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Cargar las tintas sobre la dureza del confinamiento al que la crisis sanitaria ha obligado a medio mundo a someterse para luchar contra esta pandemia resulta a estas alturas innecesario.  Todas las familias viven estos días una situación completamente atípica en la que la lejanía de los seres queridos, aunque vivan a pocas calles de distancia de los hogares, parece mayor; pero si la distancia se mide en miles de kilómetros añade un punto más de incertidumbre .

Este es el caso de la familia García González, radicada en el barrio de Nueva Segovia, que vive el confinamiento no sólo en España, sino también en Irlanda e Italia, donde viven dos de los seis miembros que componen el núcleo familiar  y desde donde no sólo siguen con una doble sensación de preocupación y esperanza la evolución de la pandemia en sus respectivos países, sino la de su propio país.

En Blessington, una pequeña localidad de cerca de 6.000 habitantes perteneciente al condado de Wicklow, al sur de Dublín vive Nadia García con su esposo John y sus hijas Emma, de 4 años y Nora, que en pocos meses cumplirá tres años. Esta joven emprendedora decidió en su día embarcarse en un proyecto de vida en la tierra natal de su esposo,  y ahora afronta la llegada de su tercer hijo en poco más de dos semanas en un país que afronta con la misma dureza que el suyo las graves consecuencias del coronavirus.

Con cerca de 5.000 contagios y más de un centenar de fallecidos, Irlanda decidió el pasado 27 de marzo aplicar el confinamiento total de sus habitantes, aunque comenzó a aplicar medidas restrictivas desde el pasado 12 de marzo. “La cosa se veía venir por las noticias en otros países como Italia y España –explica Nadia- y el 12 de marzo cerraron colegios, universidades y guarderías, y tiendas, peluquerías y pubs comenzaron a cerrar voluntariamente”

La cuarentena en Irlanda tiene algunas salvedades, tal y como explica la segoviana, y es que “aquí te dejan salir a hacer deporte, aunque no más lejos de dos kilómetros de tu casa”, pero asegura que “como en todos los lados, hay gente que se lo toma en serio y otros que siguen haciendo caso omiso”.  La celebración de la fiesta de San Patricio –emblema del país- el 17 de marzo se vio directamente afectada por el confinamiento, y las tradicionales celebraciones en pubs y hogares tuvieron que ser suspendidas, lo que en opinión de Nadia García “ha supuesto un auténtico desafío para los irlandeses”. “Se animó a los niños a decorar las ventanas y salir a ver las de los vecinos”, precisa la joven segoviana.

Para Nadia, la cuarentena está marcada por la inminente llegada de su tercer hijo, y los únicos desplazamientos que realiza desde su casa es hasta el hospital para recibir el preceptivo control de su embarazo. “Esto es lo que me crea más incertidumbre, porque esta vez no cuento con la compañía y ayuda de mis padres, que en los otros embarazos si pudieron estar aquí”, señala.

Desde Roma, su hermana Irene, la benjamina de la familia también se ve afectada por la crisis sanitaria, en la capital de uno de los países más golpeados por la pandemia. Estudiante de educación Infantil y Primaria en la Universidad de Valladolid,  disfruta de una Beca Erasmus para completar sus estudios en el país transalpino y en un piso compartido con dos compañeras  pasa su aislamiento siguiendo a rajatabla las normas impuestas por el gobierno italiano.

“La situación es bastante similar a lo que está ocurriendo en España –explica Irene-. Permanecemos en casa durante todo el día, y podemos subir a la azotea o al patio interior del edificio, lo cual agradecemos de vez en cuando”. En cuanto a su situación académica, espera noticias sobre cómo se va a resolver el curso ya que “en algunas asignaturas nos ofrecen clases online, mientras que en otras seguimos esperando soluciones y respuestas”.

En lo que ambas coinciden es en seguir las noticias que vienen de España y en emplear la tecnología para mantener constante contacto con su familia en Segovia, tanto a través de videollamadas como mensajes de whatsapp o otras redes sociales que mitigan la lejanía aunque sea de forma virtual. “Lo importante es que todo pase pronto y no haya más gente afectada”, asegura Nadia, que podrá contar a su tercer hijo que nació en el año en el que el mundo fue un poco más pequeño.