El frenesí del campo y los caballos

La Hípica de Grajera organiza una jornada de trashumancia con la llegada de un importante número de binomios procedentes de distintos puntos de la provincia, la Ribera del Duero y Madrid.

En un rincón recóndito del nordeste de Segovia llevan tiempo forjando nuevos jinetes y amazonas e inculcando el frenesí de los caballos a campo abierto. El centro ecuestre de Grajera, a lo largo de sus años de trabajo, ha formado nuevos aficionados que han hecho de su ilusión su pasión. Si hace apenas dos meses fue la población vecina de Boceguillas la que albergó una jornada de trashumancia, el pasado fin de semana fue la localidad de Grajera la que volvió a teñir el monte de colorido con esta práctica, bajo el impulso de La Hípica.

La llamada del encuentro de los bueyes de Pepe Trilla llegó a reunir a un número importante de binomios del propio municipio y amigos procedentes de Riaza, Cantalejo, Cuéllar, Boceguillas, El Olmo, Vellosillo, Aranda de Duero o Madrid, entre otros.

Despertó el día ensabanado, fruto del rocío acaecido, y el aguardiente y las pastas fueron el mejor refugio para combatir la fría mañana. La orden del mayoral fue la llave de apertura a un acontecimiento que discurrió al relente por el entramado de la Cañada Real soriana occidental y la segoviana.

El galope de los caballos y la sinfonía de los cencerros de los cabestros pusieron banda sonora a un espectáculo digno de enmarcar. Una estampa añeja que mira con nostalgia la práctica ganadera de relieve durante siglos. El alto en el camino sirvió para dar descanso a la manada y empaparse así del paisaje natural con el regazo de las viandas de la zona y el tinto de bota.

De nuevo encauzaron la senda final para colocar el broche en la misma Hípica de Grajera y disfrutar de un guiso casero en compañía de la chimenea. Ocasión para repasar la mañana y promover próximos retos para un grupo de caballistas que gana peso en la provincia a medida que va acrecentando su devoción.