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El paso de La Dolorosa es un festival floral: piñas andaluzas de clavel blanco y los jarrones llevan grandes bolas con paniculatas, una de las flores secas más usadas en ornamentos. San Millán sale cubierto de rosas; La Piedad utiliza un fondo blanco y su Cristo va cubierto con rosas rojas. Por su parte, San Marcos, lleva clavel y gladiolo rojo.

El confinamiento del 14 de marzo dejó sin destino esas y muchas otras flores de Semana Santa, comuniones, bodas, romerías o velatorios. El sector de floristas de Segovia aguanta a duras penas el impacto de la pandemia y espera que la campaña del día de Todos los Santos, que en algunos negocios supone hasta un tercio de la facturación anual, sirva de bálsamo.

Javier de Andrés, dueño de dos floristerías en Segovia viste a ocho pasos de Semana Santa, además de iglesias o conventos. Cuando se decretó el estado de alarma, las palmas ya partían desde Elche. “Menos mal que pude pararlo, pero estaban ya en transporte”. Su diagnóstico es extrapolable a la decena de floristerías de la capital y al grueso de la provincia. “Todos hemos sufrido el mismo varapalo, ha sido tremendo. Y la campaña va a ser buena para todos”.

Una primera crucial

La Asociación Española de Floristas, la principal patronal del sector con más de 700 socios, calcula una caída de media en el sector superior al 40% en toda España. “Para nuestro sector, la primavera es crucial. En las bodas, las que se están produciendo, la presencia de flor es escasa. No hay eventos ni fiestas locales. Esperábamos que la fecha de los Santos ayude a compensar el ejercicio, pero lo vemos con incertidumbre”, subraya su directora, Olga Zarzuela, que relata repuntes en otros ámbitos como la compra de planta doméstica -la gente pasa más tiempo en casa y se va menos de vacaciones- o el concepto de regalo para mitigar el distanciamiento social.

La patronal señala el sector funerario como el más estable dentro de la caída generalizada. En la misma línea, el florista segoviano admite que la ubicación de una de sus tiendas junto al tanatorio ayuda al negocio, pero subraya el impacto de la pandemia en los velatorios: “Al principio no hubo. Cuando se ha podido, hemos vuelto a la normalidad. La gente, aunque no venga, sí que hace los encargos por teléfono”.

Un año aciago

El discurrir de 2020 es la crónica de un año marchito para el sector que agoniza desde Semana Santa. El calendario avanza con el día de la Madre, un alivio que los negocios más grandes sortearon sin empleados. “Estábamos solos, teníamos a todos los trabajadores en ERTE. Con todo, hicimos unos 180 repartos, que eso era correr y correr”. El sector ha sacado a diferente ritmo a sus asalariados de los expedientes de regulación de empleo: De Andrés tiene a cuatro empleadas en activo más personal eventual para la campaña de estos días.

El calendario avanzaba sin comuniones, un goteo de tres o cuatro iglesias por fin de semana que desapareció del menú. Y las bodas: de las 60 que tenía contratadas De Andrés, solo se celebraron ocho. Tampoco festejos religiosos, otro incentivo en la provincia. De Andrés pone flores a las celebraciones religiosas y fiestas populares de Abades, Valsaín, Palazuelos de Eresma, Tabanera del Monte o Muñopedro. “En los sitios en que ha habido algo, han llevado un ramito, pero no ha habido ofrendas”.

Septiembre dio un respiro con algunas comuniones. Es un simple alivio –sus floristerías atendieron 14 eventos frente a las más de 30 que suelen cubrir un año normal- y sumó alguna boda, reducida en número pero con la misma decoración. “En general, la gente lo mantiene. Si iba a poner esto, lo pongo, vayamos 200 o 20. Pero ha habido caterings con seis mesas. Y en una finca no es lo mismo hacer 8 mesas que 32”.

La pandemia también ha condicionado la exportación desde Sudamérica , Holanda o España. “Hay un poco de subida de precio por los vuelos; lo es lo mismo que haya 16 por semana que seis. El clavel ha venido este año en barco y ha subido también algún tipo de flor por stock o transporte”.

Una campaña incierta

Pese al aciago año, la Asociación Española de Floristas esperaba una campaña por el día de Todos los Santos con unos números parecidos al año pasado. “Llevamos mucho tiempo solicitando a las autoridades un protocolo para estas fechas y los cementerios no son un lugar de riesgo”, subraya su presidenta. Con todo, la incertidumbre es clara por las restricciones a la movilidad, que están provocando una cascada de cancelaciones: “En los pueblos y ciudades pequeñas está funcionando muy bien porque la gente que no se puede desplazar encarga las flores”.

De Andrés va en la misma línea: “Al principio estábamos asustados. Si se iba a poder hacer, si los cementerios abrirían… Por eso hemos empezado más tarde, pero también estamos adelantando las recogidas”. Otros años, los clientes van a por las flores el 31 de octubre y el 1 de noviembre; este año, se ha adelantado desde el 28 hasta hoy. Unos días decisivos para un sector que se marchita.