El 18 de septiembre, Zubiaga hará seis micro pases en el museo de Francisco Peralta. / SONIA ZUBIAGA
El 18 de septiembre, Zubiaga hará seis micro pases en el museo de Francisco Peralta. / SONIA ZUBIAGA

Es una persona muy curiosa. Es de las que se pregunta el por qué de todo. A esto hay que unirle la creatividad, un rasgo definitorio de su personalidad desde que tiene uso de razón. Durante su infancia, veía cómo su madre creaba “cosas”. A Sonia Zubiaga le gustaba ayudarle. En su etapa en el instituto, un profesor le ofreció una entrada para ir a ver a Francisco Peralta: “El maestro titiritero de Segovia”, asegura. Se quedó impactada con la belleza de sus títeres. Siempre ha sido muy fantasiosa. Quizá por esto rápido sintió que había conectado con este mundo. Se “enamoró” de él.

Hace tiempo, los titiriteros eran casi todos hombres, no había mujeres y menos entre los de guantes (como ella)”, afirma. Tuvo el valor de adentrarse en una profesión que, hasta hace bien poco, era masculina. Las mujeres estaban en la trastienda. Cuando empezó con 17 años, echó en falta referentes femeninos.

Su “don de gentes” le permitió reunir a todas sus amigas. Les contó con tanto entusiasmo del mundo de los títeres que no tardaron en interesarse por él. Formó su primer grupo en 1986. Desde entonces, no se ha separado de este universo de magia.

En ese momento tuvo “la suerte” de que estaba empezando Titirimundi. El festival ha sido “su máxima nutrición”. Nunca ha participado en él, tan solo una vez de manera oficial. “No apuestan por los titiriteros locales”, lamenta, pese a ser la única titiritera “como tal de Segovia, que no hace otra cosa”, añade Zubiaga. Participar en una de sus ediciones supondría un trampolín. Y no es para menos; es el más importante de España.

En 1996, creó en Segovia el Taller de Teatro de TíteresLa pícara locuela’. Y lo hizo de una manera que nunca había imaginado: sola. Se ha hecho titiritera solista “sin quererlo”. “Te miraban raro al pensar que tú querías ser titiritera solista”, critica.

Pero no siempre había tenido claro que quería dedicarse a esto. De hecho, empezó a estudiar una ingeniería forestal. Zubiaga siente devoción por la naturaleza. Quiso vincular su mundo artístico con esta carrera. Proponía talleres de creatividad. Trató de amoldar esa vida a la suya.

Su entorno pensaba que era un hobby; no veían “peligrar” su futuro. La verdad es que la segoviana estaba “demasiado entusiasmada”. Le preguntaban qué quería ser en realidad: ingeniera o titiritera. “La vida me irá determinando”, respondía. Y lo hizo. Presentó un proyecto de final de carrera que no fue aceptado. Esto le dio el empujón que necesitaba. Confirmó que este no era su camino: “Aquí no pinto nada”, pensé. Estaba segura de que eso no era para ella. Su carrera artística iba tan bien que, en segundo, dejó la Universidad.

Al principio, en sus actuaciones trataba de explicar su mundo más cercano: la autoridad patriarcal. “No lo entendía porque siempre me he sentido muy libre”, añade. Ahora no se centra en explicar “el por qué de la vida”; piensa en lo que el mundo necesita que le cuente. Está al servicio de los demás. Como artista, tiene “una mirada especial hacia la vida”. Y alimenta el alma de las personas.

En la actualidad, recorre la provincia con sus espectáculos. El 18 de septiembre, hará seis micro pases en el museo de Francisco Peralta. Para ello hará uso de la última marioneta del artista. Tardó nueve meses en crearla. Es la única que no ha estrenado. Zubiaga ha dado rienda suelta a su creatividad. De lo contrario, esto le “explosionaría dentro”, sostiene. El arte te lleva a sacar lo que tienes en tu interior. Ella lo hace a través del realismo mágico.