Julia es hija de una de las figuras más importantes de Segovia en el último siglo, Manuel González Herrero. / KAMARERO
Julia es hija de una de las figuras más importantes de Segovia en el último siglo, Manuel González Herrero. / KAMARERO

Han pasado ya 15 años de su marcha. Aquel San Valentín (el 14 de febrero de 2006), Segovia amaneció triste por la noticia del fallecimiento del ilustre jurista e historiador Manuel González Herrero. Ahora, Julia recuerda emocionada a su padre, quien no solo amó, sino que enseñó a amar a su pequeña patria: Segovia. A su estudio dedicó su vida.

Es un orgullo ser su hija”, afirma con entusiasmo Julia. Y no es para menos. Cuando le preguntan por los recuerdos que tiene de su padre, entre suspiros, asegura que guarda en su memoria “todos los del mundo”. Cada día, está presente en su vida. No solo porque sigue viviendo en la que era su casa, situada en el corazón del barrio de Santa Eulalia, y porque trabaja en su despacho (ella también es abogada), sino porque comparte con él su gran pasión: la historia. Pero, no cualquier historia: la segoviana.

González Herrero solo entendía la vida desde su ciudad. Aunque este era mucho de refranes, hay uno que Julia recuerda con especial cariño. “En Segovia, donde no solamente estoy, sino donde soy”. Y es que en ningún sitio se sentía tan “él”, como en Segovia.

Desde esta “ciudad de verdades profundas y poca floritura”, como la define su hija, se dedicó a reivindicar y recuperar la figura de Enrique IV, denostada por la historiografía oficial. A lo largo de su carrera, el segoviano tenía el deseo de hacer justicia. Y así lo hizo con este rey. “Si una persona se veía atacada, se preguntaba qué pasaba”, explica la abogada. Esto le llevó a investigar y, con ello, descubrió que fue “un gran rey que amó profundamente a Segovia, a la que le dio grandes riquezas”. Quizá este era el principal motivo por el que se molestó en estudiar en profundidad su trayectoria.

Una placa conmemorativa homenajea a su padre en la fechada de su casa. Le gusta mucho verlo. Esto simboliza muy bien la labor que realizó en su ciudad y lo que su trabajo ha supuesto en ella. No tiene ninguna duda de cuál es el principal legado que ha dejado: “quitar todas las paladas de arena que se habían echado sobre las raíces de Segovia”. De esta forma, recuperó su esencia y la raíz de esta ciudad. Ahora repite con entusiasmo la que sostiene que era su frase ritual: “estamos aquí para servir, para echar una mano con lo que podamos”. Y esta fue la mayor dignidad de este segoviano.