El Colegio Artillero de Segovia en el IV Centenario de la muerte de Miguel de Cervantes

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En 2016 se cumplen 400 años de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra (Alcalá de Henares, 29.IX.1547- Madrid, 22/IV/1616). Con tal motivo, en España se está preparando una serie de actividades conmemorativas que se sucederán a lo largo de todo el año.

El Centenario pretende analizar y difundir la extraordinaria trayectoria vital del genial escritor y de su obra, considerado la máxima figura de la literatura española.

Distinguido con el sobrenombre de “Príncipe de los Ingenios”, se le conoce universalmente por haber escrito Don Quijote de la Mancha, para muchos críticos la primera novela moderna y una de las mejores obras de la literatura universal.

Sus dos personajes principales, Don Quijote y Sancho Panza, encarnan los dos tipos del alma española, el idealista y el soñador; el positivista y práctico y el que olvida las necesidades de la vida material para correr en pos de inaccesibles quimeras.

En 1571 Venecia y Roma formaban con España la Santa Alianza. El 7 de octubre, comandadas por el hermanastro bastardo del rey de España, Juan de Austria, las huestes españolas vencieron a los turcos en la batalla de Lepanto. Fue la gloria inmediata, una gloria que marcó a Cervantes, el cual relataría las circunstancias de la lucha años después en la primera parte del Quijote. En el transcurso de la batalla recibió tres heridas, una de las cuales inutilizó para siempre su mano izquierda, valiéndole el apelativo de “el manco de Lepanto” como sello de gloria.

El 16 de enero de 1605 se publicó la primera edición del Quijote en castellano, que por entonces era la lengua del imperio español que dominaba los territorios de Italia, Flandes, Bruselas, Lisboa y América. Posteriormente, en 1612, se hicieron traducciones limitadas al inglés y dos años después al francés.

En 1780 la Real Academia Española corrigió la obra de Cervantes con la publicación de una lujosa edición en cuatro volúmenes. Por primera vez, los editores incluyeron una introducción crítica, comprendiendo una biografía del autor, un análisis de la novela, un estudio cronológico-histórico de las aventuras de Don Quijote, una serie de grabados que pusieron muchas de las aventuras delante de los ojos de los lectores y un mapa de España para seguir el itinerario de Don Quijote.

Versiones más baratas de la edición de la Academia Española aparecieron pronto en 1782 y 1787, sustituyendo otras versiones y revelando su popularidad dentro de un público más amplio que no podía comprar el original de 1780.

Aunque las ediciones del Quijote se repitieron en España y en el extranjero desde su aparición y siempre fue tenida por una de las obras cumbres de la literatura, no estaba tan generalizada la consideración de autor y libro inmortales. Fue el siglo XVIII el que tiene el honor de colocar a Cervantes sobre un pedestal. Cuatro siglos más tarde, esta apreciada joya de la literatura es uno de los libros más traducidos después de la Biblia.

Segovia, a través de la Academia de Artillería, tiene una singularizada vinculación con Miguel de Cervantes, mediante uno de sus profesores más distinguidos, Vicente de los Ríos, y en su formidable biblioteca.

Vicente de los Ríos fue uno de los estudiosos que comprendió el valor literario del Quijote y con sus trabajos contribuyó decisivamente al conocimiento y consagración de Cervantes y de su obra. Menéndez Pelayo le llamó el “cultísimo artillero”.

El artillero Vicente de los Ríos.

Las plazas de profesor en el Real Colegio de Artillería de Segovia eran concedidas por el Rey a propuesta del Conde de Gazola, encargado de poner en funcionamiento en 1764 esta academia militar en el Alcázar de Segovia.

En el primer cuadro de profesores del Colegio, formaba parte un hombre de singular mérito, a quién el propio Carlos III distinguió con su especial estimación: Vicente Gutiérrez de los Ríos Galve (Córdoba, 7.II.1732-Madrid, 2.VI.1779).

Con doce años, Ríos cursa estudios de filosofía y teología en la Orden de Predicadores de Córdoba, mostrando un gran talento y capacidad de asimilación, lo que hace que su padre lo envíe a Sevilla para que complete sus estudios de derecho civil y canónico. Una vez concluidos y tras la muerte de su padre, en 1756, ingresa al servicio del rey Fernando VI como cadete en el Regimiento de Dragones de Frisia. Con tal fin, se traslada el 30 de agosto de 1757 a la Academia de Artillería de Cádiz, donde estudia matemáticas y topografía, ascendiendo a subteniente de artillería el 22 de julio de 1760.

En la Guerra con Portugal participa en los combates, hallándose en el sitio y toma de Almeida. Finalizadas las operaciones, el 12 de julio de 1763, es destinado a la Compañía de Caballeros Cadetes de Real Colegio de Artillería de Segovia, en la que asciende a teniente el 24 de noviembre de 1765, convirtiéndose en el primer teniente de la Compañía de Cadetes y el primer secretario del Consejo Escolar.

Como profesor impartió la asignatura de táctica, redactando en 1773 el “Discurso para la Apertura de la Escuela de Táctica de Artillería”, en el que evidencia un elegante gusto literario con el que enaltece el arte de la guerra y la condición militar.

Con veinte años, el 21 de julio de 1752, ingresa como académico con el número 30 de la Real Academia de las Buenas Letras de Sevilla, siendo el primer militar que forma parte de esta institución.

Al año siguiente, es recibido como académico honorario de la Real de la Historia; supernumerario diez años más tarde y numerario el 10 de enero de 1772. Su discurso de ingreso versó sobre “Los ilustres autores e inventores de la Artillería que han florecido en España desde los Reyes Católicos hasta el presente”.