Un conductor con una de las mascarillas de las que dispone la empresa. / Nerea Llorente
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Avanza la mañana en el barrio de La Albuera. Pasan diez minutos de las once y, por un instante, parece que lo del coronavirus ha sido un mal sueño y la rutina, tan denostaba hace dos días, está ahí, como toda la vida, instalada en la calle Tejedores: una señora que camina por la acera con una bolsa de tela al brazo de la que asoman dos barras de pan, gente que aparca un instante para sacar dinero del cajero del Santander (uno, dos y hasta tres coches), una joven paseando al perro y un señor esperando al autobús… Pero, de pronto, de una esquina sale un joven con mascarilla y el encanto desaparece. El del cajero mira de reojo al que espera al autobús justo cuando el vehículo se acerca a la parada con una sola ocupante y el conductor, también él, lleva mascarilla.

El viaje, en dirección al Hospital, transcurre sin incidencias, con muy pocas paradas y un máximo de tres viajeros en el tramo de Nueva Segovia, que desde la ventanilla del autobús parece una ciudad fantasma.

Sobre la mitad de los asientos unos carteles improvisados avisan que no están disponibles, aunque no están sujetos y un par de ellos se han caído al suelo.

Los conductores llevan mascarilla pero alguien dice que es la misma del día anterior, cuando el Ayuntamiento acordó reponer parcialmente el servicio, salvo en esta línea 4, circular, que opera en todo su horario, salvo porque el número de viajeros ha caído drásticamente.

Desde el Comité de Empresa sostienen que han descendido en torno a un 90%.

Otras fuentes sindicales apuntan a un posible ERTE, teniendo en cuenta que el resto de líneas operan solo en periodos de tiempo cortos, a primera hora de la mañana, primera de la tarde y al final de la jornada laboral.

“Parece que la alcaldesa se opone, el Ayuntamiento tiene que dar el visto bueno”, advierten, mientras en Alcaldía de momento callan ante la pregunta de El Adelantado sobre este posible expediente de regulación de empleo temporal.

También se trabaja desde dentro por mejorar las medidas de seguridad de la plantilla cuentan en un sindicato.

Los usuarios a los que no les queda otro remedio que coger el autobús para ir a sus lugares de trabajo están relativamente satisfechos, sobre todo con el servicio de la línea 4, aunque algunos apuntan que también trabajan en fines de semana y en sábado y domingo no circulan los autobuses.

Ana cuenta a El Adelantado que el lunes lo cogió, con puntualidad, a las 7,05 horas y añade que entonces solo estaba restringido el asiento más próximo al conductor y mantiene que “sí íbamos gente, con normalidad”.

Las normas vigentes desde el día 16 impiden adquirir billete con dinero en metálico y tampoco se puede recargar el bono en el autobús. Laura cuenta que está teniendo problemas para recargarlo en la web de Urbanos de Segovia y también para descargar la aplicación del móvil.

Además, tiene que afinar mucho con el horario para llegar a su lugar de trabajo porque también necesita un autobús metropolitano, hasta se plantea anticiparse una hora (tiene turno de tarde).

Normalidad, no. Son tiempos de excepción. Desde la ventana, María, 78 años, a ratos se entretiene viendo pasar los pocos coches que circulan por su calle, el paseo de Conde Sepúlveda. “El urbano va vacío otra vez”, dice. “A ver, ¿qué quieres?”, contesta Mariano, su marido.