El Sinodal de Aguilafuente y la primera imprenta española

La llegada de la imprenta es un hecho fundamental para la historia de la Humanidad, pues multiplicó la llegada de la palabra escrita a un número cada vez mayor de personas. La idea que cristalizó Gutenberg venía fraguándose desde hacía décadas, pero fue el alemán quien se llevó la gloria al ser capaz de elaborar los tipos móviles metálicos en un metal apropiado y con un único molde.

Si Alemania fue la impulsora del nuevo arte, pronto se expandió por el resto de Europa y no tardó la Italia del Humanismo en alcanzarla, siendo la segunda nación que contó con la imprenta, allá por 1464. Como es bien sabido, a España llegó en 1472 y fue nuestra ciudad la que tuvo el privilegio de ver tan “maravilloso arte de escribir”.

Este acontecimiento tan singular viene siendo recordado en Aguilafuente desde 2003 y se ha convertido en su seña de identidad, pues desde entonces la villa ha organizado numerosas actividades centradas en la imprenta, destacando el Sinodal el primer fin de semana de agosto, con la implicación de sus vecinos, organizados en torno a la Asociación “Sinodal”. Una población volcada con uno de sus episodios más importantes de su historia, una mirada al futuro a través del pasado.

Este año, al ser Cuéllar sede de las Edades del Hombre, con las bulas de indulgencias impresas (algunas incunables) como protagonistas, el Ayuntamiento de Aguilafuente, con el impulso y la colaboración de la Fundación Las Edades del Hombre, se ha propuesto destacar de forma especial la importancia de la imprenta en la historia española. Aguilafuente, con ello, forma parte de una de las ofertas culturales y patrimoniales del entorno de Cuéllar, algo en lo que viene trabajando muchos años.

El recorrido de la exposición pretende mostrar cómo era una imprenta primitiva, qué se conoce de los orígenes de la imprenta española, lo que se sabe de Juan Párix y su taller, destacar el primer libro, el Sinodal, y dar a conocer a su impulsor, el obispo Juan Arias Dávila. La sede es el mejor lugar posible, la iglesia de Santa María, donde se celebró el sínodo los primeros días de agosto de 1472. Para ello se cuenta con el apoyo de la parroquia y del obispado en una colaboración que pone de manifiesto la activa labor de la Iglesia en la difusión del nuevo arte y en la conservación del patrimonio, pues fue responsable de la llegada de la mitad de las primeras imprentas españolas.

Aguilafuente por entonces era lugar del cabildo segoviano. Visitada por monarcas (Juan II, Enrique IV, Isabel, Fernando), el sínodo fue un acontecimiento de primera magnitud. De hecho, parece que originó la reforma de la iglesia, que refleja en los motivos ornamentales de la portada la fiesta vinculada al evento, además de la inscripción de la puerta oeste, donde se ve el año de 1474. Junto a los restos del palacio de los Zúñiga, forma un interesante conjunto documental, que se une a los restos de la villa romana. En el mismo templo, en mayo de 1474, se celebró la congregación del estado eclesiástico para tratar el complejo asunto de la décima de la Cruzada, a la que asistieron, entre otros, el arzobispo Carrillo y el nuncio apostólico. Una etapa de esplendor a la que se suman la visita de la reina Isabel, en 1483, o hasta cuatro concejos generales de la Mesta entre 1489 y 1497.

Pues bien, Aguilafuente da el nombre al primer libro impreso en España, que contiene las actas de un sínodo que muestra la sociedad de aquella época, con sus sombras, pero con el ánimo de reforma y mejora. Los 85 asistentes, de ellos 33 laicos, llegaron a aprobar unas actas cuya importancia iría más allá de la vida de la diócesis.

El convocante, Juan Arias Dávila, formado en Salamanca y obispo desde muy joven, impulsó la reforma en la diócesis con la convocatoria de varios sínodos, fue superintendente de un estudio general, y activo miembro del clero al servicio de la Corona. Se conserva una parte de su biblioteca, que contiene tempranos incunables italianos, así como los de Párix, además de interesantes códices.

La imprenta manual o artesanal funcionó con pocas variaciones hasta los inicios del siglo XIX, en que empieza a transformarse debido a la industrialización. No obstante, el mecanismo de Párix debía de ser algo más elemental, pero lo importante eran los tipos móviles. Los redondos de Párix delatan su presencia previa en Roma. El conocimiento del nuevo mecanismo por Arias Dávila explica que pudiera buscar un tipógrafo que se estableciera en Castilla a sus órdenes. El impresor, alemán de Heidelberg, se declara maestro, lo que supone una pericia que se aprecia en sus obras segovianas, más en las del final. ¿Fue consciente Arias Dávila de la importancia de su iniciativa? Así lo parece, pues en 1473, en el seno del Concilio de Aranda, habló con el arzobispo toledano Alfonso Carrillo, con quien coincidió en la gran empresa que era contar con una imprenta. De hecho, en ese año y siguientes fueron instalándose talleres en localidades como Valencia, Barcelona, tal vez Sevilla, en un impulso que cambió la historia.

Párix comenzó sus trabajos con las constituciones del sínodo de Aguilafuente y continuó con otras ocho obras hasta su partida hacia Toulouse hacia 1476. Los libros, de tema religioso, son fruto de la labor editora del obispo. En Segovia se imprime por primera vez la obra de un autor vivo, Pedro de Osma, amigo de Arias Dávila, aunque su segundo libro, el Tractatus de Confessione, le llevó a la condena. Hoy se conservan 25 ejemplares de ocho ediciones, algunos únicos en el mundo.

Con este hilo argumental se desarrolla una exposición que mezcla la información textual con piezas originales de la época, como algunos de los más tempranos incunables españoles de Párix, la Bula de Borja (la primera bula impresa en España, la tercera del mundo), la primera bula para la Guerra de Granada, documentos de Arias Dávila firmados por él o por Enrique IV, algunos manuscritos, cuadros del siglo XV, una arqueta-relicario del mismo siglo, así como un cuadro alusivo a la imprenta elaborado ex profeso por el pintor Rafael de Miguel. La réplica de una imprenta, un chibalete y material tipográfico ayudarán a entender mejor un apasionante relato envuelto por un inmejorable marco.

Nada sería posible sin las ayudas de la Diputación, la Fundación Villalar, la Facultad de Ciencias de la Documentación (Universidad Complutense), o la imprenta Rabalán, además de la colaboración de todas las entidades prestatarias, entre ellas la Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense, el Museo de Segovia, la Fundación Condes de Puñonrostro, la catedral y el obispado de Segovia, la Diputación, la Fundación Rodera Robles o Jon Zabala. A todos ellos, nuestro agradecimiento.

¡Nos vemos en Aguilafuente!…

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