El jardín, sin estatuas, de
Don Ezequiel González

Cuadros dibujados con viburno y rosales en el centro. JMS
Cuadros dibujados con viburno y rosales en el centro. JMS

Si alguien se asoma a los balcones que la ciudad tiene en torno a la calle de San Juan, verá las copas de dos árboles que compiten con las torres de las iglesias de San Justo y San Salvador. ¿De dónde salen? Fueron plantados por Ezequiel González de la Bodega, un rico hacendado segoviano del siglo XIX, que vivió en un palacete con jardín situado en ese espacio extramuros de la ciudad de Segovia conocido como El Cerrillo.

El palacete tiene entrada por la calle Ochoa Ondategui y, en la parte trasera, abierta a la calle Santa, contaba con una gran superficie que Ezequiel González ajardinó, al menos en parte, sin que sepamos pormenores, ni cuándo lo encargó, ni de quién fue la traza ni qué plantas se pusieron. Tampoco aparece en el plano de Segovia dibujado por Joaquín Odriozola el año 1901, que nos podría dar una pista sobre su aspecto formal, aunque esto se explica por el hecho de que el arquitecto municipal sólo representó en su dibujo los jardines públicos dejando fuera los privados.

Pero el jardín existía, pues como puede leerse en el número del día 27 de septiembre de 1901 del Diario de Avisos de Segovia, Ezequiel González acudió a la Exposición Provincial que se organizó aquel año, con “hermosos arbustos, muy raros en este clima frío, y frutas, muchas de ellas propias de países tropicales. Entre aquellos debemos contar un magnífico naranjo. Todos pertenecen al cuidado jardín del Sr. González”.

Pasillo cubierto por arcos de hierro y enredaderas y el castaño de Indias al fondo. JMS
Pasillo cubierto por arcos de hierro y enredaderas y el castaño de Indias al fondo. JMS

La Exposición Provincial de 1901, para cuya organización don Ezequiel hizo un generoso donativo y de cuya Junta General fue presidente honorario junto al conde de Cheste, al senador José Oñate y al gobernador civil, se organizó para crear estímulos que impulsaran la economía provincial en aspectos agrarios, industriales y artísticos. Él mismo participó como expositor en la muestra, en la que presentó una selección de plantas que, formada al parecer por especies bastante exóticas, llamó la atención de los visitantes y mereció el reconocimiento del jurado, que la premió con Medalla de Plata.
Poco tiempo después, el año 1903, el periodista local Miguel de Zárraga le hizo una entrevista que publicó en El Adelantado de Segovia. El personaje, ya de muchos años, le recibió afable:
-Pase, pase usted; estoy solo, como siempre, ¡con mis flores!
Al periodista le gustó lo que veía, “un jardín que por lo hermoso parece una miniatura viva de Versalles, donde el sol indiscreto acariciaba las plantas con su fuego cálido de otoño”.
Dejando a un lado esta loa que considero un tanto exagerada, sí me pregunto cómo sería realmente el jardín del que, como ya he dicho, mirando desde lejos, podemos apreciar las cumbreras de un cedro y un pinsapo que forman parte de la panorámica del mencionado Cerrillo.
El jardín fue uno de los caprichos de nuestro hombre, como podemos deducir por esta recomendación que, en su testamento, hacía a su sobrino y heredero, Napoleón Maltrana: “que conserve la casa que habito en Segovia, calle Ochoa Ondategui 21, sosteniéndola en buen estado y lo mismo el jardín, pues sabe lo mucho que lo estimo”.
Napoleón Maltrana lo cuidó y otro tanto hicieron sus sucesivos propietarios por lo que, salvo la construcción de una piscina, es posible que hoy podamos seguir las sendas que siguiera D. Ezequiel llevando la mano por los setos que hoy son de durillo -Viburnum tinus- y ayer de evónimo, especie que se ha retirado por ser muy sensible a las plagas; ver parecidos arbustos -rosales, camelias, lilas y viburnos “opulus”- animando los cuadros; y semejantes trepadoras -viña virgen, glicina, hiedra y poligono- tapizando los muros o enramando pérgola y galerías.

Alegoría de Africa. Figura coronada con cabeza de elefante y acompañada de león. Foto: Carlos del Barrio.
Alegoría de Africa. Figura coronada con cabeza de elefante y acompañada de león. Foto: Carlos del Barrio.
Alegoría de América. Figura coronada con casco de plumas y con aljaba y caimán. Foto: Carlos del Barrio.
Alegoría de América. Figura coronada con casco de plumas y con aljaba y caimán. Foto: Carlos del Barrio.

Podremos también alegrar con las numerosas flores de temporada, sorprendernos ante el porte y el grosor de un cedro del Himalaya -Cedrus deodara- y un pinsapo -Abies pinsapo- de 4 y 3 metros de cuerda respectivamente, admirar un corpulento castaño de Indias de globosa copa, y alegrar nuestros oídos con el murmullo del agua que cae de una fuente sencilla pero elegante.
Lo que en este bonito y familiar jardín no veremos, como seguramente tampoco las vio su propietario, son cuatro estatuas, alegorías de los cuatros continentes, que él adquirió y que formaron parte de su colección de obras de arte.
Un artista italiano, Césare Ripa, publicó en el siglo XVI unos dibujos, alegorías de Europa, Asia, África y América, que sirvieron de inspiración a escultores posteriores. El francés Thierry esculpió la alegoría de América para los jardines de La Granja. Y un chileno afincado en París, Virginio Arias, consiguió que esas esculturas, hechas en serie, se pusieran de moda y que se extendieran por medio mundo a finales del siglo XIX. He podido conocer que hay réplicas en los jardines de Angol y Copiapó, de Chile; estaban en un parque de San Salvador de Bahía, aunque hoy, dada su calidad y por temor a que puedan sufrir daños, se han trasladado al museo de la ciudad; las compró para su jardín el marqués de Valdecilla, en Cantabria; están en el jardín de Monfort y en el parque de Parcent, ambos en Valencia; y las cuatro estuvieron, aunque hoy sólo quedan tres, en la que por ellas se llamó plaza de los Cuatro Continentes, en el jardín de la Tamarita, de Barcelona.
Las cuatro alegorías se repitieron en diferentes tamaños, idea del escultor para que pudieran adecuarse a las dimensiones de los jardines, y de las cuatro mercó réplicas don Ezequiel González, en tamaño mediano. ¿Con qué fin? Para colocarlas en su jardín, indudablemente. ¿Por qué no las colocó? Su propiedad tenía una superficie muy grande, pero donó una buena parte a una fundación que hizo uso de ella para levantar el centro docente que se llamó Escuela Elemental del Trabajo, luego Escuela de Maestría Industrial y que hoy es Instituto de Formación Profesional. Quizá juzgó que las dimensiones de su jardín, al quedar reducida tras dicha donación, no eran las más adecuadas para colocar cuatro estatuas con sus respectivos pedestales y en su testamento dejó ordenado que, con el resto de su colección de obras de arte, formada por pinturas, esculturas y objetos diversos, pasaran al entonces Instituto General y Técnico (hoy Instituto de Bachillerato Mariano Quintanilla) de la Ciudad, donde se encuentran en la actualidad.
Es evidente que las estatuas realizadas para estar en un jardín, en un jardín es donde mejor estrían, pero…
Veo las que hay en otros jardines, veo las que aquí no están y pienso en lo bien que quedarían envueltas en el delicado color otoñal de la viña virgen tricuspidata.


(*) Académico de San Quirce
porunasegoviamasverde.wordpress.com