La recepción del Hotel Sirenas de Segovia ante la caída drástica de su ocupación. / KAMARERO
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El mes de octubre ha marcado el desplome del sector hotelero en la provincia. El goteo de cierres ha sido constante en negocios que no podían carburar con una ocupación media desplomada en torno al 10 por cierto. Ayer solo quedaban abiertos en la provincia tres hoteles: los Eurostar y el Parador de Segovia.

Es el recuento que hace el presidente de la Agrupación Industrial de Hosteleros Segovianos, Enrique Cañada, titular de dos hoteles que han echado el cierre estos días tras un diagnóstico demoledor: de 80 habitaciones disponibles, apenas tenía cuatro ocupadas. Así las cosas, hace una valoración personal que cada vez tiene más consenso en la patronal: “Es mejor un confinamiento fuerte pero corto que nos permita salvar las Navidades que estar así seis meses”.

Cañada calcula que los hoteles tienen unos 500 empleados en la provincia que han vuelto a los ERTE.Lo peor es el riesgo de cierres y despidos. Desde ya, porque muchos están al límite”. El personal con el que cuenta un hotel de ciertas dimensiones es ingente. “Si es que en la recepción ya necesitas a cuatro trabajadores”. Algunos hoteles han intentado seguir a flote abriendo los fines de semana, pero no ha surtido efecto.

El goteo de restricciones a la movilidad hace que el negocio sea insostenible. Tras un septiembre aceptable, octubre ha sido una cascada de malas noticias, desde el freno al consumo en la hostelería al toque de queda o el cierre perimetral de la región. Algunos hoteles como el El Parador están intentando fomentar el turismo dentro de Castilla y León pero Cañada es cristalino a la hora de afirmar que la ausencia del turista procedente de Madrid es irremplazable. A eso se suma el de otras zonas como el norte de España o la Comunidad Valenciana.

En estas circunstancias, están funcionando mejor las casas rurales y los hostales porque pueden hacerlo con menos empleo y sus gastos corrientes por estar abiertos están muy lejos de los gastos de un hotel. Siempre que haya consumo, claro. “Según están las cosas, la gente no tiene ganas de moverse”.

Mientras, la hostelería salva como puede estos días de noviembre. Los puentes de Todos los Santos y de La Almudena son fechas especialmente álgidas en el sector, pero con la movilidad suspendida entre regiones las cosas se complican. “Sí que se nota que hay movimiento, pero con el toque de queda hemos perdido las cenas y nos ha dejado muy fastidiados”. Y eso que el buen tiempo acompaña: la Plaza Mayor mostraba ayer cierta vitalidad al mediodía, pero nada para la entidad del puente. Con todo, la conclusión es clara: “No se mueve ni el 30 por ciento respecto al año pasado”.

Agonía en los locales

La hostelería teme el impacto de nuevas restricciones, prometidas por la Junta de Castilla y León si la situación epidemiológica no mejora. El cierre de bares y restaurantes está muy presente; hasta entonces, Cañada subraya que bajar o no la persiana será decisión de cada uno. Así como los horarios: hay locales que cierran a primera hora de la tarde porque ya no les renta estar abiertos entre las 5 y las 8, un periodo de menos consumo, sin el incentivo de las cenas o las consumiciones de última hora. “Hemos intentado los cerramientos de las terrazas, pero no nos dejan hacerlos en el casco histórico… Entre la hostelería hay muchas quejas, aunque cada uno tiene su problema. Por ejemplo, un local de barrio igual lo tiene más fácil porque tiene menos personas y no es tan dependiente”.