1982 fue un año tan histórico como agitado y convulso en España. La celebración del Campeonato Mundial de Fútbol –con debacle del combinado nacional incluida- y el cambio de rumbo político derivado de la aplastante victoria del Partido Socialista en las elecciones generales con 202 diputados marcaron el inicio del cambio en un país que aún temblaba por los efectos de la barbarie terrorista de ETA y por el ruido de sables tras el fallido intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.
En esta situación, el Papa Juan Pablo II realiza su primera visita a España, en la que durante casi nueve días recorrió algunos de los lugares más emblemáticos llenando plazas y campos de fútbol con un mensaje tan simple como eficaz: “Abrid las puertas a Jesucristo”.

El viaje papal puso en el mapa a Segovia, y se comenta que fue una decisión personal de Wojtyla la que colocó a esta pequeña provincia en el programa de su visita, debido a la enorme admiración que profesaba a la figura de San Juan de la Cruz, doctor místico, a cuya vida y obra dedicó su tesis doctoral y algunas otras publicaciones.
Fuera por lo que fuese, el hecho cierto es que el sucesor de Pedro pondría sus pies en Segovia por primera vez en la historia de la ciudad el 4 de noviembre de 1982, y los segovianos se aprestaron a recibir con calor y color a Juan Pablo II, al que tributaron el más multitudinario recibimiento que se recuerda, con cerca de 200.000 personas llenando la Plaza Oriental y sus inmediaciones en lo que fuera el acto central de su visita.

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Monseñor Palenzuela recibió al Papa a los pies del helicóptero./ FOTO CEDIDA POR EL OBISPADO

A las 17,27 horas, el helicóptero que trasladaba al Papa desde Madrid aterrizaba en el helipuerto del complejo hospitalario, aunque antes sobrevoló la ciudad quizá por el deseo de Wojtyla de ver una panorámica aérea de esta pequeña capital. A los pies del aparato, el obispo Antonio Palenzuela saludaba con un abrazo fraterno a Juan Pablo II, y era cumplimentado por las autoridades locales y provinciales, con el alcalde López Arranz a la cabeza.
Desde allí, el papa completó el kilómetro escaso desde el Hospital General hasta la Plaza de la Artillería en el ‘papamóvil’, con una enorme multitud durante todo el trayecto, que recorrió la entonces avenida de Fernández Ladreda en medio de los aplausos y vítores que los segovianos dedicaban al Santo Padre.
La crónica de EL Adelantado relata la llegada del Papa a la Plaza Oriental a las 17,27 horas, donde un imponente estrado instalado a los pies del Acueducto y adornado con una alfombra de flores de los jardines del Casino de la Unión esperaban su llegada. El Papa bajó del vehículo y saludó a un grupo de enfermos situados frente al estrado antes de subir al sillón espiscopal de la Catedral desde el que presidió la celebración.
En una abarrotada Plaza Oriental, con las calles aledañas también llenas, el público no dejaba de aplaudir y saludar al Papa con lemas que han pasado ya a la historia como ‘Totus tuus’ o ‘ Juan Pablo II, te quiere todo el mundo’, coreados a voz en grito por los asistentes. También hubo lugar para las pancartas, una de ellas instalada en el solar de la ‘Casa Amarilla’ que felicitaba al papa en Polaco en el día de su onomástica, San Carlos Borromeo, coincidente con su visita a Segovia.

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El Papa, en su homilía bajo el Acueducto./FOTO CEDIDA POR EL OBISPADO

Tras la proclamación de la palabra, el obispo Palenzuela dirigió unas palabras dedicadas al Papa, en las que recordó su vinculación espiritual con San Juan de la Cruz, y señaló que su doctrina y experiencia “le han permitido comprender el ateísmo como el drama de nuestro tiempo•, donde un mundo de cosas sin profundidad, un miedo creciente a la libertad, a la vida y al amor no nos permiten ver a Dios”. Asímismo, pidió al Papa sus plegarias a favor de la iglesia de Segovia a través de la intercesión de la virgen en sus distintas advocaciones segovianas.
En su homilía, el Papa volvió a recurrir al doctor místico para expresar su deseo de que “las noches oscuras que se ciernen sobre las conciencias individuales y sobre las colectividades de nuestro tiempo sean vividas en fe pura, en esperanza, en amor llameante de la fuerza del Espíritu para que se conviertan en jornadas luminosas para nuestra humanidad dolorida”.
Para despedirse, empleó de nuevo la frase de San Juan de la Cruz para señalar: “un solo pensamiento del hombre vale más que todo el mundo; por tanto sólo Dios es digno de él”.
Tras la homilía, tuvo lugar una ofrenda al Papa en la que recibió dos corderos, frutos de la tierra y un ejemplar de las obras completas de San Juan de la Cruz editado en 1703, y el acto concluyó con una emotiva bendición papal.
Desde allí, el cortejo papal se desplazó hasta el convento de los Padres Carmelitas, donde tuvo lugar el encuentro más emotivo e íntimo de la visita. La comunidad de carmelitas esperaba al Papa, que no ocultó su emoción cuando se dirigió a la capilla donde reposan los restos mortales de San Juan de la Cruz, donde oró en silencio y de rodillas durante cinco minutos. “Acordaos de rezar por mi cada vez que os acerquéis al sepulcro”, pidió el papa a los religiosos y religiosas carmelitas allí congregados.
Tras su visita, el Papa se trasladó al vecino santuario de Nuestra Señora de La Fuencisla, al q que entró casi en solitario, y el entonces capellán de la Real Cofradía Ángel García Rivilla ejerció como anfitrión para explicarle algunos datos sobre el significado de la patrona para los segovianos. Ante la imagen de la virgen, el Papa realizó una oración personal , con la que dio por concluida una breve visita que ha quedado ya impresa de forma indeleble en la historia de la ciudad.

Historias de la historia de la visita

Cuarenta años después de la visita del Papa, los segovianos de mediana edad tienen aún en la memoria los ecos de una jornada que generó no pocas historias paralelas de las que aderezan el carácter histórico. Todavía en la memoria de muchos segovianos figura la instalación de dos imponentes torres de altavoces en la parte más alta del Acueducto para la megafonía del acto litúrgico en la Plaza Oriental, algo impensable en la época actual. Esta instalación no pasó desapercibida para la Comisión Provincial de Patrimonio de la época, que emitió una dura nota para señalar “nuestra energica protesta por una actuación carente por completo de la más elemental sensibilidad, de respeto a nuestro primer monumento, cuya imagen quedará valorada como soporte de altavoces y desvirtuada por aditamentos absolutamente indeseables”.
La jornada deparó también muchas pequeñas historias, muchas de ellas motivadas por la multitud congregada a la espera de la visita del Papa. Así, el impresionante dispositivo policial desplazado a Segovia -reforzado con efectivos de otras compañías – garantizó la seguridad del evento, que llegó a detectar a un carterista de Madrid que se había ya apropiado de una cartera con 60.000 pesetas.
El gentío acumulado originó mas de una indisposición , y los servicios sanitarios tuvieron que redoblar su actividad para atender a muchas personas por mareos, bajadas de tensión e incluso evitar la picaresca de algunos desaprensivos que simularon estar enfermos para tener una mayor proximidad al escenario.