homenaje antonio palenzuela flores placa
Un momento del homenaje a Antonio Palenzuela, ayer junto a las Hermanitas de los Pobres. / E.A.

Siguiendo la costumbre de los últimos años, el colectivo de Amigos de don Antonio Palenzuela recordó ayer al que fue obispo de Segovia entre los años 1970 y 1995. Gran pensador sobre los temas sociales contemporáneos, todavía es recordado con cariño por muchos segovianos por su carácter asequible y por ser uno de los renovadores de la Iglesia española con la aplicación de las directrices emanadas del Concilio Vaticano II.

El acto, consistente en la colocación de una corona de siemprevivas junto a la placa que lo recuerda en el muro de las Hermanitas de los Pobres en la capital segoviana, fue más íntimo que en ocasiones anteriores debido a la prudencia que impone la actual pandemia. Este año no se organizaron actos religiosos ni culturales, como sí se ha hecho en los anteriores.

Don Mariano Sanz González, actual vicario judicial de la Diócesis de Segovia, fue el encargado de leer un texto en su memoria, en el que destacó la especial preocupación de don Antonio por los jóvenes, a los que procuraba mostrarse siempre cercano.

Palenzuela dedicó su existencia ministerial a los jóvenes en varias instituciones académicas: profesor del seminario de Madrid, del Hispano-Americano y en la Universidad Pontificia de Salamanca. Siendo formador de futuros profesores e investigadores en Roma, le llegó la propuesta para ser obispo de Segovia. Su ministerio episcopal se sitúa ‘in medias res’ de la aplicación doctrinal y pastoral del Concilio Vaticano II. En ese empeño, al que convocó en repetidas ocasiones a toda la Diócesis y a todos los sacerdotes, confió tareas y propuestas pastorales nada fáciles y sí radicales a los presbíteros más jóvenes.

La catequesis en su más amplio sentido fue otro de los quehaceres episcopales de Palenzuela. Los catecismos ‘Padre Nuestro’, ‘Jesús es el Señor’ y ‘Esta es nuestra fe’ son el fruto de largos años de dedicación obstinada, de profunda oración y de largos encuentros de redacción. Su objetivo radicaba en cómo transmitir la fe. Esta importante tarea consumió una parte considerable de su existencia.

La pastoral juvenil constituyó uno de los puntos cardinales de su servicio episcopal. Cuando esta se iniciaba, decidió dedicar muchas mañanas de los sábados a reunirse con el pequeño grupo que animaba el nacimiento de grupos juveniles en las parroquias de la ciudad y de algunos pueblos de la Diócesis.

Palenzuela era consciente del incierto futuro de los jóvenes; por ello, entendía que “necesitan que se les diga la verdad y no se les anule. Necesitan, sobre todo, el acompañamiento leal, desinteresado, paciente de los adultos”. Denunciaba que la sociedad y la familia facilitaban un tipo de formación en la que “se les hace todo fácil, se les atiborra de saberes y se renuncia a formar su personalidad”.