Elementos pastoriles

El Museo de Segovia expone estos días una colección de colodras como ‘pieza del mes’ por su importancia cultural

146
Imagen de las colodras que se utilizaban antiguamente en el mundo de la agricultura y el pastoreo. / el adelantado
Publicidad

El Museo de Segovia, centro dependiente de la Junta de Castilla y León, ha seleccionado como ‘pieza del mes’ de noviembre, una colección de colodras de los siglos XIX y XX.
Las colodras, entre otras acepciones, son vasos elaborados en astas de bovino que se empleaban para distintas labores en el mundo del pastoreo y la agricultura. Dependiendo del uso al que estuvieran destinadas, su tamaño era variable. Aquellas que se empleaban para beber solían ser de pequeñas dimensiones, mientras que las que se usaban no sólo para beber, sino también para transportar alimentos para la elaboración del almuerzo, son de mayor tamaño. Asimismo, los recipientes trabajados de pequeñas dimensiones también se empleaban para guardar el dalle, es decir, la piedra afilada que se empleaba con las herramientas del campo, y especialmente para llevar ungüentos para curar las heridas que los animales se producían al caminar por zonas agrestes.

Los diferentes ejemplares de colodra que se exponen en el Museo y que fueron empleados para distintos usos, son manifestaciones tangibles de nuestro Patrimonio Cultural Inmaterial. Alguna de las cuernas presenta decoración a navaja, con los motivos propios de estas manifestaciones, como figuras y escenas de caza, nombres propios de sus propietarios y frases típicas de sus usos y costumbres, decoraciones geométricas, así como apliques de cuero para facilitar su uso. Su suporte favorecía la facilidad de elaboración de estas expresiones plásticas, así como confería una cierta durabilidad pese al uso cotidiano en las exigentes condiciones en las que el oficio de pastor se desarrolla hasta nuestros días.

El arte del pastoreo y su figura a lo largo de la historia es una de las vertientes culturales más desconocidas e interesantes del Patrimonio Cultural Inmaterial. Pese a haber sido estudiado por diferentes especialistas durante los últimos cien años, la trascendencia de sus elaboraciones no ha ido más allá de las colecciones etnográficas de los museos locales, dejando a un lado uno de los fenómenos sociales más interesantes de nuestra cultura a nivel mundial.

Esta transversalidad en el desarrollo del pastoreo, cuyas raíces se asientan en el final del paleolítico y la transición hacia las primeras comunidades ganaderas, le otorga un valor de interculturalidad que, sin embargo, no se traduce en el propio interés que sus manifestaciones despiertan en el gran público. De modo general se expresa el origen de la domesticación de especies ganaderas como un avance asociado a la revolución neolítica.

Distintos estudios realizados a partir de la observación de las manifestaciones de arte rupestre y las evidencias de primeras domesticaciones en las culturas del final del paleolítico y los primeros atisbos del mesolítico, indican que fueron esencialmente las mujeres las artífices de los primeros pasos en la domesticación de las especies ganaderas, así como de los primeros trabajos de pastoreo propiamente dichos. Estas evidencias son el punto de partida de una forma de vida que se ha extendido hasta la actualidad, y cuyas manifestaciones plásticas han llegado hasta nosotros en mayor o menor medida. A lo largo del tiempo estas manifestaciones han vivido diferentes vicisitudes y circunstancias sociales e incluso políticas, como la creación del Honrado Concejo de la Mesta, en el año 1273.

Más allá de su evolución histórica, desde la óptica de lo material, hay que entender cómo el tipo de soporte sobre el que se realizan las expresiones plásticas condiciona su conservación. La mayor parte de las elaboraciones artísticas de las personas que se dedicaron, al pastoreo, se han realizado en materiales perecederos: madera, cuero, hueso… En menor medida se han elaborado en otros soportes más perdurables, como la piedra. A partir de la aparición y generalización del uso del metal se empieza a documentar la presencia de otros elementos relativos a la labor ganadera, como cencerros, tijeras de esquilar, entre otros.