida y entrañable Segovia.

Don Juan fue un ejemplo de Cristo en vida porque su sentir y su hacer iban de la mano y nos enseñó con humildad, calidad humana, honradez y entrega a los vecinos, cómo el camino del corazón es el único que no falla.

Con nuestro querido JUAN se ha ido parte de nuestro corazón, pero se han quedado muchos recuerdos que nunca se borrarán como aquella célebre frase de “VAMOS CAMINANDO”, siempre recordaremos su timbre de voz, pase el tiempo que pase, su manera afable de vivir, de hacer la palabra acción, de ser verdad.

Pedraza, con gran orgullo, le nombró HIJO ADOPTIVO. Ahora solo nos queda darle las GRACIAS, allá donde esté, por todos los años que nos dedicó con esa sonrisa, ese gesto humilde y ese saber estar en todas las ocasiones, una vez más, GRACIAS..

DEP