Cuando era apenas una niña, se adentró en el mundo de la danza contemporánea. También se formó en las artes plásticas. Después, dio el salto a la arquitectura. Y al diseño. Este le interesa en su conjunto. Porque plantea nuevas miradas sobre aspectos “muy interesantes” de la vida. Y habla de la belleza. Todo ello, desde “una dimensión espiritual”. Pero si hay algo que de verdad apasiona a Andrea Saltzman (Buenos Aires, 1958) es fomentar la recuperación del misterio de la vida como trama. Cree que la mirada fragmentada ha llevado al ser humano a separarse de la naturaleza. Y a considerarse fuera de ella. A partir de esta concepción, se ha desarrollado un sistema productivo “voraz que quiebra la armonía” con los ciclos de la vida. El deterioro del entorno, el cambio climático, la contaminación, el individualismo, la competitividad y la falta de colaboración son consecuencias de esa mirada sesgada. A su juicio, el diseño concebido en la trama involucra a las personas como seres inmersos en la naturaleza. Es precisamente su deseo de provocar un cambio de conciencia el eje sobre el que gira el libro que acaba de publicar, ‘Piel entre piel. En la espiral de la vida’.

Conoció a la académica de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce Marifé Santiago, a la que califica de “ser de luz”, gracias al director de su tesis, el catedrático de Arquitectura Manuel Blanco –la hizo en la Universidad Politécnica de Madrid. La escritora dirige la colección ‘Palabras Hilanderas’. Fue ella quien le pidió a Saltzman que desarrollara el libro que vio la luz hace unas semanas. Y que hoy presentará a las 19:00 horas en la Casa de la Lectura de Segovia.

La argentina cursó arquitectura en la Universidad de Buenos Aires, donde se licenció en 1983. Tiene, además, estudios de Diseño textil. Desde 1989, ejerce como docente tanto de Diseño Interactivo como de Diseño de Indumentaria y Textil en la Universidad de Buenos Aires. “Yo no tenía ninguna formación específica en indumentaria”, cuenta. Pero lo cierto es que su acercamiento a esta área no le resultó complejo, gracias a sus conocimientos de arquitectura, a su entendimiento de las formas y a su formación en artes plásticas y danza.

Para Saltzman, la producción industrial siempre ha pensado el diseño como un producto. Cree que queda fuera el impacto de estos procesos en los recursos naturales. Por ello insiste en la necesidad de volver a la trama. Solo así se podrá ver este asunto desde el sistema de la vida. “El ser humano tiene que cambiar su conciencia para poder vivir mejor”, asegura.

Es autora de otros dos libros: ‘El cuerpo diseñado’ y ‘La metáfora de la piel’. No entiende la vestimenta como un producto en sí mismo. Sino como un espacio de interacción con el cuerpo. “En tanto que el cuerpo social es un cuerpo vestido”, explica. De hecho, a su juicio, la indumentaria es la construcción del cuerpo.

“Nunca es un producto, es una cosa a la cual nos vamos acercando”, subraya. Lo entiende, incluso, como una “piel viva”. Va más allá. Considera que lo que se diseña es el espacio “entre piel y piel”: la piel del contexto y del cuerpo. De ahí el título de su nuevo libro. Y su forma de entender el diseño desde una visión ecologista, no industrial. Eso trata de transmitirlo a los jóvenes a los que da clase. Le “encanta” trabajar e interactuar con ellos. Sobre todo, por su capacidad de imaginar cosas “impensables”. Le generan “misterio”. Y Saltzman quiere seguir descubriendo el misterio de la vida.