El Archivo General Militar recupera la actividad

Su director, Emilio Montero, estima que los documentos importantes no se han visto afectados por la fuga de agua El incidente ha derivado en un aumento de las medidas de seguridad.

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Dos semanas después de que, el 6 de julio, una fuga de agua provocara serios daños en el Archivo General Militar de Segovia, afectando a cerca de 600 legajos, el trabajo contrarreloj de los 26 operarios del servicio, a los que se han sumado un buen número de militares y profesionales de diferentes especialidades, logró que ayer, en un tiempo récord, se recuperara la actividad, de forma que los investigadores ya pudieran consultar documentos. Además, el personal del Archivo reinició su habitual tarea de remitir documentación, por correspondencia, a las personas que solicitan información sobre algún expediente conservado en el Alcázar de Segovia.

En cualquier caso, y a pesar de la rápida reapertura al público, el director del Archivo, Emilio Montero, advirtió que la recuperación de la actividad “no significa haber llegado a una normalidad absoluta”, situación para la que, a su juicio, “todavía queda bastante trabajo”, previsiblemente “entre dos y tres meses”.

A la hora de hacer balance del suceso, Montero recordó que, a consecuencia de la avería, localizada en el acumulador de un lavabo de la primera planta, se filtró el agua a las dos plantas inferiores, dañando las estanterías de dos salas donde se almacenaba diversa documentación.

Una primera inspección apuntó que el número de legajos afectados se acercaba a los 600, por lo que, estimando que cada uno contiene alrededor de 400 documentos, la cifra de impresos dañados rondaría en torno a los 240.000. Eso sí, los daños no han sido homogéneos en todos los legajos. Mientras en unos casos afecta a toda su superficie, en otros se limita a su contorno. Aunque, de inicio, la primera medida que se planteó fue la de extender todos los documentos, para su posterior secado, la amplísima superficie que iban a ocupar (“cerca de dos campos de fútbol”, calcula Montero), hizo inviable esa opción. Así que, tras consultar a varias empresas especializadas, se prefirió colocar “papel secante cada ocho o diez documentos”. El resultado fue positivo. “El papel ha respondido muy bien. Es un papel de los siglos XIX y XX, sobre todo, de más calidad que el actual, y ha aguantado bien el agua”, dice Montero. De igual forma, la tinta de esos documentos, en la mayoría de los casos, no se ha corrido.

En cualquier caso, desde la dirección del Archivo se prestó especial atención a otro peligro, el de los hongos, capaces de, en condiciones óptimas (humedad, calor y ausencia de luz), comerse la celulosa. Para evitar su aparición, se decidió dejar las ventanas abiertas, día y noche, de forma que se ventilara el espacio, si bien colocando en los huecos mallas que impidieran la entrada de insectos. De igual forma, también se dejó la luz eléctrica encendida durante el horario nocturno. Por si era poco, un equipo del Servicio de Veterinaria de las Fuerzas Armadas ha procedido a fumigar las diferentes salas del Archivo, con el mismo fin, el de dificultar la proliferación de hongos.

En cuanto a los trabajos en sí de recuperación de los documentos dañados, en los últimos días se ha sumado a las tareas personal de la Unidad Militar de Emergencias (UME), cuya labor, “para acelerar el proceso de vuelta a la normalidad”, fue ayer resaltada por Montero.

Sobre los daños en sí, y a pesar de que queda por hacer una valoración detallada, el director del Archivo sostiene que, “en principio, no hay ningún documento importante afectado”. La gran mayoría de los legajos mojados contienen expedientes de militares de los siglos XIX y XX, con documentación variopinta, que va desde hojas de servicios, partidas de bautismo, árboles genealógicos o, incluso, escudos heráldicos.

Montero adelantó ayer que, a raíz del suceso, el Archivo va a mejorar sus medidas de seguridad. De momento, tras comprobar que la presión del agua que subía hasta la primera planta era muy alta, se han instalado unos limitadores con la pretensión de que el incidente no se repita. Además, las rondas de vigilancia que se llevan a cabo por las instalaciones del Archivo incrementarán, de forma que se pueda detectar con la mayor celeridad cualquier accidente en una de las joyas del Alcázar, el archivo histórico más antiguo de las Fuerzas Armadas españolas.

HISTORIA DEL ARCHIVO

El Archivo General Militar de Segovia es el archivo histórico nacional más antiguo de las Fuerzas Armadas. Fue creado en el Alcázar de Segovia por la reina María Cristina, según R.D. de 22 de junio de 1898, con la finalidad de refundir los archivos dependientes del Ministerio de la Guerra que existían en Alcalá de Henares, Aranjuez, Guadalajara y Segovia. Tras el “Desastre del 98”, a esta documentación inicial se unió la perteneciente a los ejércitos de Cuba, Puerto Rico y, Filipinas.

A partir de 1966, el Archivo amplió sus instalaciones comenzando a albergar también sus fondos en la Casa de la Química, edificio neoclásico situado en el recinto exterior del Alcázar.

La falta de espacio motivó que a principios de los 70 se transfiriera la documentación de tropa posterior a 1900 al Archivo General Militar de Guadalajara. En 1984 y 2011, una buena parte de la documentación procedente de Ultramar, se remitió al Archivo General Militar de Madrid.

En la actualidad los fondos del Archivo ocupan 17 salas de depósitos en el Alcázar y 4 en la Casa de la Química, con más de 75.000 legajos repartidos en 16.000 metros de estanterías,

Desde 1998, el centro recibe transferencias de documentación personal producida por la Dirección General de Personal, a través del Archivo Intermedio del Cuartel General del Ejército, o documentación judicial. Los expedientes deben tener más de 20 años de antigüedad para ser admitidos en este Archivo.

El Archivo está en posesión de la Medalla de Oro de la Ciudad de Segovia y la Medalla del Patronato del Alcázar, concedida con motivo de la celebración del primer centenario de su creación.