En auxilio de las voluntarias

Una mercera segoviana aporta de forma desinteresada material a asociaciones y particulares que se quedan sin suministro con el que confeccionar mascarillas

La rápida respuesta que ha tenido la demanda de mascarillas para uso sanitario ha crecido en Segovia a una mayor velocidad incluso que el propio coronavirus. Cada pequeño grupo de personas voluntarias se ha unido a la llamada y se ha creado un gran batallón del que toda la provincia se muestra orgullosa.

También han sido numerosas las personas que, queriendo aportar su granito de arena, no han podido contribuir por distintas circunstancias: falta de tiempo, lenta respuesta, ausencia de maquinaria, de habilidades de costura, o en otras, por falta de material auxiliar.

Es el caso de una empresa del sector de la construcción. Los dueños de la firma acordaron con el personal de oficina dedicar una parte de su tiempo laboral a fabricar mascarillas que precisan sus trabajadores. Al no poder comprarlas por estar agotadas en todas las tiendas, debieron ponerse a fabricarlas.

Y en esta labor agotaron las gomas que tenían para completar el producto. A través de las redes sociales contactaron con una mercería de la capital. Como establecimiento considerado no imprescindible para el Estado de Alarma, la Mercería El Almacén se encuentra cerrada al público. Sin embargo, la dueña de este negocio del barrio del Cristo del Mercado, no tuvo inconveniente para desplazarse desde su domicilio para recoger en la tienda los 15 metros de goma elástica que querían las oficinistas de la empresa de construcción. Además de llevárselo personalmente, la dueña de la mercería no solo no se lo cobró, sino que además les regaló otros diez metros más de lo solicitado.

Al parecer, no ha sido el único gesto altruista que esta mercera, Catalina Iglesias de Pablo, ha tenido con otros segovianos solidarios y comprometidos con la causa. También ha aportado gomas y otro material elástico a otros colectivos como Aspace, la asociación de Autismo, enfermeras del Hospital, monjas y otras muchas mujeres que están dedicando estos días, de confinamiento o no, a trabajar de forma desinteresada para los demás.
Agotadas las tiras elásticas normales, ha acudido a otros elementos de prendas de lencería para poder atender la fuerte demanda que está teniendo.

Mientras, su mercería ha tenido que cerrar y aplicar un ERTE para los tres empleados, que han ido al paro, pero que volverán a ser contratadas por Catalina cuando regrese la normalidad, porque ella les garantiza el puesto de trabajo.

Se trata de un conjunto de gestos que muestran la cara más humana de muchas personas que habitan esta provincia.