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El obispo, en un momento de la celebración tras la bendición de los óleos y el santo Crisma. / NEREA LLORENTE

En la mañana del Lunes Santo, la Catedral acogió a la comunidad presbiteral de la diócesis de Segovia para celebrar la Misa Crismal- Este año, las condiciones sanitarias a causa de la pandemia sí han permitido que la Eucaristía haya tenido lugar en su día habitual, respetando las medidas pertinentes de aforo e higiene para evitar la propagación de la Covid-19.

Además, la presencia del Obispo Emérito, Ángel Rubio Castro, ha sumado simbolismo a esta celebración ya de por sí tan especial en la que se ha bendecido el Crisma y los sagrados óleos. Como es habitual, los sacerdotes de la Diócesis han renovado las promesas de su ministerio sacerdotal, con origen en la llamada personal que Cristo les hizo para enviarles a predicar.

En su homilía, el Obispo de Segovia, Mons. César Franco, ha señalado esta celebración como la representación más significativa de la comunión existente entre el obispo y su presbiterio, y entre el presbiterio y el pueblo de Dios. Sabedores de que la Iglesia ha de ser para el mundo el prelado ha recordado que “no deben existir dudas sobre la misión de Jesús, tampoco sobre la nuestra”.

Haciendo alusión a la pandemia en la que el mundo sigue sumido, monseñor Franco ha querido subrayar que, tanto cuando el mal nos aflige como cuando el bien nos inunda, «entre los hombres existe una conexión innegable». Así, ha manifestado que el mayor bien que la Iglesia puede transmitir es el de la unción, a través de la cual “puede sanar, liberar, rescatar al hombre y liberarlo del pecado”.

De este modo, señaló que el pecado más grave de los cristianos es “apagar el Espíritu o despreciar las profecías puesto que esto supone renunciar a ser luz del mundo y sal de la tierra”, y lo enmarcó en una sociedad atenazada en su opinión por la secularización, la crisis de identidad y el relativismo moral”. Por ello, señaló los cristianos y los sacerdotes, por medio de la unción, “renemos la capacidad de juzgar, «no de condenar» y poner de manifiesto que por medio del carisma, iluminamos las situaciones de este mundo desde una perspectiva inusitada, la profética”.

Antes de renovar los compromisos sagrados asumidos en la ordenación sacerdotal, el obispo se dirigió a la comunidad presbiteral para recordar que Dios ha confiado en ellos para guiar al pueblo en un «oficio de amor», y precisó que los óleos de catecúmenos y enfermos y el santo crisma son la respuesta de Dios para pasar “de la ceguera a la luz”.