El roscón de Reyes tradicional se vende estos días en Segovia como churros. /NEREA LLORENTE
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En estas días es muy típico acudir a las pastelerías para comprar uno de los dulces más tradicionales de estas fechas, como es el popular roscón de Reyes. Segovia mantiene la tradición y desde el pasado puente de la Constitución las pastelerías llevan vendiendo roscones de Reyes, que hacen las delicias de toda la familia.

Un año más, los segovianos prefieren los roscones rellenos, sobre todo de nata o crema, aunque cada vez ganan más adeptos los de trufa. Y también se mantienen los más  puristas, a los que les gusta el roscón de toda la vida, sin relleno. La presidenta de la Asociación de Pasteleros de Segovia, Rocío Gil, comentaba ayer que este año “se están vendiendo roscones más que nunca”, superando incluso las previsiones. Mientras que una pastelería de pueblo puede vender hasta 400 roscones al día, una de la capital puede llegar hasta los 1.000.  En este sentido, la presidenta del gremio de los pasteleros destaca la gran diferencia que hay entre un roscón artesanal y los industriales que se venden los supermercados. “El roscón de supermercado no tiene nada que ver, porque el artesano lleva mucho trabajo y esfuerzo y hay que valorarlo”. Rocío Gil apunta que cada vez más los segovianos valoran esa diferencia.

Las pastelerías no dan abasto estos días con la venta del roscón de Reyes, que se alarga en algunas localidades hasta un mes después de la fiesta de los Reyes Magos.

Este tradicional dulce hunde sus raíces en la cultura romana y un bollo relleno, con un haba seca en su interior, que se repartía entre plebeyos y esclavos tras el solsticio de invierno. Sin embargo, el roscón tal y como se conoce hoy procede de la Francia medieval y su particularidad nace de la masa  utilizada que, tras varias etapas de fermentación, adquiere una textura pesada pero esponjosa. Además, en su masa se incluyen ralladuras de naranja o limón y agua de azahar y para la decoración se utiliza azúcar, almendras y frutas escarchadas o confitadas.

Para su elaboración, un obrador artesano invierte unas tres horas de trabajo, aunque lo más importante es que los ingredientes sean de primera calidad. La ausencia de conservantes de los roscones artesanos hace que su consumo esté indicado en dos o tres días.

Con el paso del tiempo este bollo dulce ha sufrido ligeras variaciones, la más significativa la del relleno que puede ser de crema, nata o trufa, aunque ya hay propuestas más atrevidas con sabores como mango o fresa. Sin embargo, los segovianos se decantan por el más tradicional. En cuanto al regalo interior, lo más habitual es que los pasteleros introduzcan pequeñas figuritas y la tradición dice que la persona que lo encuentra debe pagar el roscón.