El fuerte calor anima a acudir al Pontón Alto pese a no estar los baños autorizados

Tanto segovianos como visitantes hallan refresco a orillas de un embalse en el que las aguas presentan unos niveles bajos por la sequía

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En un día de calor tan intenso como el de ayer, el cuerpo sólo pide dos cosas: refresco y descanso. Las provincias costeras lo tienen sencillo. Se van a la playa y solucionado. Pero en Segovia la historia es diferente. Ha llegado agosto y, aquí no hay playa. Sin embargo, a algunos eso no les quita el entusiasmo, puesto que, aún así, siguen disponiendo de algunas opciones. Entre ellas destaca el embalse del Pontón Alto.

El lugar, al que se puede acceder fácilmente desde la carretera entre Segovia y el Real Sitio, no se cuenta con un alto nivel de agua. Debido a la sequía, la orilla ha retrocedido algunos metros, dejando al descubierto un pequeño espacio de arena y rocas en el que los bañistas extienden sus toallas. El panorama que contemplan mientras se refrescan es majestuoso. Con la sierra de Guadarrama de fondo, el Palacio de Santa Cecilia se erige al otro lado de la orilla, escondido entre los árboles. Desde su promontorio, el edificio domina todo el embalse y, en días claros como el de ayer, su imagen se refleja en la superficie del agua, en una postal que merece la pena pararse a apreciar.

Existen otras actividades a través de las que se puede disfrutar del pantano y sus alrededores. En el aparcamiento en el que la mayoría de los bañistas dejan el coche están también aparcadas furgonetas que la gente emplea para transportar sus piraguas hasta el embalse. En verano, no hay casi corriente y, por tanto, no cuesta demasiado montarse en una de ellas y disfrutar de un relajado paseo por el centro del pantano.

Además, al otro lado de la presa del Pontón Alto discurren varios caminos campestres. No son pocos los que aprovechan el fresco de las primeras horas para pasear a orillas del Eresma o para tomar el Sendero de los Reales Sitios, que pasa por allí. Este camino une La Granja con el antiguo palacio de Valsaín y describe un círculo que también pasa por las Pesquerías Reales.

Pese a todo, la época invita sobre todo a disfrutar de un chapuzón en las aguas del embalse más que a realizar cualquier tipo de esfuerzo en las rutas del entorno. En los días de diario, no son demasiados los que se acercan. Sin embargo, según confiesan los que se encontraban allí, durante el fin de semana los bañistas se multiplican. Beatriz, que tiene una casa en la Granja, ve claro que en este puente de agosto, “esto se llenará”. Residente en Madrid, el pantano es de las cosas que más le gustan de los veranos en el Real Sitio. “Venimos por la mañana siempre que podemos, ya que el sitio es muy bonito” declara al tiempo que quita importancia al hecho de que el nivel de agua se halle tan bajo. “Sacaron algo para el incendio de hace unas semanas y a veces pasan camiones cisterna que se llevan agua de aquí”.

La tranquilidad supone otro de los atractivos que ofrece el lugar. Así, a Pep Demestre, que viene todos los años desde Tarragona, le gusta el ambiente sosegado que transmite el embalse en días en los que no hay demasiada afluencia. “No entiendo cómo no se presenta más gente, pero, para nosotros, mejor que permanezca así”, bromea mientras el resto de su familia disfruta de un refrescante baño. “Mi suegra es del Real Sitio y cuando venimos, solemos pasar aquí las mañanas”, explica.

Muchos de los bañistas, en aras de esa tranquilidad, buscan sitios más recogidos, un poco apartados de la pequeña playa que se forma al lado de la presa. Aprovechando la sombra de un roble situado a escasos metros de la orilla, una familia de la Granja ratifica que las mañanas en el embalse se traducen en tranquilidad. Juan, el padre, defiende además que el agua no pone en peligro alguno a los bañistas. “Es un pantano muy quieto, en el que no hay casi corrientes”. Para él, los accidentes ocurren debido a factores ajenos a la hipotética peligrosidad de las aguas.

Un baño con riesgo

Desde la entrada en funcionamiento del pantano, a comienzos de los años 90, no tuvo que pasar demasiado tiempo para que ocurrieran las primeras desgracias. En total, cinco personas han muerto ahogadas. Varios expertos advierten que el baño en un pantano no supervisado como el del Pontón amenaza la seguridad de los bañistas. Por su parte, la Junta llevó a cabo una campaña de información durante el comienzo del verano, en la que agentes medioambientales repartieron folletos en los que se ilustraban los peligros del baño y el protocolo de acción en caso de accidente.

Muchos de los bañistas, sin embargo, no ven riesgo alguno en mojarse en el embalse. Tanto jóvenes como mayores entran en el agua sin pararse a pensar en una posible amenaza, nadando tranquilamente o incluso adentrándose más. De hecho, Pep señala que, de vez en cuando, viene incluso gente con neoprenos y “van nadando desde aquí hasta el otro lado”. Admite no haber visto el cartel que prohíbe el baño, pero, en todos los años que lleva viniendo a Segovia, nunca ha sentido ningún peligro en el embalse.

Juan, por su parte, cree que las malas prácticas y la irresponsabilidad están detrás de los accidentes que se han producido. “Lo que no puede ser es que la gente beba en la playa y después entre a bañarse”, explica. Ni él ni el resto de bañistas ven necesario que se traiga a un socorrista para evitar otra desgracia, dado que, si se disfruta con prudencia del embalse, no existe “ningún peligro” sentencian.

El cartel para algunos les parece más una estrategia. “Lo ponen para quitarse responsabilidades”, opinan, “así, si alguien se ahoga, pueden decir que avisaron de que las corrientes eran peligrosas”.