María José Tapia García
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En el corazón de la comarca Tierra de Pinares se asienta Pallet Tama, una empresa familiar que comenzó a funcionar en 1987 con tres empleados y una pequeña actividad dedicada a la explotación forestal y a la fabricación manual de pallets. A sus 32 años, ya es una industria consolidada que suministra a clientes que exportan y que ha diversificado su producción aprovechando todo el subproducto para fabricar pellet a través de Naturpellet. Actualmente cuenta con alrededor de 160 empleados y factura 30 millones de euros al año entre las dos empresas. La clave de su éxito se resume en pocas palabras: constancia, sacrificio, esfuerzo y trabajo. Valores que María José Tapia, directora Comercial y de Comunicación de Naturpellet lleva impregnados en su día a día.

Desde pequeña tenía claro que no quería entrar en el negocio familiar, pero su camino le ha llevado a ser parte de él, de su historia y de su crecimiento. Su juventud y experiencia han aportado frescura y dinamismo a la empresa y es una persona que impregna felicidad allá dónde va, implicada con cada proyecto que asume y con grandes retos por delante.

— Tama fue fundada en 1987, mismo año en el que naces. Una vida y un proyecto que crecen a la par. ¿Qué recuerdos tienes de tu niñez en torno a la empresa?
— Recuerdo que para mí la empresa era como un hermano más, porque Tama era la vida de mi padre, estaba dedicado plenamente a ella. Tama empezó siendo una nave pequeña donde se clavaban pallets manuales con tres empleados y ahora casi tenemos 160 entre las dos empresas. Mi padre ha tenido que luchar muchísimo para sacarla adelante. Llegaba a casa con el estrés de todo el día acumulado, y yo no lo entendía. Ahora, viéndolo desde dentro, lo comprendo todo, pero en aquel momento me costaba… Tengo fotos de cuando éramos pequeños sentados entre troncos, yo jugaba a meterme entre las torres de pallets. Es muy tierno recordar esos momentos y sobre todo ver en lo que se ha convertido a la empresa a día de hoy.

— Como bien dices, lo que empezó como una pequeña fábrica es hoy una gran industria. ¿Cómo has visto evolucionar la empresa a lo largo de estos años?
— Mi padre siempre ha separado bastante lo profesional de lo familiar. Yo he visto crecer la empresa más bien físicamente. Cuando iba allí observaba que se iban poniendo naves, pero todo me ha resultado bastante ajeno hasta que decidí trabajar allí. Ni yo he entrado, porque siempre decía que mi padre tenía que seguir siendo mi padre y no perder esa relación paterno- filial, ni él me ha metido hasta que yo entré.

— Al ser una empresa familiar, vas de la mano con ella en su andadura, pero inicialmente, tu trayectoria profesional toma otro camino…
— Yo siempre decía que no quería trabajar en la empresa familiar, era algo que tenía muy claro, pero es verdad que desde muy pequeñita todo el mundo me decía que tenía que ser empresaria. Entonces empecé a estudiar Administración y Dirección de Empresas (ADE), pero cuando comencé la carrera me di cuenta de que no me gustaba. Y en ese momento me encontré muy perdida. Como lo que más me gustaba era el Marketing, seguí por esa rama y dejé la carrera de ADE. Posteriormente cursé Turismo en un Centro de Estudios propio de El Corte Inglés adscrito a una universidad, y desde el primer día estaba ya trabajando en Viajes El Corte Inglés, donde permanecí casi seis años. Retomé mis estudios de ADE y conseguí finalizar la carrera.

— Años más tarde decides incorporarte al proyecto con una implicación total. ¿Qué es lo que te impulsa finalmente a unirte a la empresa familiar?
— Yo vivía de nuevo en Segovia, y lo de ir y venir todos los días se hacía duro. Tenía 27 años, me había casado el año anterior y quería formar una familia. Entonces ya fue cuando me planteé mi futuro. Seguía teniendo muy claro que no quería entrar en la empresa familiar, siempre he tenido a mi padre en un pedestal y tenía miedo de que se perdiera ese vínculo si trabajábamos juntos. De hecho, inicialmente le pedí que me ayudara a encontrar un empleo en Segovia, y fue cuando me propuso entrar en la empresa. Yo era reticente, pero me dijo que lo probara y que luego decidiera. Así lo hice y me enganché. Siempre he sido una persona muy trabajadora y me he tomado todo como un proyecto propio, pero no tiene nada que ver con que el proyecto sea tuyo de verdad.

Tengo que agradecer enormemente a mi padre que siempre me haya dejado hacer mi camino. Recomiendo a todos los hijos de empresarios que trabajen fuera de la empresa durante un tiempo, aunque luego acaben en el proyecto familiar, nunca se sabe, pero es muy positivo ver el mundo desde fuera. Porque luego uno es mucho más útil, se llega con ideas nuevas, con otra perspectiva.

— ¿Cuál ha sido el valor principal que crees que has aportado a Tama?
— Tama ya era una empresa muy grande y consolidada, con casi 30 años de vida, por lo que era más complicado realizar cambios. Pero en Naturpellet he tenido la oportunidad de enfrentar la tradición de Tama con la novedad de alguien que trae ideas frescas, con muchas ganas de trabajar, con la mente más limpia y con conocimientos adquiridos de otras experiencias. Cuando has tenido un punto de vista mucho más global, puedes cambiar cosas que pueden hacer que la empresa crezca.

— ¿Cuál crees que es el pilar fundamental que ha llevado a Tama a ser una empresa consolidada y pionera en su sector?
— La relación que tiene la empresa familiar con sus empleados, el valor humano. Está claro que lo que mueve una empresa son sus empleados. El hecho de haber creado una gran familia entre todos, el que haya contacto directo de la parte directiva con todos los trabajadores, el conocer sus circunstancias… todo eso es el motor de la empresa, porque une mucho y hace que todo el mundo esté dispuesto a darlo todo para que el proyecto evolucione. Además de todo esto, la dedicación constante. Si mi padre y su socio no hubieran trabajado codo con codo, día tras día, Tama no estaría donde está ahora.

— 2015 es una fecha clave en tu vida personal y profesional. Das a luz a primera hija y lanzáis un nuevo e importante proyecto dentro de la empresa: Naturpellet. ¿Cómo vivió estos dos “nacimientos”?
— Yo estaba dando a luz a mi hija cuando mi padre me mandó la foto del primer pallet de sacos de Naturpellet. La idea de arrancar este nuevo proyecto surge porque en Tama se han ido adoptando todas las funciones hasta tener una economía circular que ya se ha cerrado con Naturpellet, pero nos faltaba ese eslabón. Nosotros teníamos la explotación en el monte, el aserradero, que es donde se forman las tablas, los tacos… en definitiva, los distintos elementos que forman el pallet. Eso generaba mucho subproducto que además era muy bueno, porque el serrín que sale de Tama es madera pura de pino, descortezada. Y teníamos ejemplos de otras fábricas en Europa, incluso de algunas en España, que lo que hacían era aprovechar su propio subproducto poniendo una planta de pellet. Aprovechaban el serrín, la astilla y la viruta para hacer pellet. Lo tomamos como referencia y se puso en marcha Naturpellet. Para mí es un proyecto personal, es como un hijo. Me encanta verlo evolucionar día tras día. Es increíble contemplar cómo algo crece porque tú estás luchando por ello, se siente una gran satisfacción personal.

— Naturpellet fue una apuesta arriesgada y sin embargo actualmente cuenta con un importante valor…
— Es verdad que hace unos años el pellet todavía era bastante desconocido. Además, en ese momento, había en el mercado una guerra muy grande de precios. Nosotros nos tuvimos que plantear si entrar en esa guerra o salir con un producto novedoso. Entonces decidimos sacar un producto con una calidad altísima. El precio era elevado pero teníamos un valor diferencial. En el pellet es muy importante la calidad, pero en aquel momento no se sabía. Los primeros años fueron muy difíciles porque la gente buscaba el menor coste, pero a medida que el mercado fue madurando las ventas aumentaron, hasta el punto de que llevamos dos años en los que en el mes de mayo tenemos vendido todo lo de la campaña siguiente. Y de cara al año 2020 queremos afrontar una ampliación del 50% de la producción, porque lo tenemos todo vendido y seguimos teniendo demanda.

— Tama además es una empresa totalmente sostenible…
— Efectivamente, así es. Todos los pinos que se cortan vienen marcados por un ingeniero forestal para que el pinar siga sobreviviendo, porque si no el pinar muere. Pero además nuestras calderas, tanto para secar los pallets como para secar el material de los pellets, se alimentan con la corteza de los pinos, por eso tenemos la economía circular, porque aprovechamos hasta la corteza o las ramas para meterlas en nuestras propias calderas de biomasa. El CO2 que se elimina en la fábrica es madera de pino y está demostrado que el pino absorbe más CO2 durante su vida que el que emite cuando lo quemas, por eso es absolutamente sostenible.

— Tama es una empresa cien por cien rural. ¿Cómo estáis viviendo la despoblación de las zonas rurales? ¿os afecta de manera directa?
— Totalmente. Un problema muy grande que hay actualmente es que los jóvenes huyen de los pueblos, y cuando necesitas contratar a gente para ciertos puestos de trabajo, cuesta mucho encontrar a alguien. Es un problema general que afecta a todas las empresas del medio rural. Por eso, una de las cosas que defendemos desde Tama ante las Administraciones Públicas es que apoyando al sector forestal se podría solucionar gran parte del problema de la España vaciada. Porque las superficies forestales están en los pueblos y los enriquece mucho. No sólo porque se generan puestos de trabajo en la zona, sino porque además, si contratas a un equipo que va a cortar madera a un pueblo, ese equipo está durante meses viviendo en el pueblo, en un hostal del pueblo, repostando en el pueblo… Hay que apostar por este tipo de energías, porque además de generar puestos de trabajo, los impuestos se quedan en España.

— ¿Cuáles son las principales carencias a las que os enfrentáis en vuestro día a día al estar en una zona rural?
— La navegación por internet. En Tama hasta hace unos meses teníamos una velocidad de 3 MB. Eso implicaba que cuando yo tenía que trabajar con archivos pesados, me tenía que traer el trabajo a casa porque desde allí era imposible avanzar. Lo que hemos tenido que hacer tanto nosotros, como otras muchas empresas, es poner una antena especial para poder tener un poco más de velocidad de internet. Es un problema muy grande, pero no sólo a nivel empresarial. Por ejemplo, en un consultorio médico, que hoy en día tiene todos los historiales en internet, el médico tiene problemas para introducir datos porque la conexión a internet no llega bien. Y se tiene que ir a otro pueblo a hacerlo y luego volver al día siguiente con las recetas, informes, etc. El tema de la conexión de internet en los pueblos es vital para que haya más población. Porque si tú estás trabajando en Madrid y te planteas teletrabajar, ahora mismo, desde la gran mayoría de las zonas rurales, no puedes.

— ¿Qué medidas crees que se podrían implantar para frenar esa “España vaciada”?
— Hay muchísimas cosas que se pueden hacer. Por ejemplo, dar bonificaciones fiscales a las empresas que se instalan en pueblos pequeños, a la gente que se vaya vivir a pueblos de menos de 1.000 o 2.000 habitantes. Una empresa que da empleo a 20 trabajadores, se traduce en veinte familias con niños que están en el pueblo, que van al colegio, al bar, a la gasolinera, al supermercado… y eso es lo que realmente revitaliza estas zonas. Por eso hay que dar ayudas a las empresas, darles facilidades para que contraten a gente, crear suelo industrial y simplificar trámites burocráticos.

— Tus inquietudes sobrepasan la labor empresarial y actualmente formas parte de la Junta Directiva de la Asociación Empresa Familiar de Castilla y León y eres vocal de la Cámara de Comercio. Aquí se acaba de constituir la Comisión Especial de Promoción del Talento Femenino, de la que tú eres coordinadora. Háblanos de este proyecto.
— Estamos empezando a andar. El objetivo es apoyar todo tipo de iniciativas y actividades que faciliten reconocer y potenciar el talento femenino. No pretendemos ser una asociación feminista, lo que queremos es trasladar a todos los segovianos el papel que desarrollan todas las mujeres y mandar un mensaje muy claro a nuestros jóvenes estudiantes, decirles que se pueden quedar aquí, y que pueden tener mucho éxito sin salir de Segovia.

Por ello hemos estructurado dos líneas de trabajo. La primera está focalizada en el ámbito profesional. Hemos creado una base de datos de mujeres y les hemos enviado un cuestionario para que nos digan qué creen ellas que falta en sus sectores, en el ámbito femenino, empresarial… y dónde creen que podemos ayudarles. Haremos desayunos informativos, coloquios o charlas con algún caso de éxito que nos pueda contar su experiencia e inspirar. En Segovia tenemos emprendedoras en zonas rurales que han cogido algo propio o característico de su pueblo, lo han desarrollado y ahora lo venden por internet traspasando fronteras. Estas iniciativas hay que enseñárselas al mundo, porque es el ejemplo de que desde nuestros pueblos se pueden hacer grandes cosas. Y la siguiente línea de trabajo que vamos a abordar es la escolar. Queremos ir a hablar con los jóvenes y trasladarles que siendo mujer puedes tener éxito. Nuestros jóvenes tienen capacidad suficiente para desarrollar nuevas ideas o productos innovadores que rompan en el mercado.

Estoy muy ilusionada con este proyecto y quiero agradecer personalmente a Pedro Palomo, presidente de la Cámara de Comercio, que haya depositado su confianza en mí para comenzar esta andadura y, por supuesto, hacer una mención especial a mis compañeras, grandes mujeres que me acompañan en esta aventura, que son Rocío Ruiz, directora del Restaurante José María, Clara Rodríguez de @desenjaularte, Delia Gil de Incova y Marian Pozuelo de la Cámara de Comercio de Segovia.

— ¿Consideras que todavía sigue habiendo muchos estereotipos en torno a la mujer dentro del mundo empresarial?
— Yo soy una mujer en un mundo de hombres y en contadas ocasiones me he sentido discriminada por ello. Y cuando me ha sucedido, les he demostrado que se equivocaban. Pero sí que es verdad que muchas veces todavía hay que demostrarlo y eso es lo que deberíamos cambiar. Si ahora a mi hija de cuatro años le dices que un niño de su clase es distinto a ella, se ríe de ti, porque se les educa desde la igualdad. Por eso hay que luchar porque el día de mañana nuestros jóvenes estén contratados no por ser hombre o mujer, sino por su valía.

— ¿Qué mecanismos crees que son necesarios para impulsar y animar a la mujer a emprender?
— Yo creo que un buen mecanismo es demostrar a las mujeres que pueden conseguir lo que se propongan. Exponer casos de éxito y que vean que otra mujer lo ha hecho, que le ha ido bien y que, por lo tanto, ellas también pueden hacerlo.

— ¿Qué les dirías a esas mujeres que no se deciden a dar ese paso de emprender?
— Que hay que ser valientes, y las mujeres lo somos. Nos tiramos a la piscina para muchísimas cosas, lo que pasa es que estamos acostumbradas a hacerlo en el ámbito personal. Y también tenemos que tener una parcela que sea nuestra, que nos desarrolle como profesionales, que nos haga sentir vivas. Entiendo que hay muchas mujeres a las que no les llama la atención lo de emprender. Pero a la que lo tiene en mente, debe hacerlo, y lanzarse. Hay que quererse mucho y creer en una misma.