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La hermana Mónica del Espíritu Santo sostiene uno de los ponches segovianos artesanos del bazar. / KAMARERO

Emprender como forma de vida. Ya sea del modo más espiritual o terrenal. Esa es una aspiración que puede nacer en la calle, en un centro educativo o, del mismo modo, en un convento. Un propósito que para muchos será difícil de alcanzar, pero que las Carmelitas Samaritanas del Corazón de Jesús de Segovia han conseguido impregnar en cada una de sus acciones.

Por ello, no ha sido una sorpresa que hayan decidido dar un paso más en la vida e historia de la congregación religiosa, que llegó a Segovia hace tan solo dos años y medio. En concreto, a finales de enero pusieron en marcha una tienda céntrica, justo al lado de la Catedral, para vender los productos que, de forma artesana, realizan en su día a día. Así nació ‘El Bazar del Convento’.

Ya se podían comprar muchos de sus artículos en el Santuario de Nuestra Señora la Virgen de la Fuencisla, en cuya casa rectoral se instala la congregación. Sin embargo, “allí hay que ir exclusivamente, en invierno recibimos a muy poca gente”, determinó la hermana Esperanza del Redentor, una de las religiosas más jóvenes de la congregación.

“Aquí hay mucho más turismo y personas que visitan la Plaza Mayor”, aseveró, aunque considera que todavía son muchos segovianos los que “no nos conocen”. No obstante, esperarán que transcurran aún muchos más días soleados -pues cuando llueve “se nota que viene mucha menos gente”– para que la ciudad y provincia se hagan eco de su iniciativa.

Precisamente, ayer era una de esas mañanas primaverales de buen tiempo y, en tan solo unos minutos, fueron decenas las personas que se acercaron a los cristales del ‘Bazar del Convento’ en un intento de descubrir lo que había dentro. “Muchos no dudan un segundo en entrar, ven la ilustración de la monjita que tenemos en todos los lados y eso les atrae, pues saben que lo que vendemos es natural y casero”, consideró la joven carmelita, quien se turna con las demás hermanas en el bazar.

De hecho, justo antes de realizar estas declaraciones había atendido a una mujer californiana. “Ha venido directa a por unas pastas, no sabía español pero en esto no hace falta el idioma”, bromeó. Siempre con una sonrisa en el rostro. Aunque el objetivo es vender, pues es lo que permite dar sustento a las cuatro casas de la congregación repartidas entre Guipúzcoa, Valladolid, Toledo y Segovia, lo que no es una cuestión sencilla; “también damos testimonio”, declaró Esperanza.

Con ello se refirió a la doble función que tiene su labor. “La gente está muy necesitada de que les hablen y escuchen, muchas personas vienen para ello. No solo se llevan unas galletas, por ejemplo, sino algo más”, afirmó. Algo que no se puede beber, comer o tocar. Y eso que el catálogo de productos que ofrecen es muy amplio, pues van desde la repostería de todo tipo -incluso ponche segoviano casero-, mermeladas y patés a la cosmética natural, libros y bisutería.

Pero también objetos más relacionados con la Iglesia, como juegos de altar, detalles de comunión y bautismo, velas, incienso, vino de misa e, incluso, formas para consagrar, las cuales son de venta exclusiva para los sacerdotes. “Para los demás tenemos lo que se conocen como recortes, obleas o pan de ángel”, puntualizó.

Un aspecto que diferencia a la casa segoviana de las Carmelitas es que, por un lado, venden recuerdos de la patrona de la ciudad, la Virgen de la Fuencisla; pero también su expresa dedicación a los bordados, ya sean litúrgicos o no; y a la producción de jabones. “Ha sido difícil, hemos tenido que aprender, pues la mayoría somos muy jóvenes y hemos entrado sin saber”, manifestó la joven religiosa. Sin embargo, “cada una aporta lo que mejor conoce y entre todas hacemos un gran trabajo”.

Así, las religiosas de esta congregación, que por poco supera la treintena a escala nacional, han concentrado sus esfuerzos para emprender proyectos innovadoras y atrevidos que les permitan plantear métodos alternativos de financiación. Algo que, en cierta medida, tiene que ver con la juventud que comparten sus integrantes. En la comunidad segoviana de las Carmelitas Samaritanas, la media de edad ronda tan solo los 30 años.

“Queremos hacer ver que la vida religiosa no es algo aburrido, es según lo plantees, depende de ti. Precisamente, nosotras no somos aburridas”, determinó Esperanza. “A la gente le gusta mucho cuando cantamos, pues bromeamos mucho y, sobre todo, sonreímos. Hoy en día nadie sonríe, por eso cuando nos ven a nosotras se plantean qué hay detrás de eso”, concluyó.

Ana María Criado (Segovia, 1998). Periodista y humanista por la Universidad Carlos III de Madrid.