Varios grupos de vecinos disfrutan de una terraza en la Plaza Mayor de Segovia. / Nerea Llorente
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Ha pasado ya casi un mes desde que el Ministerio de Sanidad permitió el paso de toda la provincia de Segovia, incluida la capital, a la fase 1 de la desescalada. Un estatus que se vendió caro para desesperación de una sociedad necesitada siempre de buenas noticias, más aún inmersa en una dramática crisis sanitaria. La fase 1 traía consigo entonces la posibilidad de celebrar pequeñas reuniones con amigos y familiares en la provincia y, para igual regocijo ciudadano, volver a disfrutar de los bares de la ciudad desde una de sus terrazas.

Apenas un 27% de ellas desplegaron sus mesas en la primera semana; las notables restricciones de aforo y la obligatoria distancia de seguridad entre mesas hacían complicado rentabilizar la vuelta a la actividad de muchos establecimientos hosteleros. La situación, en cualquier caso –así lo decía la lógica, la presumible y progresiva relajación de las restricciones en la desescalada y la verbalizada y comprometida voluntad política de los responsables municipales–, debía ir mejorando poco a poco, a medida que el Ayuntamiento pudiese ir facilitando la ampliación de buena parte de las terrazas de la ciudad.

No en vano, días antes incluso del efectivo paso de Segovia a la fase 1, la alcaldesa de la ciudad, Clara Luquero, había asegurado tener “la mejor predisposición para ofrecer esa ampliación”, siempre que el espacio lo permitiese; y el concejal de Obras y Servicios, Miguel Merino, había iniciado una primera ronda de reuniones con los representantes de la patronal hostelera para analizar sus propuestas.

Sin embargo, casi un mes después, apenas una treintena de terrazas han conseguido el visto bueno del Consistorio para ampliar –la gran mayoría de forma muy reducida– su espacio en la vía pública y todavía no ha concluido la revisión de las 183 terrazas de la ciudad. Hostelería y Ayuntamiento no han sido capaces de hallar una solución para la ampliación no solo de la superficie disponible para mesas y clientes, sino también de las posibilidades de recuperación del sector motor económico de la capital.

“Tenemos conocimiento de lo que ha pasado en otras capitales y hay amplio abanico de luz y color; en muchos sitios han encontrado soluciones, ampliando las terrazas en otros tramos o en calles convertidas en peatonales, pero aquí no ha sido posible. Los técnicos municipales no han sabido cómo facilitar esas modificaciones con las espaldas cubiertas ante posibles reclamaciones”, explica Jesús Castellanos, vicepresidente de la Agrupación Industrial de Hosteleros Segovianos (AIHS).

Con el estado de alarma a punto de finalizar –dejará de estar en vigor en la madrugada del sábado al domingo– y la evidencia de que en el actual marco normativo no cabe acuerdo posible para impulsar unas ampliaciones que bien han necesitado en estas semanas los bares y restaurantes de la ciudad, ambas partes se han emplazado a retomar la cuestión cuando se conozcan los detalles y las restricciones –si las hubiera– que traerá consigo la nueva normalidad. Será la Junta de Castilla y León quien decida estos criterios desde este fin de semana.

“Estamos muy pendientes de cómo queda el tema de los aforos, tanto de los restaurantes como de los bares o del ocio nocturno, que está muy asustado, porque si solo puede abrir con un 30% de aforo va a ser muy complicado que tenga viabilidad”, asegura Castellanos.