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El Negredo. La iglesia, lejos; la ermita, cerca

“…Esto se está cayendo (…) Las paredes se resquebrajan por las mismas crujías. Y lo malo es que todas las casas del pueblo se encuentran, más o menos, igual. No queda nadie. La gente se va. Mire usted, yo tengo ahora 52 años y he visto desfilar a la mayor parte de los habitantes del pueblo. Unos a Madrid, otros a Bilbao, los que más a Barcelona. Calculo que ahora deben quedar 30 vecinos. Durante el verano vienen por aquí algunos, como yo, atraídos por la nostalgia. Pero aguantan pocos días”. Quien así habla es un personaje literario llamado Amadeo Torralba, natural de El Negredo, dirigiéndose a Jorge Ferrer-Vidal, autor de Viaje por la Sierra de Ayllón, libro de recomendable lectura.

Desde esa supuesta conversación, datada en el verano de 1968 o en el del 69, ha pasado medio siglo. Los signos de decrepitud visibles entonces en el pueblo no hicieron sino agudizarse en los años 70. Sin embargo, por extraño que pueda parecer, la vida nunca se extinguió en este ‘pueblo negro’ cuyo nombre ya revela el color de sus casas. Habiendo mantenido a duras penas sus constantes vitales, El Negredo inició hace un par de décadas un leve despertar. La llegada de nuevos pobladores (en su mayoría, de fin de semana) insufló aire fresco a las casi desiertas calles de este lugar, asentado en una suave ladera orientada al este.

Aunque, de inicio, a Modesto Marcos Vallecillos se le podría considerar un foráneo, pues no tiene raíces familiares en el pueblo, su notoria defensa de la arquitectura vernácula es mérito suficiente para haberse ganado el título de negredino. Él sostiene, con ardor, la importancia del patrimonio arquitectónico de los pueblos existentes en torno a Riaza, cuyas casas permanecen hoy tal y como cuando se abandonaron, en los años 60 o 70. “Muchas de esas casas son centenarias, y se construyeron siguiendo los principios de la arquitectura vernácula, siendo la mano de obra de la propia comunidad y con materiales de la zona”, insiste el hoy presidente de la Federación de Pueblos de Riaza, quien se felicita de que el ya desaparecido Félix Benito lograra catalogar las casas de interés de la comarca.

De todos los ‘pueblos rojos y negros’, El Negredo es el que tiene mayor número de casas catalogadas –más de una docena-. En la parte meridional del pueblo se sitúan los edificios más notables, destacando una colección de tenadas. Por el contrario, la zona norte de El Negredo, cercana a la carretera, está bastante transformada.

Nuestra Señora de Vallehermoso.
Nuestra Señora de Vallehermoso.

La leyenda de la iglesia
Cuenta una vieja leyenda, transmitida de generación en generación, que un pastor que apacentaba sus cabras a no mucha distancia de El Negredo se encontró una imagen de la Virgen María. Quiso el cabrero, una vez recuperado del susto inicial, llevar la talla al pueblo, para que fuera contemplada por todos, pero le resultó imposible, pues la imagen estaba adherida al suelo. Los vecinos acudieron al paraje, sin que ninguno de ellos lograra asir la escultura. Aquel extraordinario suceso se divulgó por toda la comarca, llegando a oídos de un marqués entonces preso en el castillo de Sigüenza, quien interpretó el hecho como un signo divino para que en el lugar de la aparición se levantara una iglesia. El cautivo costeó la obra, siendo milagrosamente liberado a la finalización de los trabajos. La iglesia sigue hoy acogiendo la imagen de Nuestra Señora de Vallehermoso, que así la bautizaron los negredinos.

Galería porticada de la iglesia de Nuestra Señora de Vallehermoso.
Galería porticada de la iglesia de Nuestra Señora de Vallehermoso.

Nuestra Señora de Vallehermoso
Recostada sobre la margen derecha del arroyo de Valdivieja, ya cerca de donde entrega sus aguas al río Cobos, se encuentra la agraciada ermita de Nuestra Señora de Vallehermoso. A primera vista parece un templo renacentista, a tenor de la galería porticada que recibe al visitante. Pero luego, entrando en ese atrio se descubre una portada románica compuesta por dos arquivoltas, demostrativa de la antigüedad del edificio primigenio. La decoración plana y geometrizante de los capiteles denota, a juicio del historiador Juan Manuel Santamaría, la influencia del monasterio cisterciense de Santa María de Huerta. El edificio cuenta, pues, con varias fases constructivas. Lo revela, con claridad, una inscripción situada en el primer cuerpo de la espadaña: “En el año 1684 siendo cura el licenciado Francisco Alcalde se hizo esta obra”. Como curiosidad, conviene decir que en los contrafuertes de la espadaña aparecen, embutidas, estelas de tipo medieval.

Ermita de la Virgen del Rosario.
Ermita de la Virgen del Rosario.

Una ermita con funciones de iglesia
En el centro de El Negredo se sitúa la ermita de la Virgen del Rosario, un modesto edificio de planta rectangular y cubierta de madera a cuatro aguas reedificado en 1699 sobre otro precedente. Ya en el interior de la ermita puede apreciarse, a sus pies, un humilde coro de madera, y en el presbiterio un retablo barroco presidido por una imagen de San Benito. A la izquierda de ese retablo aparece una hornacina barroca, que alberga la imagen de Nuestra Señora del Rosario.
En los últimos años esta ermita ejerce la función de iglesia parroquial, pues es en ella donde se celebran las misas, a excepción de la que se oficia con motivo de la fiesta de Nuestra Señora de Vallehermoso.

Calles de El Negredo.
Calles de El Negredo.

La fiesta de agosto
El último fin de semana de agosto se celebra la función que reúne a más público de cuantas tienen lugar en El Negredo. Se honra a la Virgen María y para ello el vecindario sube andando el sábado por la tarde hasta la iglesia de Nuestra Señora de Vallehermoso, bajando a continuación en procesión a la imagen, que pasa la noche en la ermita situada en el centro del pueblo. A la mañana siguiente hay animada diana. Los mozos, con acompañamiento musical, van despertando casa por casa, recibiendo en cada una de ellas pastas y licores. Los vecinos de las casas ya visitadas se van agregando a la diana, cada vez más numerosa, que concluye en la plaza del pueblo. Desde allí se va a por Nuestra Señora de Vallehermoso. Y, en procesión, es trasladada a su habitual morada, donde se oficia misa.
Poco más de un mes después, el primer fin de semana de octubre, los negredinos se divierten en otra fiesta, la dedicada a Nuestra Señora del Rosario.
A la derecha de esta imagen del interior de la ermita, Nuestra Señora de Vallehermoso.

Umbralejo como modelo
Cuando Modesto Marcos habla sobre el deterioro de la arquitectura tradicional de El Negredo en el último medio siglo siempre acaba sacando a relucir el caso de Umbralejo, otro pequeño pueblo de la Sierra de Ayllón, situado en la provincia de Guadalajara, que tras haber quedado abandonado en los años 60 fue adquirido por el ICONA, incluyéndose más tarde, en los 80, en el denominado Plan de Recuperación y Utilización Educativa de Pueblos Abandonados (PRUEPA), impulsado por varios ministerios. Tras un largo proceso de rehabilitación de su rica arquitectura negra, Umbralejo es hoy un centro educativo al que acuden grupos de jóvenes, en su mayoría procedentes del mundo urbano, que en su estancia aprenden, a través de diversas actividades, a valorar el patrimonio cultural y natural.

Calles de El Negredo.
Calles de El Negredo.

Bonhomía negredina
“Muy buena gente”. Es el recuerdo que queda a Sara Merino de su estancia en El Negredo, donde ejerció de maestra hace medio siglo, en los años 60. “No estuve demasiado tiempo allí, pero no puedo olvidar ese pueblo; me querían mucho”, relata esta docente, natural de Hontalbilla, quien sí apreciaba una clara diferencia entre el modo de vida habitual en El Negredo y su entorno con respecto a otros pueblos segovianos alejados de la Sierra de Ayllón. “A mí me llamaba la atención que allí la gente vivía muy metida en sus casas, pues yo venía de un pueblo más abierto, en el que los vecinos llevaban más vida social”, asegura Merino, quien en su etapa en El Negredo vio emigrar a un buen número de vecinos, sobre todo a Madrid. “Dejaron la agricultura y la ganadería porque tenían otras aspiraciones; para ellos la ciudad ofrecía un gran atractivo”, agrega. La población descendió bruscamente. Y la escuela pública acabó cerrando.

Ubicación del proyecto de la mina de bauxita nunca se llegó a realizar.
Ubicación del proyecto de la mina de bauxita nunca se llegó a realizar.

El sueño esfumado
A finales de los años 60, todo apuntaba a que en El Negredo iba a comenzar de forma inminente la explotación de bauxita, una roca con alto contenido en aluminio. Las perforaciones previas llevadas a cabo en la mina Pilar habían proporcionado resultados esperanzadores, así que el Grupo Echevarría –el más potente de España en producción de aluminio- apostó por la operación, adquiriendo para El Negredo la maquinaria más innovadora del mercado. Sin embargo, de la noche a la mañana todo se vino abajo. ¿El motivo? Roberto Pérez sostiene que la política influyó en la decisión. “Finalmente se optó por importar bauxita de Canadá, que luego era transformada en la planta de San Ciprián, en Lugo”. El Negredo cayó en el olvido. Pero su tesoro sigue estando ahí, bajo tierra.


* Extraido del libro:
Del Color de la Tierra (2019)
Un recorrido por los pueblos rojos, negros y amarillos de la Sierra de Ayllón segoviana.

Coeditado: Librería Cervantes y Enrique del Barrio

https://libreria-cervantes.com/libro/del-color-de-la-tierra_27206

Del color de la tierra, un recorrido por los pueblos rojos, negros y amarillos de la Sierra de Ayllón

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