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La Granja no necesita nuevos atractivos para justificar una visita, ni para ser un idílico pedacito del planeta en el que asentarse. Pero además de paisaje, urbanismo, “sitios reales”, arte y naturaleza, La Granja es vida. El folk de la Reserva, segunda edición de un festival de música y algunas cosas más, que va a llevarse a cabo en La Granja de San Ildefonso los próximos días 16 y 17 de agosto, se suma a su nutrida vida cultural, pretendiendo aportar nuevas perspectivas y una programación planteada con intensidad, variedad y gusto por lo auténtico. El programa está listado en el lateral y lo comento debajo; ahora dedico unos párrafos a la filosofía que lo sustenta.

La libertad y la cultura definen a esta especie extraordinaria que somos los humanos; hemos aprendido a autodeterminarnos y a crear realidades nuevas exprimiendo las posibilidades de lo real. Durante milenios, cada grupo humano ha ido construyendo sus respuestas para afrontar los retos de la vida en común y del anhelo de felicidad: el modo de procurarse el sustento y el abrigo; las instituciones y creencias para solventar los choques del vivir juntos y el pensar solos; la poesía, las historias, la música, la danza… las artes para crecer y disfrutar. Cada pueblo genera sus manifestaciones culturales; todas responden a las mismas inquietudes y necesidades, pero su variedad es inmensa.

Por otro lado, sin embargo, vivimos una tendencia unificadora: determinadas creaciones se amplifican a través de los altavoces de medios y redes, y esa elección implica pérdidas. No son sólo saberes, modos y manifestaciones concretos, sino lo que podemos denominar “soberanía cultural”; es decir, la capacidad de los individuos para optar por sus propios modelos, desde el conocimiento y la asunción consciente y respetuosa de la herencia, de la génesis de las respuestas culturales a las inquietudes “universales”.

La pretensión es propiciar un encuentro en torno a un modo genuino de entender la creación cultural; mostrar expresiones creadas desde el conocimiento, el respeto y el cariño por los modos heredados de los antepasados y transmitidos en eso que llamamos tradición. Este planteamiento se alinea con los valores de la “Reserva de la Biosfera”, esa figura instaurada por la UNESCO y concedida a este territorio del Real Sitio de San Ildefonso y El Espinar por mantener la singularidad del medio, garantizando su sostenibilidad, sin renunciar a vivir en el siglo XXI. En esa recuperación de la soberanía cultural caben las manifestaciones tal como han sido transmitidas, la contaminación de tradiciones de distinta procedencia y la configuración de expresiones originales y contemporáneas.

Por eso folk, lo depurado por los pueblos; por eso de la reserva, guiño a nuestra Reserva de la Biosfera; y por eso el programa elaborado, con pinceladas desde los cuatro puntos cardinales, sin olvidar los colores de la propia tierra.

Desde el sur nos traen su ritmo, su sabor, y su energía los senegaleses Kulumba. Con ellos y con la comunidad senegalesa en Segovia compartiremos una tarde integradora el sábado 17. El flautista Xose Liz, con su grupo de violín, guitarra, percusiones y, excepcionalmente en La Granja, la voz de Xisco, nos acercará las músicas del norte, desde su Galicia natal hasta Escocia o Finlandia; melodías tradicionales y composiciones propias, con arreglos y lenguaje vanguardistas. Mirando a levante, el dúo toledano Milo ke Mandarini, investiga y difunde cantares sefardíes y melodías populares de los países mediterráneos; María Salas les acompañará aportando el colorido de su danza. Del otro lado del Atlántico, disfrutaremos las “american roots”, en especial los mejores momentos del Blues del Delta del Mississippi de la mano de unos virtuosos cercanos: 32-20 Blues Band. Y no va a faltar la música enraizada en la tradición más cercana. Los Mellizos de Lastras, eslabones de una cadena de transmisión oral en repertorio, técnica y adornos de interpretación de dulzaina y tamboril, dirigirán un taller y guiarán un pasacalles la mañana del sábado para conducirnos al concierto-baile-vermú de Blanca y Chuchi; dúo que, con la colaboración de Patricia Melero dirigiendo el baile, nos mostrarán la belleza de la música tradicional castellana en diálogo con las nuevas corrientes folk contemporáneas a través del fiddle y la guitarra acústica. Y quedan para el final quienes actúan primero, Los Hermanos Cubero, que se han convertido en un verdadero fenómeno, poco común en el mundo del folk; representan como nadie el conocimiento de la tradición, la creatividad y el reflejo de las músicas por las que han decidido dejarse influir, en este caso muy especialmente el bluegrass clásico.

Pero el festival no es solo música. Se han programado paseos tanto por el entorno natural como por el espacio urbano; talleres y actividades infantiles; un espacio de convivencia en la Plaza de la Cebada, con mercado de productos ecológicos y de cercanía, lugar donde poder “tomar algo” y disfrutar de una sesión de música improvisada en directo al final del día; y una charla-mesa redonda, sin duda apasionante, con tres jóvenes sabios que aúnan razón pura y razón práctica en la reflexión sobre música y tradición: Víctor Sanz, Carlos Porro y Juanfran Ballestero. Con ellos y con todo el que quiera participar se inaugurarán estas dos jornadas.
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(*) Codirectora del festival.