El aura de la pintura (1990 – 2015)

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LUGAR: Museo de Arte Contemporáneo Esteban Vicente. Plazuela de las Bellas Artes, s/n. 40001 Segovia.

HORARIO:

Martes y miércoles, de 11 a 14 y de 16 a 19 hs.

Jueves y viernes, de 11 a 14 y de 16 a 20 hs

Sábados, de 11 a 20 hs.

Domingos y festivos, de 11 a 15 hs.

De febrero a mayo de 2016.

“Si la obra de arte pierde su aura, pierde su misterio y su valor” (Alter Benjamin)

Aunque se ha insistido en ello, es un dato relevante que esta exposición de Alberto Reguera es la primera gran retrospectiva que se realiza en España de este artista. Es de agradecer que el artista preparase la exposición con tanta antelación como rigor y precisión, para que su obra estuviera dignamente representada, sutilmente recibida, en adecuada integración con el espacio exigente del Museo y en perfecto y respetuoso diálogo con el titular de esta institución, Esteban Vicente.

“El aura de la pintura” es el potente e inquietante título de la exposición antológica de Alberto Reguera. Y creemos que el título ya desvela una carga de significados a tener en cuenta, más allá del mero acierto poético de la etiqueta.

Como no podía ser de otra forma, se nos viene a la cabeza el famoso ensayo de W. Benjamin sobre “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica” de 1935. La “pérdida del aura” en la obra de arte, según Benjamín, conlleva, por una parte, la disolución del mito clásico de la “unicidad” de la obra de arte, merced a la expansión industrial de las técnicas de reproducción, y, por otra parte, invalida para siempre el carácter de afirmación individual del “momento” creativo. Toda obra de arte en su aura es “la manifestación irrepetible de una lejanía, por cercana que pueda estar”. Se identifica el aura con la singularidad, con la experiencia de lo irrepetible. La reproducción técnica destruye dicha ‘originalidad’ y ya no es posible calibrar el valor de un objeto artístico en cuanto a su valor ritual, sino sólo a partir de su valor de exhibición, de mercado, de mero intercambio especulativo. Así el arte se desvanece entre la superfluidad y el espectáculo.

Esta es sin duda la enjundia del título de la exposición de Alberto Reguera, “El aura de la pintura”. En todas sus obras Reguera expone una práctica y defensa de la pintura como acción primaria de la experiencia artística. La pintura es un evento imponderable, un proceso incontrolable, un resultado imprevisible.

No es de extrañar que un reciente diálogo con Alberto Reguera en el Museo Esteban Vicente de Segovia, Rafael Canogar dijera que “la pintura de Reguera tenía un cierto misticismo romántico que buscaba ese momento sublime de la experiencia creativa”. Todas las pinturas de Reguera son “paisajes transcendentales”, pintura pura, esencial. Proceso intenso de pintar y entender la pintura en la misma acción. Pintura como acontecimiento mágico.

La exposición es un itinerario apenas sugerido por una exquisita selección de obras, desde el año 1990 al 2015, en la que vemos el proceso creativo del artista.

Como decía Benjamin, en la pintura de Alberto Reguera se integran materia y relato, “resonancias cromáticas” e intuiciones visuales, ritmos gráficos y planos profundos, pinturas expandidas y música callada, itinerarios envolventes y mensajes táctiles. Al contrario de lo previsible, no es una pintura acumulacionista, de suma de pigmentos hábilmente combinados, es una pintura que crece hacia su interior, que gana en profundidad más que en volumen. Luminosa desde la materia plástica. Terrestre y celeste.

La exposición de Alberto Reguera es un manifiesto que asume el concepto y compromiso de dar continuidad a la pintura, de recuperar el “aura de la pintura” como acontecimiento (H. Rosenberg), como reivindicación paciente y laboriosa de la utopía de las vanguardias. La pintura como libertad y transformación, como acción y plenitud.