Coronel director de la Academia de Artillería, Rafael de Felipe Barahona

Desde el 23 de septiembre de 2022, el coronel Rafael de Felipe Barahona afronta la que quizá sea la tarea más importante de su carrera militar al asumir el mando de la Academia de Artillería, el centro de enseñanza militar más antiguo del mundo que conserva intacta la huella intelectual de científicos y hombres de letras que han formado centenares de generaciones de oficiales y suboficiales del arma. El coronel De Felipe tiene muy claros los objetivos que debe alcanzar en este cometido, que no son otros que mantener el nivel de excelencia en la formación de oficiales y suboficiales, así como el legado histórico y social que atesoran las aulas y salones del que fuera convento de San Francisco..

— Es su primera festividad de Santa Bárbara como director de la Academia de Artillería. ¿Qué sentimiento le produce estar al mando del centro de enseñanza militar en una fecha tan emblemática?
— Me produce dos sentimientos, el primero un poco de vértigo por asumir un puesto de tanta responsabilidad al dirigir un centro de formación ya que las decisiones que adopte influirán en nuestros futuros oficiales y suboficiales; y en segundo lugar ilusión, porque como dije el día de mi toma de mando, ser director de la Academia de Artillería en la que yo he estudiado es algo que jamás imaginé. Cada día y cada acto que realizamos me recuerda a mi tiempo de caballero alférez cadete, y es una sensación muy bonita.

— En su discurso de toma de posesión remarcó el papel de la Academia de Artillería como centro de transformación e innovación en las Fuerzas Armadas. ¿Cómo se va a avanzar en el futuro para conseguir este objetivo?
— Como bien sabe, la Academia de Artillería está encuadrada en el Mando de Adiestramiento y Doctrina (MADOC), donde están todos los centros docentes militares y el MADOC es motor de innovación y de cambio en el Ejército, al igual que la Academia de Artillería. La artillería siempre ha sido un arma de innovación, científica, que sintiéndose orgullosa de su pasado mira al futuro.
En el pasado, el Real Colegio de Artillería fue un referente en ciencia, y hoy somos un referente con nuestro simulador, de última generación, al que vienen todas las unidades de España y que se actualiza con los últimos avances tecnológicos. También en la docencia la Academia siempre ha sido innovadora, nuestros planes de estudios se basan en la formación por competencias y con el Covid hemos tenido que explorar la transformación digital, avanzando mucho en ese ámbito. Ambas partes, la de docencia y la de innovación con el simulador hacen que la Academia sea una referencia nacional e internacional.

— La pandemia abrió un camino a explorar con la transformación digital, que en el caso de la Academia dio unos muy buenos resultados. ¿Qué ha quedado de esa experiencia y que se va a seguir implementando en la enseñanza militar?
—Aunque yo no estaba aquí todavía, tengo muy buenas referencias, se hizo un gran esfuerzo ante una situación que nadie podía prever, y rápidamente hubo que adaptarse para hacer posible que los alumnos tuvieran clase de distintas maneras bien a distancia, por grupos, empleando para ello una serie de herramientas que hasta el momento no se empleaban al ser las clases presenciales.
Estas lecciones identificadas han pasado a ser lecciones aprendidas porque las hemos incorporado en nuestros procedimientos, Tenemos un plan de transformación digital que bebe de la experiencia del Covid, y en el futuro si tuviéramos que enfrentarnos a una situación similar tendríamos mucho aprendido. Esto no quiere decir que hayamos llegado al culmen de la transformación digital, porque abarca tanto la docencia como los procedimientos y las propias tecnologías y en el futuro en el ámbito de la enseñanza nos permitirá tener un modelo mixto en el que el alumno pueda tener en todo tiempo acceso a contenidos a través de plataformas, y lo pueda hacer incluso en zona de operaciones, en todo tiempo, todo lugar y en toda modalidad.

— Otro de los aspectos es la importancia de la formación en liderazgo, algo en lo que sus antecesores también han puesto mucho el acento, ¿Cuáles son las claves para ser un buen líder?
— La formación es fundamental para crear líderes; los líderes del siglo XXI que las Fuerzas Armadas necesitan. El modelo de liderazgo está orientado a la misión, buscamos líderes éticos, que tengan una motivación trascendente, que no piensen en su propio beneficio y que piensen en servir. Su Majestad el Rey nos dijo en su primera Pascua Militar: “Mandar es servir” y eso es algo que nuestros alumnos deben grabarse a fuego en la cabeza.
Es un liderazgo que debe permitir tomar decisiones en ambientes complejos, en situaciones de aislamiento, en un entorno volátil como es el de las unidades, incierto y complejo, y tienen que tener conocimiento y valores para tomar decisiones con fundamento, basadas en unos principios morales.

“ El Alcázar ha vivido una época difícil, pero estamos recuperando las cifras , y sin llegar aún al máximo, la senda es de crecimiento. Vamos a ser más prudentes en las inversiones, pero conforme vaya consolidándose el crecimiento volveremos a hacer obras como las del pasado”

 

— Hablamos de valores en un momento donde los jóvenes vuelven la mirada a la carrera militar como una salida laboral al margen del aspecto vocacional de la profesión. ¿Notan en la Academia este cambio de paradigma o los valores son primordiales?
— La vocación es primordial, y aquel que ingrese en las Fuerzas Armadas solo por buscar un trabajo se está equivocando. Los alumnos tienen una vocación con apellidos que son los del servicio, y sin perjuicio de los sinsabores que la vida militar proporciona, la satisfacciones son inmensas.
Es obvio que la formación que se ofrece es útil para la vida laboral, y es algo positivo. Ahora mismo los estudios militares están integrados en el sistema educativo, y nuestros oficiales y suboficiales cuando son promovidos a tenientes tienen un grado universitario en ingeniería de la organización, y los sargentos tienen un título de grado superior. Eso es muy positivo porque aporta beneficios a su formación cuando tienen que realizar cometidos en sus unidades.
Así, nuestros suboficiales cuando están en unidades y un obús sufre una avería, el prediagnóstico es fundamental para que el especialista que va a reparar la pieza sepa dónde está el problema, al igual que los que estudian administración de sistemas en red contribuyen a diseñar sistemas de fuegos de red, desarrollando una capacidad de resolución de problemas enorme.
También tienen una titulación reconocida por el sistema General de educación de España que les permite encontrar un trabajo con facilidad si deciden abandonar el Ejército. Por ello creo que es una opción ganadora se mire por donde se mire.

— En su hoja de servicios cuenta con una amplia experiencia en misiones en el extranjero ¿Cómo traslada su experiencia al ámbito académico?
— Yo creo que es fundamental que en las academias militares haya profesores con experiencia en operaciones, porque la finalidad última de nuestras unidades son las operaciones, y cuando uno permanece en el ámbito de la docencia sin salir durante mucho tiempo se queda en la parte conceptual o doctrinal, pero pierde el pulso de la realidad. Salir a operaciones es muy enriquecedor, primero porque uno siente la utilidad de lo que ha estudiado y de lo que se ha formado, y porque es muy reconfortante ver que lo que uno hace fuera alivia el sufrimiento de muchas personas y porque se aprende de la experiencia de los países aliados con los que se comparte la misión, y todo ello reunido cuando uno la trae a un centro docente, de muchas maneras y sin necesidad de que sea en una clase específica, se transmite a los alumnos.

— Para una academia militar, el hecho de poder convivir con un conflicto que se vive a apenas 3000 kilómetros como el de Ucrania ¿puede aportar conocimiento a unos alumnos que están viviendo esta guerra casi minuto a minuto?
— Nosotros estamos en el mundo y no somos ajenos a un conflicto armado que tenemos tan cerca. Los alumnos son conscientes de que no se puede descartar un conflicto convencional en Europa, algo que hace muy pocos años parecía impensable, y eso es una motivación más para que ellos sientan que su formación sea la mejor posible y adquirir todos los conocimientos necesarios para desenvolverse si se ven en una situación así.
En la Academia se habla de lo que sucede en los conflictos, y siendo esta la Academia de Artillería, nos damos cuenta de la importancia del arma en conflictos como el de Ucrania. Estábamos acostumbrados a las misiones de paz pero ahora estamos viendo que los apoyos de fuego de la artillería antiaérea y de costa está resultando determinante, unido a la voluntad de vencer, e intentamos extrapolar las enseñanzas que se puedan extraer.

— En su condición de Alcaide del Alcázar, y tras un periodo muy difícil para la fortaleza, ¿cómo se plantea el trabajo?
—En primer lugar, para mi es un orgullo inmenso ser alcaide de uno de los monumentos más emblemáticos de España y porque fue sede del Real Colegio de Artillería, algo que me hace sentirme sentimentalmente ligado a él. El Alcázar ha vivido una época difícil durante el covid, pero gracias a Dios estamos recuperando los estándares antes de la pandemia y aun sin llegar al máximo, la senda es de crecimiento y nos da mucha tranquilidad. Hemos tenido un verano muy bueno y si todo sigue así, más pronto que tarde alcanzaremos niveles de visitantes muy buenos. Se van a seguir haciendo todos los trabajos necesarios para que el Alcázar sea un monumento seguro y en un estado de conservación adecuado, si bien es cierto que las inversiones antes de la pandemia permitían acometer proyectos de mayor entidad como los ya realizado. Vamos a ser más prudentes, pero conforme se vaya consolidando el crecimiento, volveremos a realizar obras como las del pasado.

— La Academia y Segovia están unidas por su historia. ¿Qué valoración hace del apoyo institucional hacia el centro de enseñanza militar y cómo ve su futuro en la capital.
—Las relaciones son excelentes, y yo en los tres meses que llevo en el cargo recibo cariño de instituciones, asociaciones, de los ciudadanos de a pie… me encanta que Segovia entre en la Academia, la visitan ciudadanos, colegios, instituciones, empresas, y es un placer porque la Academia es de Segovia y quiero que se conozca. Mantendremos las relaciones institucionales igual de bien que hasta ahora, y si hay algún margen de mejora posible trabajaré para que así sea. En cuanto al futuro, espero que sea tan brillante como el de los más de 250 años de su historia. No me consta como director que haya ningún plan para que sufra modificación en su localización, por lo que espero y deseo que siga en Segovia muchos años más.

Un paracaidista curtido en misiones internacionales y con una gran formación

 

Rafael de Felipe Barahona pertenece a la L promoción de la Academia General Militar y a la 283 de Artillería. Tras su paso por las academias militares de Zaragoza y Segovia entre los años 1990 y 1995, fue promovido al empleo de teniente de Artillería en ese último año. A lo largo su carrera, sus destinos han incluido el Grupo de Artillería de Campaña Paracaidista VI en los empleos de teniente, capitán y comandante; en el empleo de capitán estuvo destinado también en el Cuartel General del Mando de Artillería Antiaérea; de comandante, en el Mando de Operaciones y en el Estado Mayor del Ejército; de teniente coronel ha sido jefe del Batallón de Cuartel General de la Brigada Paracaidista. Ha participado en operaciones en el exterior en Bosnia, Kosovo, Iraq, Afganistán, Líbano y República Centroafricana. Su formación comprende diferentes cursos y diplomas militares entre los que destacan el curso de paracaidista,y el curso de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas españolas, así como su homólogo en Italia. Posee el título de Máster Universitario en Paz, Seguridad y Defensa por el Instituto Universitario General Gutiérrez Mellado (UNED) y el Máster en Estudios Internacionales Estratégico-militares por la Università degli studi Roma Tre (Italia). Tiene amplios conocimientos de los idiomas inglés, francés e italiano.
El coronel De Felipe posee, entre otras condecoraciones, la Placa, la Encomienda y la Cruz de la Real y Militar Orden de San Hermenegildo, tres Cruces al Mérito Militar y una al Mérito Naval, todas ellas con distintivo blanco. .