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El inicio de la tramitación del proyecto de ley sobre la Eutanasia ha suscitado la inmediata reacción contraria de la Iglesia, que a través de la Conferencia Episcopal se ha manifestado en contra de esta iniciativa y a favor de defender la vida y dignificar a través de cuidados paliativos el fallecimiento de aquellas personas que padezcan enfermedades graves e irreversibles.

El obispo de Segovia César Franco se sumó ayer a las críticas hacia este proyecto de ley en la homilía pronunciada ayer en la Catedral con ocasión de la celebración de la misa solemne con motivo de la Jornada Mundial del Enfermo, organizada por la Hospitalidad  de Nuestra Señora de Lourdes en Segovia coincidiendo con la festividad de su patrona.

Ante las más de 200 personas que llenaban la capilla del Santísimo Sacramento de la seo segoviana, monseñor Franco recordó el lema de la jornada ‘acompañar en la soledad’ para señalar que Dios “se acuerda siempre de los pequeños y los humildes, de los que pasan por el mundo como unos pobres hombres como los enfermos o los ancianos, y así trata la sociedad a quienes tienen necesidad”.

Así,  puso de manifiesto la “prisa” para poner en marcha la ley de la Eutanasia, y expresó su tristeza por el hecho de acelerar un marco legal destinado a “hacer morir”. “Cuando se habla de progreso, el progreso es la muerte –señaló- y muchos entienden la dignidad desde un punto de vista, porque en esta sociedad, los enfermos y los ancianos son los ninguneados, y se busca rápidamente deshacernos de ellos”.

El obispo criticó el “inhumanismo atroz” de la sociedad, en la que “donde algunos ven progreso no es más que un regreso a la barbarie”, y abogó por el derecho a una muerte digna pero sin “arrogarnos derechos que no tenemos, como el de disponer de una vida que nos ha otorgado Dios”. “En el corazón del enfermo siempre surge el deseo de morir –explicó- y Dios nos puede llevar cuando quiere, al que espera la muerte y al que no, porque el hombre no es dueño de su vida”.

Además, precisó que la muerte digna “es la que se asume con la ayuda espiritual y material, con los medios técnicos más poderosos para aliviar el dolor y acompañando siempre y hasta el último momento al enfermo, porque el progreso es igual a vida, y a una vida digna”.

Tras la eucaristía, tuvo lugar la ‘procesión de los enfermos’ en la que los integrantes de la Hospitalidad y los participantes  recorrieron con la imagen de Nuestra Señora de Lourdes iluminada con velas y antorchas el interior de la Catedral para recordar a los enfermos y ponerlos bajo la protección de la virgen.