Miguel Espinosa en la habitación de Hostería Natura en la que reside. / KAMARERO

El sector hotelero de Segovia está protagonizando este otoño un ejercicio de supervivencia. Apenas siguen operando grandes cadenas -pueden soportar pérdidas o tienen una estructura laboral más barata- y los alojamientos más modestos, que limitan daños porque sus dueños son autónomos o residen directamente en el hotel. Las restricciones a la movilidad han cambiado el perfil del huésped y el calendario en el que se aloja. El turista deja paso al trabajador, el principal usuario, y los días fuertes son los de diario en lugar del fin de semana. Son tiempos excepcionales; toca adaptarse o cerrar.
“Estamos trabajando de lunes a viernes y no completamos nunca. Recibimos gente que viene por motivos de trabajo y que viene de empresas diversas”, subraya Jesús Arribas, propietario de Apartamentos Aralso. Por ejemplo, si una empresa está haciendo una reforma en un local, va escalonando a sus empleados; un día se aloja el arquitecto, al siguiente el ingeniero y el electricista se queda una semana. En su mayoría son profesionales de la construcción y de mantenimiento en negocios como gasolineras o almacenes. Sus estancias son habitualmente cortas. Lo mismo ocurre con representantes comerciales, que suelen hacer una visita, pasan una noche y se van al día siguiente. Cuando la estancia es más duradera –una empresa que va a pasar más tiempo y necesita alojamiento para sus empleados mientras dure una obra- el hotel negocia un precio con ella.

Aralso, con una veintena de apartamentos entre Segovia y El Sotillo, tiene una ocupación cercana al 30%. El hecho de contar con cocina en los propios apartamentos es un servicio muy apreciado por los clientes ante las dificultades para consumir en la hostelería por la noche. Si la gastronomía es clave para el turista, el trabajador prioriza el tiempo, del que suele escasear en sus jornadas intensivas, y el descanso.

El sector hotelero subsiste al desplome del turismo con trabajadores
Jesús Arribas, en el balcón de uno de los Apartamentos Aralso, en San Millán. / KAMARERO

El cambio de perfil convierte diciembre, una temporada alta en circunstancias normales, en un momento bajo. “Estamos teniendo menos gente que en octubre y noviembre porque en Navidad o en los puentes no se trabaja. Las previsiones que tenemos son nefastas”, subraya Arribas. La educación es otro nicho de clientes; es habitual que un profesor venga a hacer suplencias cortas mientras un compañero está en aislamiento. Y ese nicho también queda paralizado en Navidad.

Cascada de cancelaciones

Otoño ha deparado una cascada de reservas canceladas, al ritmo en que las restricciones sanitarias han ido chafando los puentes. “No hay ninguna reserva de verano que siga vigente”. Araslo tiene a nueve personas en plantilla, incluido Arribas y su mujer, que son autónomos. De ellos, cuatro están en un ERTE a media jornada. La recepción está siempre abierta menos en la noche, con las excepciones pertinentes para recibir a trabajadores en la madrugada. “Como están llamando por teléfono, hay que responder correos, atender a la gente que está alojada o gente que pase por allí… No puedes perder ninguna ocasión de alojar a alguien en caso de que llegue”. Por eso hay personal en recepción de nueve de la mañana a diez de la noche. “Me voy a comer y vuelvo. Es que si estoy en casa o en otro sitio pienso que pierdo alguna ocasión”.

Diciembre, un mes vacacional, es ahora una época aciaga, pues el alojamiento depende de las obras o que haya colegio

El perfil turístico sobrevive con algo más de fuerza en el centro de Segovia. Hostería Natura, en la calle Colón, lo hace con una ocupación de en torno al 25%. Tiene las restricciones propias de no contar una recepción abierta: el cliente debe avisar con 20 minutos de antelación para la entrega de llaves. La razón es dar margen para imprevistos a su propietario, Miguel Espinosa, que reside en el hotel. “Me vine aquí para quitarme gastos y poder levantar el negocio”.

Una vez alojado el cliente, Espinosa tiene desviadas las llamadas de las habitaciones a su móvil para atender a sus huéspedes: necesidades como toallas, papel higiénico o recomendaciones para comer. “Poco más. Ellos cogen su llave y al día siguiente me la dejan encima del mostrador. El contacto es mínimo”. Su perfil mayoritario es el del turista de Castilla y León: estancias cortas y mucho fin de semana. Con todo, el sábado, el día más álgido, no supera el 40% de ocupación en las 11 habitaciones de las que dispone. “Sigue viniendo gente, pero de donde está permitido moverse. Igual te viene gente de Ávila que está hasta las narices y quiere pasar una noche en Segovia. Trabajamos poco. Alguna pareja joven de Segovia que quiere pasar sobre todo el sábado por la noche. Algún trabajador… y poco más”.

Por qué seguir abiertos

La patronal sostiene que es más rentable cerrar, pero estos hoteles tienen sus motivos para seguir. “En noviembre cubrimos gastos, con el personal que tenemos. En diciembre no los vamos a cubrir; lo que pasa es que yo me resisto a cerrar. No quiero, psicológicamente me siento mal si cierro. Quizás sea porque llevo mucho años aquí metido y si no estoy parece que no soy útil”, subraya Arribas. Sus hoteles estuvieron abiertos durante el confinamiento primaveral y atendió a transportistas o trabajadores de obra pública. “En algún sitio tenían que alojarse”. También pacientes convalecientes por otras enfermedades que se recuperaron allí: se trataba de operaciones de riesgo que no podían estar en el hospital por la extensión del virus y recibían visitas diarias de las enfermeras para atenderles. “No sigo por hacer caja, sino por sentirme bien y colaborar para solucionar el problema”. Arribas, de 65 años, no se ha jubilado precisamente por echar un cable. “Sin la pandemia, lo habría hecho ya”.

Los viajeros llegan con cuentagotas desde provincias como Valladolid, Salamanca o Ávila, más algún segoviano

Para Hostería Natura, permanecer abiertos es una forma de limitar daños. “Yo soy el dueño, vivo aquí y no me cuesta. Tengo otros amigos con hoteles que echan cuentas y necesitan un recepcionista, personal de limpieza… Claro que a los hoteles grandes no les interesa estar abiertos porque la ocupación es mínima. A mí me da para pagar la luz y algún gasto más, ni de lejos pago el alquiler. No cubro gastos, pero si estoy cerrado pierdo más dinero”. La previsión de Miguel es levantar el vuelo a partir de abril. “Mientras no nos dejen movernos, lo llevamos mal”. El sector que vive del descanso no pega ojo.

Bajada de precios por encima del 50%

Ante el chaparrón económico que sufren los hoteles segovianos, condicionados por las decisiones de las autoridades sanitarias, el único margen que tienen estos locales, sin voz ni voto ante las restricciones a la movilidad, está en los precios. Aralso ha bajado a los 35 euros por noche unos alojamientos que en tiempos normales estaban entre los 50 y los 90 euros; Natura tiene habitaciones a 30 euros, la mitad que hace unos meses. “La bajada de precios y nuestra buena puntuación es lo único que tenemos para que la gente que esté buscando nos pueda elegir”, subraya Miguel Espinosa, de Hostería Natura. La política de las grandes cadenas también ha cambiado. Ante el pago ineludible de gastos fijos, cualquier entrada de fondos, por baja que sea, sirve para limitar daños.