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Después de toda una vida dedicada a los demás en su carrera profesional, María Teresa Fuentetaja no quiso desligarse de esta actividad y emprendió un nuevo camino en Cruz Roja, aceptando la propuesta de presidir la asamblea provincial de Segovia. Nacida en Mudrián pero cuellarana de vocación, se define como una mujer de retos y quiere seguir siendo útil a una sociedad en la que se siente muy implicada, y especialmente con el medio rural.

—Dos años hace ya de la llegada a la presidencia de Cruz Roja, en un periodo que no sé si habrá sido el más complicado de su carrera profesional.
—La verdad es que llegué en el peor momento, tome posesión en agosto de 2020, aunque me lo propusieron a finales de 2019; pero como había un delgado especial, me nombraron vicepresidenta y después asumí la presidencia. Era una situación totalmente diferente a la del trabajo en otras instituciones, e incluso en la propia Cruz Roja. Estábamos en pandemia y estaba todo muy limitado, los contactos, las reuniones…y sin embargo el trabajo era necesario. El Plan Responde pudo cubrir las necesidades de las personas vulnerables, pero fue muy duro..

— Cruz Roja es una organización preparada para cualquier contingencia. ¿Estaba preparada para una pandemia? .
— Cruz Roja está preparada para cualquier tipo de crisis y emergencias, de tipo natural, guerras, pero para una pandemia no, Tenemos la suerte que es un movimiento que funciona a nivel nacional e internacional, y la respuesta era muy rápida, con el plan que se puso en marcha, pero no cabe duda que es una situación diferente de las que se habían dado hasta ahora. Una pandemia que origina una crisis social y sanitaria no sucede todos los días.
—En los momentos más duros de la pandemia se decía que de ella saldríamos mejores ¿hemos aprovechado la oportunidad?
—Yo creo que mejores no hemos salido. Muchas veces cuando vives una situación de crisis personal o de salud te humanizas, pero creo que se olvida pronto, y la verdad es que en el momento de la pandemia la sociedad respondió muy bien, pero después se va aclimatando al ritmo de vida anterior y se olvidan cosas que es importante tener en cuenta. El reconocimiento a los sanitarios que en ese momento hicieron un esfuerzo especial para atender a la gente era super merecido, pero hubo también muchos profesionales que necesitaron ese reconocimiento.

— El regreso a la normalidad supone también para Cruz Roja el regreso a la actividad asistencial cotidiana ¿cómo se han ido recuperando las cosas?
— La verdad es que en ningún momento se han dejado de atender los programas y proyectos que teníamos siempre, lo que pasa es que el personal y el voluntariado ha asumido la carga de trabajo y se ha potenciado el teletrabajo.
Ahora hemos recuperado la presencialidad en todos los proyectos y aún tenemos muchas personas que atender en el Plan Responde, que ha generado problemas de desempleo y precariedad que siguen llegando a Cruz Roja en la pospandemia. Tenemos las pilas puestas siempre y la capacidad de respuesta del personal y del voluntariado es increíble, para dar respuesta a los proyectos que se nos plantean. El volcán de La Palma, Ucrania, los incendios forestales… son situaciones específicas que hay que atender..
— ¿Cómo percibe Segovia el trabajo de Cruz Roja??
— Creo que Segovia capital lo entiende perfectamente porque tenemos un gran volumen de visibilización al estar centralizados todos los recursos y llegamos a un número importantísimo de gente a través de los distintos programas. En el caso del medio rural me parece que es diferente y cuando llegué a la presidencia de Cruz Roja quise dejar claro que uno de los objetivos prioritarios era revitalizar las asambleas comarcales y llegar a los pueblos para intentar cubrir sus necesidades. Estamos ahora en ello y todo es mejorable.
La coordinación con las instituciones en materia de servicios sociales es importante y en eso no tenemos ningún problema, somos una oenegé bastante reconocida con presencia en todas las áreas.

—Comenzó en el área de Servicios Sociales de la Diputación, muy pegada a la tierra. Entiendo que esta tarea es algo que imprime carácter?
— Yo soy de Segovia y soy de pueblo, y por eso me llega tanto lo del medio rural Trabajé durante casi 18 años en la Diputación y fue muy enriquecedor por el contacto con la gente. Había que atender todos los pueblos por igual, del más pequeño al más grande, crear grupos, fomentar desarrollo comunitario, atender a las necesidades individuales. Es enriquecedor pero a la vez agotador, y soy una persona que me gustan los retos.

— En una provincia tan atomizada como Segovia, la despoblación ¿supone dificultad en la intervención social?
—Las dificultades son las típicas y están relacionadas con la falta de recursos, con dificultades para el transporte, la asistencia sanitaria que hay que afrontar. No puedes dar soluciones pero intentas que estén atendidos lo mejor posible porque son ciudadanos con los mismos derechos que los que viven en la capital, y tienen que tener cubiertos sus derechos como todos.
— Tras dejar la Diputación, afronta el reto de coordinar la oficina para la Violencia de Género, que profesionalmente fue un salto mortal
— Trabajando en la Diputación hice mucho reciclaje profesional, y la mayoría la hice encaminada a la mujer y la igualdad, porque creía que podía hacer una labor importante. Cuando se ofreció la posibilidad de trabajar en este tema me pareció una idea interesante y me dije: tengo que ser capaz porque esto me entusiasma. Siempre me he orientado a la ayuda a los demás, ayudar a la gente vulnerable y fue una experiencia increíble

 

—¿Cuesta trabajo no llevarse el trabajo a casa?
— Muchísimo, son situaciones que viven gente como tú, que te podrían pasar a ti y es difícil desconectar. Por eso creo que conviene cambiar porque de este trabajo no puedes hacer rutina, hay que dar lo mejor y estar al cien por ciento. El hecho de ser pioneros también fue importante, porque entonces era sola, aunque teníamos una buena red de comunicación con el resto de las unidades. Cuando uno siente que consigue cosas también es muy gratificante. Conseguir la coordinación con las instituciones en el medio rural para que ni una mujer que denunciara tuviera atención integral fue un logro importantísimo. Se ha avanzado mucho y es muy gratificante.

—El hecho de ser pionera ¿supuso algún inconveniente o alguna traba?
—Yo no me ponía límites ni tampoco me las han puesto. Las directrices estaban marcadas desde Madrid a través de la Delegación del Gobierno, y no era un camino de rosas, pero no nos parecían imposibles. El objetivo era tan importante que no te podías permitir ponerte limites o quedarte corta, porque en el horizonte estaba prestar atención a mujeres que estaban atravesando una situación muy difícil y hay que ir a por todas, porque el esfuerzo lo merece.

— ¿Dónde reside la sensibilización social en materia de violencia de género?
— Fundamentalmente en la educación, pero no únicamente referida al sistema educativo, sino desde todos los frentes, la familia, la música, la literatura, los medios de comunicación… Si ponemos un único foco en la educación dejamos al margen todo lo demás, y tiene igual trascendencia. Tiene que ser una acción integral y multidisciplinar y orientado a la infancia y la juventud porque es donde se puede sustanciar ese cambio de paradigma ya que en otros sectores ese trabajo resulta más difícil.

— Hay sectores sociales y políticos que reniegan o no reconocen la violencia de género como un problema y le dan otra denominación ¿Qué les diría a los negacionistas de la violencia de género?
— Me cuesta trabajo pensar que hay personas así, no hay más que leer los datos, que son accesibles para todos y que no son inventados. Hay muchas situaciones de mujeres que son violentadas no solo en el ámbito familiar sino en acoso sexual, que ha crecido en los dos últimos años un 25 por ciento. Hay que ser más realistas y pensar que es una situación que nos afecta a todas las mujeres. No entiendo las personas que niegan este problema..
— ¿Qué hay que sacrificar para conseguir lo que se pretende??
— En los trabajos sociales es importante la vocación, y tener en cuenta la responsabilidad, estar impregnada de la filosofía de la institución, y estar comprometida en llevar a cabo tu trabajo y volcarte en los problemas que te llegan.

— Al llegar a casa y desprenderse del uniforme ¿Queda tiempo para el ocio?
— Por supuesto, y es muy necesario. Para mi es importante tener mi tiempo para la lectura, mi paseo, poder seguir participando en otros colectivos sociales, asistir a actividades culturales. Procuro asistir a espectáculos y apoyar la cultura.

— ¿El último libro que ha leído??
— ‘Los besos’ de Manuel Vilar. Pertenezco a un grupo de lectura y es el que ahora estamos leyendo todas, pero leo continuamente, me gusta la lectura.

—¿Qué música lleva en el coche?
— Me gustan mucho los cantautores, dice mucho de la edad que tengo, y música clásica.

—¿La última vez que fue al cine?
— Fue en Valladolid, vi “Lunana, un yak en la Escuela’ de Pawo Choyning DorjI; una película preciosa relacionada con retos personales de un profesor que se va a un pueblo de Bhutan.