Tan solo se escucha el agua del río romper en su caudal. Algún turista, cámara en mano, se para al cruzar el puente de madera. Su cara es de sorpresa cuando se asoman a través de la barandilla. Una hilera de personas pegadas a la orilla, cual pescadores se trataran, esperan sentadas mientras miran en contra del puente.

La mayoría de esos turistas volverán a sus casas sin saber que todos ellos son los mejores pintores de cada universidad española convocados por la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce y que constituirán el futuro del arte español. Árboles, plantas e incluso el propio río predomina en el lienzo de estos autores que descansan pincel en mano bajo la majestuosidad del Alcázar alumbrándolos en lo alto.

Los que se encuentran en el río ya han descartado desde un principio los muros del conjunto histórico. Solo algunos de los que deciden reposar en la Pradera de San Marcos deciden dar el papel protagonista de sus creaciones al Alcázar, volviendo a ser la naturaleza la que predomina.

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Sara Piñeiro seca sus pinceles después de pintar en la orilla del río./ JAIME GUERRERO

Desde hace más de cien años los mejores alumnos de las facultades de artes de España han participado en esta beca que se desarrollaba en la Residencia de Paisajistas de El Paular. A partir de 1954 la ciudad de Segovia se convirtió en la anfitriona, constituyendo así un registro histórico y artístico del territorio de un valor incalculable.

El año pasado, como en la mayor parte de los ámbitos, la pandemia quebró los pinceles de los pintores pensionados. Solo antes en dos ocasiones se canceló esta visita, en 1978 y 1984. El motivo fue muy diferente al actual, el Palacio de Quintanar, sede oficial del curso, se encontraba en obras.

La Alhóndiga recogió las obras de los que visitaron Segovia en 2019 en una exposición. Fueron las tonalidades rojizas y sobre todo las grises las que predominaban en la sala. Justo ese mismo año un incendio desoló la naturaleza de la Sierra de Guadarrama. Las manos de los autores plasmaron lo que sus ojos habían visto, fuego y cenizas.

Si este año nada hace cambiar su visión, el color predominante será el verde de las praderas de la ciudad, los intramuros de las calles con sus marrones, o los fuertes amarillos de la campiña segoviana.

La visión que plasmen de Segovia no solo depende de la luz o de los colores que quiera reflejar el paisaje. Cada uno de estos artistas tiene un pasado y una visión diferente del ambiente que les rodea.

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Diego, uno de los pintores que retrata el Alcázar./ JAIME GUERRERO

Unai Cardonel es de Barcelona, cuando era pequeño viajó con su madre al Guggenheim de Bilbao. De su mano llegó hasta colocarse delante de un cuadro de ‘Cy’ Twombly. Unai se puso a llorar ante la imagen. Cualquier madre ante el griterío de un niño le habría regañado, le habría intentado callar. Su madre no lo hizo. Le invito a expresar sus sentimientos ante la obra que suscitaba su interior. Ahora es él el que quiere conseguir emocionar al mundo con sus obras.

“Desde ese día mi objetivo en el arte es remover a un niño que esté dispuesto a dejarse sentir al lado de su madre en un museo de cualquier sitio del mundo”, explica Cardonel después de recoger las pinturas que ha dejado sobre un coche en el aparcamiento de la Pradera de San Marcos.

Helena Blankenstein es su compañera de mediterráneo. Es de Valencia y consiguió la beca en su viaje hasta Carrícola. Un pueblo en transición hacia la ecología. Su tutor, José Albelda, está realizando un I+D en arte y naturaleza. Allí empezó a pintar al aire libre donde se sintió muy a gusto. Ahora quiere reflejar en sus cuadros las particularidades de la naturaleza que tanto ama sin trastocar la realidad. Pero algo que tiene muy claro: “Estoy buscando pintar de una forma libre”.

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Las pinturas de Helena Blankenstein en su caballete./ JAIME GUERRERO

La relación entre los compañeros, explica Elena, es buena: “Es verdad que todavía no nos ha dado tiempo a hacer grupo, pero nos llevamos muy bien”. Juntos conviven en el hotel San Facundo.

Todos ellos comparten una vida en común, el amor por el arte. No solo es la pintura lo que desarrollan en su carrera profesional. La música, la fotografía y otras técnicas envuelven en un aura compartida a estos prodigios. Aun así, surgen discusiones en su forma de plasmar el trazo.

Irene Morales es de Gran Canaria, pero estudió en la Universidad de La Laguna. Se presentó hace dos años pero se quedó de suplente. Cuando acabó la carrera decidió meterse en el mundo del mural del que ha salido victoriosa. Ella y sus compañeras recrearon en las islas el mural por la lucha feminista destruido en Madrid. Este año su suerte cambió. La gente de la universidad pensó en ella para la beca. “Me llamaron y me dijeron: ¿qué, te vas para Segovia? Aquí estoy, no me lo pensé. En esta ciudad estoy en mi elemento, esto es brutal”, responde Irene ilusionada.

Irene Morales prefiere el óleo, pero ahora pinta en acrílico porque se seca más rápido, es la técnica de batalla. El óleo se ajusta más a la realidad y eso le pone menos nerviosa en su obsesión con los colores. Pero “el color no tiene por qué ajustarse a la realidad, puedes dar el que tú sientas. Antes si me frustraba, ahora ya no. He expuesto en Mercarte y vendí láminas y un cuadro a un comprador de Madrid”.

“Yo veo muchos colores y muchas manchas, el ojo lo vas entrenando. Me guío por sensaciones. El paisaje me tiene que transmitir y si es así, lo tengo que pintar. No busco un sentimiento en concreto. Sobre todo que me cree paz. Es verdad que hay cuadros que cuando lo estás pintando te crean ansiedad pero cuando lo terminas dices ‘buah’”.

Pedro Pablo Reyes es de Alcantarilla en Murcia. Él no duda en la técnica: “Yo siempre pinto en acrílico. Seca rápido y eso me obliga a ir sin parar. El olor del óleo es muy malo y te obliga a trabajar con compuestos tóxicos. Además yo no tengo estudio, pinto en mi casa y el acrílico me da más facilidades”, explica mientras mira su creación.

Aunque no estén todos de acuerdo en cuál es la mejor forma de pintar, comparten una característica entre sí. Un denominador común que les ha hecho llegar hasta donde ahora están. Un profesor que les inculco el amor por el arte y que les animó a seguir adelante para conseguir lo que quieren ser. Además, en muchas ocasiones han sido sus tutores los que les han mostrado la beca que les convertirá todavía en mejores pintores, mientras retratan Segovia.

Las declaraciones

“La pintura es un medio para estar contigo mismo, muy parecido a la meditación”

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Sara Marín – Cádiz

Sara estudia en Málaga. “Para mí la pintura es un medio para estar contigo mismo, muy parecido a la meditación, aunque a veces es para divertirse, incluso bailar, en resumen un medio de expresión”, explica sentada justo debajo del puente de la Pradera de San Marcos. Ella intenta improvisar siempre, así muestra su verdad y no algo ya pensado que pueda falsear la realidad. Sara lo tiene muy claro: “Quiero dedicar mi vida al arte”.

“Soy amante del paisaje urbano…, yo siempre intento reflejar lo que veo”

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Pedro Pablo Reyes – Murcia

A Pedro le encanta el paisaje urbano aunque la mezcla con el natural, como pasa en Segovia, le parece interesante. “Yo siempre intento reflejar lo que veo, abuso del amarillo Nápoles y el azul de cobalto. Mi referente es Joaquín Sorolla”, responde Pedro Pablo. La influencia de su abuelo le ha hecho amar el mundo del pincel. No le gusta hacer un boceto previo de lo que va a pintar, prefiere empezar directamente a realizar la obra.

“Segovia tiene un paisaje muy versátil…, me encanta los colores de esta ciudad”

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Bárbara Gao – Madrid

“Segovia tiene un paisaje muy versátil. Tienes mucha roca, el verde de las praderas y luego el amarillo del campo árido. Me encantan también los colores de la ciudad”. Bárbara da clases de pintura en una academia. Está sentada en la orilla del río, pero no le está pintando. En su lienzo grandes troncos cruzan verticalmente la lámina. Se ha fijado en los árboles del lugar y los está pintando. Se acerca a ella una compañera. “Se me ha cambiado la luz del sol, ya no es igual, yo quiera esa luz”, explica.

“El legado que quiero dejar es trabajar desde la humildad”

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Sara Piñeiro – Galicia

“Es un paisaje del río. Me he bajado aquí, como soy gallega no llevo bien estar al sol al medio día. Estoy trabajando en soportes livianos y ligeros aunque ahora vuelvo a tratar el color. Utilizo el óleo pero el lápiz y el carboncillo es lo mejor para mí”, confiesa Sara que ha estudiado en el País Vasco. Es la única uniformada con una bata de trabajo, pinta un pequeño lienzo del tamaño de una hoja. Aunque ahora pinta paisaje, ella prefiere el retrato. “El legado que quiero dejar es trabajar desde la humildad”.