El objetivo de Segovia

La pasión por la fotografía le viene de familia. Juan Luis Misis publicó el pasado año un libro de imágenes de Segovia durante el confinamiento

Juan Luis Misis es la tercera generación de fotógrafos y, en unos años, su hijo le cogerá el relevo. / NEREA LLORENTE
Juan Luis Misis es la tercera generación de fotógrafos y, en unos años, su hijo le cogerá el relevo. / NEREA LLORENTE

Mientras que el resto de niños pasaban su tiempo entretenidos con juegos que quizá hoy queden un poco lejos, él no salía del laboratorio de su padre, sobre todo de noche: se ponía la radio y “era feliz”. Incluso madrugaba para ver el resultado de las fotografías.

Le gustaba tanto investigar que, con frecuencia, estropeaba materiales, lo que le hacía recibir alguna que otra regañina. Desde bien pequeño, Juan Luis Misis lo ha tenido claro: le apasiona la fotografía. “Si te viera ahora tu padre, con todo lo que rompías…”, suele decirle su madre. “Es el aprendizaje”, le responde.

Segovia es una ciudad de grandes fotógrafos. El ejemplo está en esta casa, con Ángel Kamarero y Nerea Llorente.

“¿Qué mejor oportunidad que una Segovia monumental desierta de gente?”, asegura. El fotógrafo aprovechó la destrucción que dejaba a su paso la pandemia, para levantar los cimientos del que se acabaría convirtiendo en su nuevo proyecto: ‘Segovia vacía’, un libro de fotografías de la ciudad durante el confinamiento que publicó el pasado año.

Salía durante los meses de marzo y abril. A medida que iba andando por la calle, se encogía: estaba solo, tan solo se oía el piar de los pájaros. Pese a ello, se sentía observado. Las ventanas tenían más visitas que nunca. “Era una sensación muy agridulce, porque hacía lo que quería, pero era impresionante lo que ocurría”, reconoce. Se le eriza la piel cuando vuelve a ver las imágenes. Con su cámara capturó lo que entonces parecía una película.

2020 fue un año perdido: se suspendieron todos los eventos, “lo que ha generado unas pérdidas enormes”, lamenta. La pandemia ha hecho estragos en su estudio de fotografía. Este año lo empezaran con incertidumbre.

No obstante, el sector parece reactivarse. Esto es un motivo de “alegría”: le permite continuar con el legado familiar. “Con 18 años, mi mayor ilusión era tener lo que tengo ahora”, afirma. Y lo ha logrado, en parte, gracias a Blanca: “mi mujer, mi socia, mi contraria, todo”, sostiene.

Hace 12 años que le enseña el oficio a su hijo. Al igual que Misis hizo en su día, le cogerá el relevo. Este será la cuarta generación de fotógrafos de la familia. Como explica, “deben tener el don de la anticipación, el gusto y el estar en el momento del disparo”. Esto lo sabe bien quien se crio entre fotografías en blanco y negro.