El maestro de la solidaridad

Tras más de 35 años, Paco Gozalo se retiró de la enseñanza y retomó su verdadera vocación: la arqueología. Esto lo compagina con su vinculación a causas sociales y con la Asociación de Amigos del Pueblo Saharaui, de la que fue socio fundador

Paco Gozalo con una camiseta de apoyo a un Sáhara Libre. / EL ADELANTADO
Paco Gozalo con una camiseta de apoyo a un Sáhara Libre. / EL ADELANTADO

Durante casi tres décadas, fue sindicalista activo. Siempre se ha volcado en la lucha por los derechos. Junto con su trabajo como profesor, este ha sido su foco de actuación en los años laborales. Paco Gozalo no “solo” ha sido maestro. Desde pequeño, está acostumbrado a recorrer el mundo. Lo hace en compañía: viaja con una solidaridad que le lleva a querer involucrarse constantemente en causas sociales. Estuvo un mes en Palestina y otro en los campamentos del Sáhara. Y seguirá yendo allá donde su ayuda sea necesaria.

Se considera un activista vocacional. Y “profesional”. Hace años que se enfoca en dos temas que le preocupan: los derechos humanos en el mundo y el ecologismo. De ahí que sea miembro activo de Amnistía Internacional y de Greenpeace. Esto no es todo. Su bondad no tiene fin. Es socio fundador de la Asociación Amigos del Pueblo Saharaui de Segovia. Esto siempre le ha preocupado. En parte porque, cuando era apenas un niño, vivió en Marruecos un par de años.

Estudió Prehistoria y Arqueología en la Universidad Autónoma de Madrid. Al acabar la carrera, tuvo dificultades para encontrar un empleo: “es una profesión bastante complicada”, asegura. No iba a permitir que esto lastrase su futuro. No se lo pensó: emigró a Polonia. Allí trabajó durante dos años como profesor de Lengua e Historia de España en la Universidad de Katowice, “la capital de la Silesia polaca”, relata. Desde ahí vivió la caída del Muro de Berlín. Su pasión por la historia es tal, que alude a ella de forma continua.

Su paso por el extranjero fue breve. Regresó a España y, esta vez sí, en 1983 aprobó las oposiciones y se hizo con una plaza como profesor de secundaria de Historia. Lo ha sido durante 35 años. Pero su caso puede resultar “curioso”: escogió el mundo rural. Y en él se quedó. Tuvo oportunidades de trabajar en la ciudad. “Tenía muchos puntos para hacerlo”, afirma. No quiso.

“Soy una persona muy rural”, sostiene. Gozalo ha pasado por El Espinar, Santa María de Nieva, Cantalejo y La Granja, donde se jubiló. En este mundo alcanza una felicidad que se ha hecho plena tras su retirada hace cuatro años. Fue entonces cuando retomó la que es de verdad su vocación: la arqueología. “Lo de la vocación es un poco relativo”, afirma. La falta de trabajo le llevó a cambiar el rumbo de su vida y no se arrepiente. Echa de menos el contacto con la gente y el tener buena relación con los alumnos. Pese a ello, “no se ha deprimido”, bromea.

En la actualidad forma parte del proyecto ‘Eresma arqueológico’. ¿Qué le ha llevado a ello? El objetivo de esta iniciativa: “vivificar y dar voz a la España vaciada a través de la recuperación de su patrimonio”, explica. Esto concuerda con sus ideales. Le preocupa la despoblación del mundo rural y “lo poco que hacen las instituciones”.

Hace años que vive en Migueláñez, aunque lo hace “en un estado bastante precario”. En su pueblo no hay tiendas. El panadero viene 15 minutos al día. Para poder comprar, tiene que desplazarse a los pueblos de alrededor. Esto no le disgusta. Pero cree que ha llegado el momento de que las administraciones “cumplan su palabra”. Y eviten que España siga vaciándose.

Ahora se dedica “a otras cosas”. Aprovecha que puede vivir de manera “más relajada” para ir al campo, coger setas y hacer mermeladas o licores. Está feliz. Cuando era maestro, trataba de enfocar a los jóvenes sobre su futuro. Su vida ha tenido muchos cambios. Hay algo que no ha variado: su deseo de luchar por un mundo mejor. Su ímpetu no es el mismo que hace años. Se ha ido haciendo “mayor”. En cambio, su conciencia social sigue siendo bastante profunda.