Jesús Blanco Varela, Coordinador de la UCIs de Castilla y León
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A Jesús Blanco Varela (Valladolid, 1949), se le conoce como el “emérito” en los despachos de la Consejería de Sanidad de la Junta de Castilla y León. No es que sea un título que hoy goce de mucho predicamento a nivel nacional, pero en el caso del doctor Blanco no hay motivo de alarma. Cuando la pandemia ya estaba iniciada, la consejera Casado “lo rescató”, como ella dice, para que coordinara las UCIs de la comunidad autónoma. La aplicación del concepto área sanitaria única resultó “una excelente decisión”, reconoce en esta entrevista, y supuso oxigenar las unidades de la región con traslado de una provincia, por ejemplo, Segovia, a otra, por ejemplo Valladolid, de quienes presentaban una situación más crítica. Hijo de médico, sobrino de médico, hermano de médico y cuñado de médica, parece con este pedigrí que la medicina forma parte del adn familiar.

— Quiero empezar por un análisis de la situación actual. No sé si empieza a ser alarmante el crecimiento de casos.
— Hay más casos de los que se contabilizaban al final del estado de alarma. Pero eran esperables estos brotes, y también que se controlaran, marcando una diferencia esencial con la situación de principios de la pandemia. A los contagiados y a los de su entorno se les detectan y se les aíslan, aunque no se puede negar que haya brotes y en ocasiones que su propagación sea desconcertante. En el control juegan un papel fundamental los rastreadores y la eficacia de su trabajo. Pero insisto, hay aumento pero están bajo control.

— Ha mencionado usted a los rastreadores. Si nos atenemos a los existentes en otros países europeos, parece que en España la cifra es aún escasa.
— Hay pocos. Eso al menos parece. Pero es una impresión. No tengo datos, y además varían de una comunidad autónoma a otra.

— ¿No cree que hubiera sido más operativo mantener una autoridad única sanitaria? En ocasiones parece que existe cierta descoordinación entre los responsables regionales, e incluso dentro de una misma comunidad.
— La autoridad única tiene ventajas pero es cierto que vivimos en un Estado autonómico, y que la cercanía a los problemas tiene sus beneficios. Las comunidades tienen capacidad para la organización y para la gestión de sus recursos, y un mayor conocimiento de lo que sucede en el territorio. Un ejemplo lo hemos tenido en el desconfinamiento de Castilla y León, que se ha realizado por área de salud en vez de por provincia. El conocimiento más cercano de la realidad fue lo que movió a tomar determinadas decisiones que a la postre resultaron muy eficaces.

— Es significativo que en Segovia, con una alta, altísima, tasa de contagio, que duplicó y algo más la nacional, la tasa de letalidad esté cinco décimas por debajo de la nacional (1,06% frente al 1,11%). ¿Tuvo que ver en ello la decisión de considerar Castilla y León como un área sanitaria única?
— Sin duda. La decisión de una única área sanitaria regional fue una excelente decisión. Nos encontramos con provincias con tasas de incidencia diferente. En algunas era del 14%, y en otras, mucho más baja. La determinación del área única permitió una utilización más racional de los recursos y atajar el hecho de que algunos hospitales estuvieran desbordados y otros en cambio con camas disponibles.

— El presidente del Colegio Oficial de Médicos de Segovia, Enrique Guilabert, ha declarado, sin embargo, que la pandemia ha demostrado la falta de solidaridad entre hospitales de la región.
— Al principio de la pandemia, todos estábamos desbordados. Pero puedo decir que desde el momento en que yo asumí la coordinación en ningún momento se produjo en las UCIs de CyL lo que me está diciendo. Le hablo de los pacientes críticos, el ámbito de mi responsabilidad de coordinación. Y doy datos: desde Segovia se trasladaron 27 pacientes intubados a Valladolid, de los que 14 fueron al Hospital Río Hortega, y el resto al Hospital Clínico Universitario. En ningún caso, desde que asumí la coordinación, la UCI de Segovia estuvo desbordada, siempre hubo camas disponibles para admitir nuevos pacientes, como las hubo en el Río Hortega y en el Universitario. No está bien informado en este sentido.

— En estos momentos se trabaja para aumentar en seis camas la UCI del Hospital General, y quedarán fijadas en 16. Teniendo en cuenta que, según datos del INE del 2018, la población de la provincia de Segovia es 153.342 habitantes, estamos rozando el umbral deseable de 11,01 camas por cada 100.000 habitantes. Nos faltaría una, para ser exacto.
— Esa es la ratio deseable, pero la que marca el criterio de calidad es la de 7,46 camas públicas por cada 100.000 habitantes, que si se suman a las camas privadas puede rondar las 9. Por lo tanto, estamos por encima y cerca del objetivo que usted menciona. Pero hay que tener en cuenta dos variables más. En el caso de que el Hospital General copara sus camas UCI siempre existe la posibilidad del traslado a otro hospital con camas disponibles, como le he dicho antes. Además, en un supuesto extremo, se podría extender las UCIs más allá de sus paredes físicas, a urgencias, quirófanos y sala de reanimación quirúrgica. Teniendo recursos materiales y sanitarios las UCIs se pueden extender más allá de su ubicación.

— Hablaba de recursos materiales, ¿cómo está dotado el Hospital General de respiradores y equipos de monitorización?
— Está bien dotado. Se ha ampliado a la vez que se aumentaban las camas. Para ser más preciso, lo va a estar, porque todavía está en obras.

— Sabe usted que en Segovia, con independencia de la dotación de una segunda infraestructura, ampliatoria del Hospital General, que parece que contará con partida presupuestaria en el 2021 -según adelantó el presidente Mañueco a este periódico-, hay una polémica sobre la necesidad de un segundo hospital, comarcal o no, que el mismo presidente y en la misma entrevista dejó en el aire, posponiéndolo a una reflexión con los profesionales. Le pido esa reflexión.
— Es un asunto de planificación sanitaria. Excede de mi competencia. Lo que sí le digo es que la cuestión de hospitales comarcales o ampliación de generales varía de cada provincia y área de salud. Lo que hay que tener son centros útiles y con buenos sistemas de acceso, que faciliten al paciente la incorporación a esos centros.

— También resultan muy eficaces en la labor de impedir la saturación hospitalaria los Centros de Salud y los Ambulatorios. Y parece que no se está invirtiendo en la sanidad rural.
— Yo, como responsable de las UCIs, estoy en el último escalón de la atención sanitaria, y el más alejado de la asistencia primaria, pero reconozco que son puntos clave y en la medida en que actúen como filtro inicial servirán para descongestionar los hospitales. Por mis noticias, se están haciendo grandes esfuerzos para reforzar los Ambulatorios y Centros de Salud, aunque también le digo que no es fácil conseguirlo.

— ¿Prevé que estos brotes se conviertan en una segunda ola del virus antes de lo esperado, que era el otoño, y que haya que acudir otra vez al confinamiento en Castilla y León?
— No lo preveo de momento. No creo que eso vaya a ocurrir pero no hay que perder de vista las noticias diarias. Hasta ahora son casos bajo control; brotes puntuales y con enfermos aislados: sin transmisión comunitaria; pero hay que insistir en el distanciamiento social, en el lavado de manos y en el uso correcto de las mascarillas. Los brotes se están detectando pronto y tomando las medidas adecuadas. No están fuera de control salvo en lugares muy puntuales. En cualquier caso, resulta necesario disponer de un instrumento legal que permita el confinamiento puntual de zonas determinadas (áreas geográficas, ciudades, pueblos, etc), pues es posible que aparezca una segunda ola en otoño o en invierno.

— ¿Se conoce algo más sobre la biología del virus?
— No se ha cumplido todavía un periodo estacional completo (China informó de los casos el 13 de enero, aunque ahora sabemos que había diseminación silente del virus en enero por París, Milán y Munich). Es muy difícil conocer su comportamiento, aunque estamos viendo que existe mucha transmisión asintomática. Los virus mutan. Y este muta. La cepa es levemente diferente a la original, pero ello no ha redundado hasta el momento en cambios significativos en su transmisibilidad ni en la gravedad de la enfermedad.

— Ahora los casos parecen menos graves.
— No hay indicios de que aumente la gravedad ni que disminuya. Hay menos casos graves porque hay menos casos totales; actualmente, el virus está afectando en mayor proporción a jóvenes, que son una población de menor riesgo.

— ¿Existen ahora más tratamientos que al inicio de la pandemia?
— No existe un tratamiento de una eficacia garantizada y máxima. Hay dos que entonces no conocíamos: el Remdesivir, que es un antiviral que acorta el tiempo de duración de la enfermedad en el paciente, y la Dexametasona, que reduce la letalidad pero que únicamente es útil para los pacientes más graves, aquellos que necesitan aportación de oxígeno adicional o ventilación mecánica. Los que no necesitan oxígeno no obtienen ningún beneficio y sí probablemente algún perjuicio. La Dexametasona ha superado muy bien los ensayos practicados en el Reino Unido hace escasamente una semana.

— Lo que sí parece demostrado es que algunos pacientes curados de Covid mantienen lesiones como secuelas que pueden llegar a ser crónicas.
— Sí, se están estudiando casos con secuelas pulmonares y de otros órganos que pueden llegar a cronificarse. Son casos de enfermos que han estado en la fase aguda de la enfermedad. Pero es muy temprano para realizar afirmaciones categóricas. En estos momentos están en estudio la gravedad de esas secuelas y la duración en el tiempo.

— Lo que no debe de existir, supongo, es previsión de una vacuna a corto plazo.
— No creo que antes de la primavera del año que viene exista. Hay varias vacunas en fase de ensayo en humanos, pero los resultados estás lejos de saberse. Es necesario conocer, antes de su comercialización, el grado de inmunidad que producen, si hay que tomar una o dos dosis y los efectos secundarios. Lo que sí creo es que cuando salga una vacuna hay que distribuirla de una manera equitativa y justa. Quiero decir, entre grupos de riesgo, lo primero, y después de manera proporcional por todo el mundo.

— Mientras tanto habrá que acostumbrarse a vivir con el virus.
— Son muy necesarias las campañas de educación: educar sobre el uso correcto de las mascarillas, sobre el lavado de manos y sobre el distanciamiento social. Hay que evitar las reuniones prolongadas en un interior. Y concreto: limitarlas, no suprimirlas de nuestra vida, y hacerlas compatibles con medidas de precaución. Son las reuniones el principal foco de diseminación de la enfermedad. No se trata de no vivir, sino, repito, de tomar medidas de protección. La responsabilidad individual es muy importante. Sabemos que en el exterior los contagios disminuyen, aunque esto no quiere decir que no sea necesario evitar las grandes concentraciones humanas que contemplamos en televisión. Y esto que digo va dirigido a los jóvenes, que se creen invulnerables, y es verdad que tienen posibilidades más bajas de gravedad, pero ya se están contemplando entre este sector poblacional enfermos graves e incluso muertes.

— Supongo que recomendará vacunarse de la gripe este otoño.
— Sin duda. Y no solo porque exista el Covid, sino por la propia gripe. Además, se hará un gran favor al sistema sanitario al minimizarse la posible conjunción de dos epidemias.